Una residencia de 1922, obra del mismo creador del Palacio Barolo, reabrió como restaurante en Barrio Parque. Juan Ventureyra, galardonado con una Estrella Michelin y una Estrella Verde Michelin por su trabajo en la bodega Riccitelli Wines de Mendoza, lidera una cocina que pone al producto argentino en el centro.
Conocida popularmente como la Casa Redonda por su inconfundible fachada curva, el edificio, que también ofició de embajada, estuvo durante años prácticamente abandonado. El año pasado, después de un proceso minucioso de restauración, volvió a abrir sus puertas como restaurante, con una propuesta gastronómica que lleva la firma de uno de los chefs más reconocidos del país.

El proyecto de restauración estuvo a cargo de Eme Carranza Studio, con la premisa de respetar la estructura original e introducir un lenguaje contemporáneo sin alterar lo que la historia había depositado en esas paredes. Mármoles, maderas, vitrales y herrerías fueron recuperados. El mobiliario y las luminarias fueron diseñados especialmente para cada espacio. El resultado es una superposición de tiempos que convive con naturalidad.
El interior está organizado según la estructura narrativa de La Divina Comedia —Infierno, Purgatorio y Paraíso—, en una suerte de guiño al universo de Palanti, cuyo Palacio Barolo también fue concebido como una interpretación de la obra de Dante. Cada ambiente tiene una identidad propia. «Ningún ambiente es igual a otro, y cada espacio genera una sensación distinta», señala Ventureyra. «Sin darnos cuenta, ese recorrido va construyendo momentos, predisponiendo al comensal y acompañando de alguna manera la experiencia gastronómica».
Juan Ventureyra llegó a este proyecto con una trayectoria sólida construida en Mendoza. En Riccitelli Bistró obtuvo una Estrella Verde Michelin en 2024 y una Estrella Michelin en 2025, dos de los reconocimientos más exigentes del mundo gastronómico. Buenos Aires representaba un territorio diferente, y eso fue, precisamente, lo que lo convenció.
La cocina que propone en este espacio es argentina con toques italianos —un guiño a la nacionalidad de Palanti—, centrada en la estacionalidad y en el trabajo con productores de cercanía. «El entorno también te impulsa a mantener siempre un estándar de calidad alto, buscando trabajar con productores de cercanía y con lo mejor que ofrece el mercado», describe.

Entre los platos que ya se convirtieron en clásicos del lugar, Ventureyra menciona tres que reflejan su filosofía. Primero, las papas fritas: «Tienen un trabajo muy artesanal detrás: se laminan, se arma una terrina y recién después se fríen, logrando una textura increíblemente crocante». Segundo, la ceja de ojo de bife, trabajada con uno de los mejores productores de carne del país. Y tercero, la focaccia: «Es algo que la gente pide una y otra vez».
La carta de vinos fue desarrollada por Leo Fernández Aquino, con etiquetas históricas, proyectos de pequeña escala y una selección internacional. La coctelería está a cargo de Santiago Elkin, ex Palacio Duhau.
La ubicación en Barrio Parque, zona de embajadas y movimiento diplomático e internacional, colabora con una mixtura de público que los propios responsables describen como natural: artistas, empresarios, turismo corporativo, diplomáticos y personas atraídas por proyectos con identidad cultural. «Uno de los lemas de la casa es que ‘convergen las mentes inquietas'», señalan.
Fuente: Forbes Argentina