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Narda Lepes y Roberto Petersen desembarcan con propuestas gastronómicas en 2 aeropuertos

Ambas opciones se encuentran en el pre embarque de Ezeiza, aunque Pizza Zen, la marca de Petersen también tiene presencia con un local en Aeroparque.

El aeropuerto es el destino indicado para disfrutar del placer de viajar pero hasta hace un tiempo, el placer de comer no contaba con opciones demasiado tentadoras y las que había resultaban prohibitivas. Hace unos años se empezó a ver un cambio que en los últimos meses se nutrió de la mano de chefs reconocidos y con vasta experiencia como Narda Lepes y Roberto Petersen que decidieron desembarcar con propuestas elaboradas con productos de gran calidad.

“La oferta cambió y es espectacular”; señala Narda a Clarín Gourmet mientras presenta su nuevo local. Tanto las de su espacio como las del de Roberto son opciones pensadas para disfrutar en el lugar o para llevarse al avión y esquivar el tan temido “pollo o pasta”. Pizza estilo napolitana de masa madre con fermentación prolongada y empanadas de sabores bien argentinos. También ensaladas, sandwiches y pequeñas raciones pensadas para mitigar la ansiedad que a algunos les genera volar mediante el picoteo.

Valija en mano hoy se puede comer rico. Ambas opciones se encuentran en el pre embarque de Ezeiza, aunque Pizza Zen, la marca de Roberto Petersen también tiene presencia con un local en Aeroparque. Los dos pensaron en todo tipo de viajeros: los que aún de viaje eligen cuidarse, los que empiezan con el disfrute antes de subir al avión, los que no llegaron a comer en casa y los que disfrutan de un buen café de especialidad.

Narda, Diario de Viaje en Ezeiza

Cerca de las primeras puertas de embarque del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, aparece el nuevo local de Narda Lepes. “Yo soy pasajera frecuente y cuando pensamos en poner algo acá pensé primero en mí y en lo que me gusta comer en aeropuertos”, explica la cocinera y aclara que antes le costaba encontrar una propuesta que satisficiera todos sus deseos.

Narda trabaja desde hace unos años como asesora gastronómica de Aeropuertos de Argentina 2000, por lo que ya le habían ofrecido tener su propio espacio pero dudaba en aceptar. “Es un proyecto que tuvimos que pensar bien. Para ingresar una persona a trabajar acá lleva casi 60 días. Son cosas de los aeropuertos, funcionan así”, describe.

Además de las cuestiones del personal hay otros factores que explican un poco por qué comer en un aeropuerto resulta más caro: “Para bajar los costos necesitás tener stock y acá no hay lugar. Medio metro de depósito acá es un montón”, explica. “Yo no lo sabía, pensaba que era todo carísimo pero ahora entiendo por qué”.

Pero como gastronómica experimentada, Narda utiliza estrategias para suplir la falta de espacio. Elabora algunos de sus productos en una cocina pre embarque: “Las milanesas las hacemos ahí. Nos llegan empanadas y acá las freímos”, detalla. Con ellas hacen sándwiches de milanesa que forman parte de la gran oferta de opciones para comer entre dos panes. Este se sirve en ciabatta, completo, con lechuga y tomate y vale $ 5.000.

Para los que quieran algo más “tranqui” una piadina (pan plano de origen italiano), con queso, bechamel y espinaca es una buena elección ($ 4.300) o un mbejú (pan litoraleño) con palta y huevo ($ 4.400). Para acompañar los sándwiches ofrecen una porción de papas fritas, bien doradas y crocantes con ketchup casero ($ 3.000). 

También hay sándwiches listos para llevar, que vienen con un packaging pensado para usar en el avión. Hay de crudo y tomate, salame y queso, mozzarella y tomate y jamón y queso.

También para el avión pero pensado para niños Narda diseñó una “viandita para volar” ($ 9.000): “El niño se da cuenta que es para él porque está todo separado; fruta que puede agarrar bien, en este caso mandarinas y arándanos, chips mini, budín de choclo y queso y tomates cherry. Pensado para que el asiento del avión no sea un enchastre al rato”, señala.

“Las ensaladas se hacen todas en esta cocina con vegetales que se aguanten bien el tiempo”. Hay gran variedad de ensaladas, bien completas de esas que se pueden comer sin necesidad de sumarle nada. Un ejemplo es la de cebada, trigo y quinoa con garbanzos y vinagreta de curry ($ 6.500)

Para picotear y calmar los nervios que a muchas personas les produce volar, hay pequeñas porciones de aceitunas y mini ensaladas en pequeños recipientes pensados para saciar el hambre y llevar al avión. Están dispuestos en una heladera especial: “Los puse al lado de la caja, en una heladera especial que mandé a pedir para que los impulsivos (productos que uno compra mientras espera que le cobren) no fueran solo harina y azúcar”, aclara Narda.

Por supuesto que hay café: “Ofrecemos café de especialidad con una máquina regulada. Los chicos se capacitaron para trabajar como baristas, con la diferencia de que acá te tratan bien”, bromea. El personal, además de recibir un entrenamiento para servir el café se lo preparó para emergencias gastronómicas: “Si un vuelo se retrasa o hay tormenta, saben que tiene que salir a freír milanesas”, cierra entre risas la cocinera.

Pizza Zen de Roberto Petersen en Aeroparque y Ezeiza

Pizza Zën es el proyecto gastronómico del cocinero Roberto Petersen y su hijo Mateo que en 2018 decidieron transformar su pasión por la pizza en un emprendimiento. Son productos de góndola pensados para llevar al congelador y stockearse pizzas y empanadas de gran calidad.

El local que abrieron en Ezeiza a principios de este año es el primero que tiene con atención al público y en el que venden sus productos cocidos, listos para comer. “Nos interesaba la propuesta, no es algo a lo que se dedica Pizza Zën pero nos gustan los desafíos”, explica Roberto a Clarín Gourmet.

Roberto coincide con Narda en que en los últimos años la oferta para comer en aeropuertos mejoró: “Es una tendencia mundial. La comida allí siempre fue mala. Por suerte fue cambiando. Narda tiene mucho que ver con su trabajo junto con la gente de los Aeropuertos Argentina 2000”, cuenta el cocinero. “Pensemos que es lo último que ve el extranjero antes de irse a su país por eso está bueno que esté representada la gastronomía argentina”.

Su primer local está ubicado a la altura de la puerta 12 en el preembarque del Aeropuerto Internacional. Con una estética minimalista, líneas depuradas y colores claros. “Nos habían ofrecido tener un local en Aeroparque, y abrimos primero en Ezeiza, le fue muy bien a ese local por eso en agosto abrimos el de Aeroparque”.

En un principio, pensaron la propuesta para comerla en el lugar: “Nos sorprendió que la gente se llevara las empanadas al avión y algunos hasta las pizzas, sobre todo los que viajan por empresas low cost”, cuenta el chef.

Las pizzas de Pizza Zën son realizadas 100% de harina orgánica certificada, con un proceso de levado de 48 horas en una cámara de frío. Luego se estiran a mano y se cocinan en horno de barro lo que da como resultado una miga suave y liviana al estilo italiano tipo napolitano pero con una costra atigrada bien crocante.

La de mozzarella se sirve con salsa de tomates, mozzarella, reggianito, orégano orgánico y aceite de oliva extra virgen, se consigue en ambos locales por $ 5.400. Otra variedad que gusta mucho es la Porto Smoke con hongos portobello y queso ahumado ($ 5.800).

La versión de la clásica fugazzeta por Roberto Petersen incluye mozzarella, queso cuartirolo,cebollas asadas y reggianito ($ 6.500). También sirven la clásica margarita y una versión vegana con hongos.

Las empanadas de carne son de roast beef cortada a cuchillo, con una receta especial de “Los Petersen”. Para la empanada de jamón y queso utilizan jamón cocido natural, mozzarella y provolone. La de humita trae choclo, queso cuartirolo, zapallo cabutia asado y especias. Las de queso y cebolla se hacen con cebollas asadas, mozzarella, provolone, reggianito y orégano. Todos los sabores valen $ 1.200 cada unidad.

Fuente y foto principal: Clarín Gourmet

Foto interior: Hangar X