Los gustos son indiscutibles y más indiscutibles s se trata de vinos. Porque no solo está la diversidad que ya viene embotellada (calidad, origen, variedad, método, estilo, añada, etc.), sino que además está la que se produce en cada momento en que se descorcha un vino. Porque la compañía, el estado de ánimo, la temperatura del vino, las copas, la comida, etc…, todo influye en la opinión del vino. Y la opinión es personal, y generalmente habla del gusto. Pero hay algo en el que la gran mayoría de los amantes del vino de la Argentina está de acuerdo; en el atractivo del Malbec.
Porque es una variedad muy completa, que ha permitido a las bodegas lucirse con vinos de consumo diario, con fruta y frescura. Pero también desarrollar esos vinos únicos que nacen en lugares especiales y suben la vara; al menos hasta el nivel de los 100 puntos (porque ahí se termina la escala). Difícilmente se encuentre otra variedad o tipo de vino capaz de cubrir tan bien todo el espectro y, sobre todo, que aún ostente potencial. Porque el Malbec todavía está naciendo. Si en la Argentina; el país donde más hectáreas hay plantadas de dicha uva (casi 50.000ha); seguimos aprendiendo de ella, es evidente que puede dar más.
Cómo hace el Malbec para ser como es y tener más pada dar, es la pregunta que muchos consumidores se hacen. Y lejos de significar que esta variedad sea mejor que las otras, acá lo que importa es lo que se ha logrado con ella y lo que se puede lograr. Partiendo de la base por su origen. No se trata de una uva autóctona, la cual siempre requerirá un trabajo previo de difusión y convencimiento sobre su origen y aptitudes. No. Es una uva de Burdeos, nacida en el mismo lugar que “el rey” Cabernet Sauvignon, que el Merlot y el Cabernet Franc, por solo nombrar a las tintas más famosas de esa zona. También de allí provienen la Carmenere y la Tannat. La primera intentó ser “la bandera vínica” de Chile, mientras que la segunda es “la uva” más destacada de Uruguay. En ambos casos, el viñedo que tienen plantado representa el 20% y el 3% respectivamente, comparado con las hectáreas que hay de Malbec en la Argentina. Esto, más allá de reflejar una mayor superficie, habla de una mejor percepción del vino por parte del consumidor. Quizás alguno pueda pensar que hubo algo de suerte para la Argentina en “la repartida” de las vitis viníferas a fines del siglo XIX. Lo cierto es que también hubo una adaptabilidad sorprendente por parte de la variedad a los distintos terruños argentinos. Y; quizás lo más importante; un cambio de visión por parte de las bodegas que permitió tomarla como “uva de bandera” para dar con los nuevos vinos argentinos, nacidos en este milenio.
Y ahí es donde todo encuentra una explicación lógica. El Malbec tiene mucha historia, porque ya en el siglo XII era una de los vinos más admirados en Francia, y gozó de gran popularidad en la Edad Media por su color oscuro y su gran capacidad de guarda. Siendo servido en eventos importantes, como la boda de Leonor de Aquitania y Enrique II en 1152. Pero, el auge del vino de Burdeos, hizo que el vino negro de Cahors cayera en el olvido, siendo utilizado mayoritariamente para dar color a los claretes de Burdeos. Llegó a la Argentina casi en el anonimato, detrás del cartel de “uvas francesas”. Creció, se adaptó y se desarrolló en silencio. Y sola se fue destacando entre sus pares. Llegaron a haber plantadas 60.000 hectáreas de Malbec en la Argentina, pero las recurrentes crisis “obligaron” a muchos viñateros a reemplazarla por variedades más productivas y así satisfacer una demanda creciente que, tomaba vino, pero sin importarle la calidad. Así, el viñedo de Malbec se redujo a casi 10.000 hectáreas. Y hoy, celebramos que hay 50.000.
Este crecimiento se dio, fundamentalmente, porque nadie más tenía Malbec, y el mundo del vino recibió muy bien a la Argentina. Claro, si tenía buena fama, además de haber sido siempre uno de los principales productores de vino del mundo. Así, este vino expresivo, de buen volumen en boca y con taninos amables, de aromas y sabores frutados y especiados, comenzó a conquistar paladares. Porque no solo era original, sino que también resultaba rico para los consumidores globales. Y así se fue ganando un lugar. Claro que tiene mucho más para dar. Pero ya recorrió mucho camino en tan poco tiempo. Porque un cuarto de siglo en vinos nol es demasiado tiempo.
Hoy, el Malbec puede ser protagonista de un vino accesible y muy agradable de beber, como así también del mejor vino argentino, con una expresión definida y que refleja un lugar, y un potencial de guarda envidiable.
Terrazas de los Andes Reserva Malbec 2022
Terrazas de los Andes, Mendoza, Valle de Uco ($$)
Este Malbec de precio amigable ha conquistado a WineSpectator, el referente del vino en los Estados Unidos, ya que lo incluyó (en el puesto nro 8) en el Ranking de los Mejores Vinos de 2024 de relación calidad-precio. Eso confirma que los cambios en la línea están en sintonía con el mercado y es lo que buscan los consumidores globales en la actualidad. Porque es un vino fácil de beber, por frescura y fluidez, pero a la vez expresivo. Entrega varias sensaciones, empezando por sus aromas netamente herbales que remiten a la “alta” montaña, y un paladar ágil, directo y con taninos incipientes. Ideal para la mesa cotidiana. Beber entre 2025 y 2027. 90,5 Puntos Portelli
Chañares Puro Malbec 2024
Lomas del Malbec, Agrelo, Luján de Cuyo ($$)
Este flamante Malbec elaborado con uvas de viñedos orgánicos certificados posee una fuerza en su carácter frutal que sorprende. Una combinación de frescura con notas de frutas de baya y hierbas que sobresalen de la copa. Muy expresivo en nariz y jugoso en boca. De paladar franco, con texturas incipientes. El entorno de esta viña son los Cerrillos que separan Luján de Cuyo del Valle de Uco, y allí las noches son bien frescas. Y es la amplitud térmica, más allá del manejo orgánico de la viña, la clave de la energía de este Malbec. Beber entre 2025 y 2027. 90,5 Puntos Portelli
Homo Felix Gran Malbec 2020
Homo Felix, Gualtallary Monasterio, Valle de Uco ($$$)
Muchos que no conocen este vino se dejan llevar por su atractiva etiqueta, y se sorprenden. Es que Patricio Eppinger (propietario) tiene una vasta experiencia en la industria vitivinícola. Con finca propia en Agrelo y gran conocimiento de otras zonas, elabora vinos a su imagen y semejanza, junto al Ing. agrónomo Marcelo Canatella y al enólogo Bernardo Bossi Bonilla. Entre todos logran este Malbec de aromas delicados y estilo moderno. Sus taninos finos y delicados aportan matices complejos a la típica fruta del varietal; dejos de grafito de frutas negras de baya. De buen volumen, con fluidez y una acidez sostenida. Su trago es jugoso y mordiente, casi tenso, con muy buen potencial. Beber entre 2025 y 2027. 93 Puntos Portelli
El Bayeh Trópico Sur Malbec 2022
El Bayeh, Huacalera, Quebrada de Humahuaca ($$$$$)
La Quebrada de Humahuaca, que une a la Puna con los valles de la provincia de Jujuy, fue declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en el año 2003. Allí se encuentran los viñedos de esta flamante bodega de la familia Manzur, que cuenta con el asesoramiento del reconocido enólogo Matías Michelini. Y juntos han logrado un Malbec de excepción, porque capta muy bien la esencia del lugar. Por esa viña a 2700m pasa el Trópico Sur, de ahí su nombre, pero es el carácter del vino lo que cautiva. Amplio y fresco, amable y profundo, con capas de sensaciones. Sus aromas y sabores son diversos, como los del entorno, salvaje y lleno de flora silvestre. Y la elaboración cuidada es para preservar esa gracia única del lugar, con texturas elegantes y una profundidad compleja. Un auténtico Malbec de lugar, con gran potencial. Beber entre 2025 y 2030. 94,5 Puntos Portelli
l Varone Gran Malbec 2018
Familia Mastrantonio, Los Chacayes, Valle de Uco ($$$$$)
Este Malbec nació a partir de una parcela seleccionada de Malbec orgánico en Casa de Uco. El joven winemaker Sebastián Bisole seleccionó para crear el vino ícono de esta joven bodega, fundada por Diego Mastrantonio en 2015, y que ya va por su décima cosecha. Es un Malbec co-fermentado con Cabernet Franc y Petit Verdot en barricas nuevas de roble francés de 300 y 500 l. Mantiene la juventud y frescura, de aromas delicados que hablan del pedemonte, típicos de Los Chacayes (frutas de baya y hierbas). Con buen músculo, texturas finas y una profundidad propia de un gran vino, y que tiene más vida por delate. Beber entre 2025 y 2030. 94 Puntos Portelli