Todos prefieren pagar menos por una botella de vino o, a lo sumo, pagar lo que corresponda. Porque a nadie le gusta pagar de más. Y esto en el vino es difícil de lograr, más allá de la cantidad de ofertas que hay dando vueltas, que tienen más que ver con una coyuntura económica del país, que con una dinámica comercial definida entre las bodegas y los consumidores. Porque salvo los vinos de línea conocidos, la gran mayoría de las etiquetas no se asocian a un precio específico. Y esto hace que el consumidor al comprar una de ellas, premie a la bodega con una segunda compra o la castigue con el olvido de dicha etiqueta.
Cabe aclarar que la buena relación calidad precio (value for money en inglés), se puede lograr en todos los segmentos de precio. Ya que se trata de una relación, algo relativo a otro. En este caso, una botella con otras. Y, en esta comparación diaria, hay ganadores y perdedores en las góndolas. También hay que tener en cuenta que el país viene saliendo (aunque aún falta) de una inflación galopante que se había normalizado, no solo inflando los precios, sino también haciendo perder la referencia. Y en esa escalada está la principal causa de la caída del consumo de vinos. Porque a la gente no deja de gustarle un vino, simplemente no se lo puede comprar más. Y, con suerte, salta a un vino de precio más bajo. Sin embargo, la mayoría elige una bebida sustituta, más simple y accesible. Pero esa es otra problemática. En un escenario más estable, el consumidor puede volver a tener referencias de precios de vinos en función a su calidad. Pero se sabe que es imposible degustar todos los vinos argentinos para entender cuáles son los más destacados en su relación calidad-precio.
Curiosamente, este diferencial se da mucho en los vinos top que en los de bajo precio. Porque el mayor costo de un vino tiene límites. Las mejores uvas, el personal de finca más calificado para manejar la viña a lo largo del año, los cosechadores más cuidadosos, la tecnología en bodega, el mejor enólogo y asesor, las mejores barricas para crianza, etc. Todos esos costos, si se suman e imputan en el precio de una botella de vino, tienen un límite, el cual en estos días debe rondar los $50.000, para fijar un monto importante. No olvidemos que estamos hablando de los mejores vinos. Pero este “límite inferior de la banda” (para ser contemporáneos) está lejos del límite superior actual que muestran algunos vinos, que llegan al mercado a $750.000 o $1.000.000. Muchos se preguntan dónde está la diferencia. Y la respuesta es sencilla; en el mercado. Porque estamos hablando de una cuestión de oferta – demanda. Lo demás es marketing bien aplicado. Porque si esos vinos valen eso, es porque hay consumidores que lo compran. Y será porque no se quieren perder alguna de esas pocas botellas, porque el hacedor y el lugar son muy exclusivos, o por cualquier otro atributo, más allá del cualitativo. Que refiere puramente a la calidad del vino. Por lo tanto, en la franja top de precios, es donde más se nota y más se puede aprovechar la relación calidad-precio. Pero la gran mayoría no puede comprar esos vinos, ni siquiera degustarlos al menos una vez en la vida. Es por ello, que cuando se habla de “value for money”, generalmente se trata de los mejores vinos a precios más bajos. Podrían decirse también las gangas, los tapados, etc. Porque cuando el mango cuesta, la inversión en vinos se siente, tanto para el gustito diario como para el elegido para regalar o descorchar en ocasiones especiales.
Entonces, un vino de buena relación calidad-precio sobresale de sus pares de segmento por la calidad. Y esta es la clave. Porque si se presta atención, no hace falta ser experto para detectar si un vino es mejor que otro, más allá de los gustos personales. Hay palabras que son la clave para dar con estos vinos. Consistencia; ya que para demostrar que se es mejor que los demás, hay que hacerlo a lo largo del tiempo. Y si bien aparecen etiquetas de bodegas nuevas constantemente, y en algunos casos pueden ser mejores vinos, lo deben demostrar sosteniendo esa calidad a lo largo de los años. Sobriedad; un buen vino no necesita “gritar” desde la etiqueta para llamar la atención, aunque debe haber alguna excepción. Coherencia; en la relación entre variedades y zonas, ya que no hace falta ser innovador para lograr buenos vinos, Y ya está bien probado qué uvas se dan mejor en cada terruño argentino. Juventud; sobre todo en los vinos más económicos, porque el tiempo no los mejora, sino que los apaga. Por lo tanto, hay que aprovecharlos cuando apenas salen al mercado. Si se trata de un vino económico con más de tres años va a ser difícil que pueda sostener la misma calidad y sobresalir por ella. Referencias; como en todo, los comentarios de gente confiable sirven, porque legitiman el mensaje embotellado por las bodegas.
Y lo que más ayuda a entender los secretos de una buena relación calidad-precio es analizar la información. Saber cuánto costó la botella a la hora de descorcharla y degustarla pensando en eso, analizando sus atributos, es un ejercicio clave para entender esta relación, que termina siendo la más interesante para el consumidor, por más que el vino tenga atributos más importantes como origen, variedad, hacedor, clima de la añada, método de elaboración, crianza, estiba, etc.
5 tintos que dan más de lo que piden
La Flor Blend 2022
Pulenta Estate, Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza ($$)
A este blend de Cabernet Sauvignon, Malbec y Merlot, que busca combinar la experiencia de las cuatro generaciones con una visión más actual, le vino muy bien la estiba. Porque si bien en nariz tiene esos aromas maduros y serios, típicos de Agrelo, en boca despliega un carácter más frutado y vivaz. Y ese trago ágil, lo hace más actual, con texturas mordientes que resaltan su carácter de frutas rojas frescas con leves dejos especiados. Beber entre 2025 y 2027. 90 Puntos Portelli
Punta de Flechas Blend 2021
Flechas de los Andes, Tunuyán, Valle de Uco, Mendoza ($$)
El blend joven de la casa está elaborado a base de Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot. De aromas a frutas rojas, con dejos vegetales y especiados. En boca se siente la fuerza y la frescura del Valle de Uco, con la crianza bien puesta y unos taninos que marcan su paso. Beber entre 2025 y 2027. 90,5 Puntos Portelli
Pascual Toso Alta Cabernet Sauvignon 2021
Pascual Toso, Barrancas, Maipú, Mendoza ($$$)
El buen Cabernet Sauvignon tiene la capacidad de evolucionar en botella como ninguna otra variedad, y eso queda bien demostrado en este tinto que no estuvo concebido para la guarda. De romas integrados, con buen cuerpo y taninos incipientes. Hay dejos vegetales y cierta firmeza en el final de boca que pide más botella.
91 Puntos Portelli
Finca La Anita Petit Verdot 2021
Finca La Anita, Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza ($$$)
El enólogo-propietario Richard Bonvin sigue aportando una nueva visión a la zona, luego de estudiar estos últimos años el tradicional terruño de Agrelo, incluso con varietales más nuevos, como es Petit Verdot. Tinto de aromas integrados, bien apoyados en las frutas negras, con taninos casi firmes. De paladar franco y con texturas vibrantes que resaltan el carácter varietal. Beber entre 2025 y 2028. 91 Puntos Portelli
DV Catena Adrianna Vineyard Malbec 2021
Catena Zapata, Gualtallary, Valle de Uco, Mendoza ($$$$)
Sin dudas es Malbec, y sin dudas de Alejandro Vigil. Porque sobresalen los aromas a frutas rojas ácidas pero amables, con leves toques herbales y de complejidad aportados por la fermentación y crianza en barricas nuevas de roble francés. De entrada, casi refrescante y paladar franco, con buena jugosidad y mucha expresión con consistencia. Es decir que su trago es amplio y profundo, con texturas incipientes que alargan el final de boca. Beber entre 2025 y 2030. 94 Puntos Portelli