Mucho se ha hablado de terroir, incluso mientras lo seguimos estudiando y los hacedores siguen aprendiendo de él, con todas las sorpresas que van surgiendo. Pero hay algo que es claro, el origen de la uva es parte fundamental del vino, porque es una de las aristas del “terroir”. En este punto, hay mucho para analizar y comprender. Por un lado, la naturaleza no ha sida igual de agraciada con todas las regiones vitivinícolas del mundo, tampoco de la Argentina. Esto significa que no todos los lugares poseen el mismo potencial. La buena noticia; es que esto favorece la diversidad. La mala; es que no en todos los lugares se pueden hacer vinos 100 puntos. Simplemente porque el entorno; incluyendo el clima; no acompañan. Pero eso no tiene nada de malo, ni es impedimento para seguir explorando rincones extremos como Sarmiento en Chubut; el viñedo más austral (hasta ahora) del país, o apostando por recuperar zonas tradicionales como en Entre Ríos; que fuera la cuarta provincia vitivinícola hasta 1934.
Pero la discusión no pasa por dónde se puede hacer vino, ya que la vid es tan generosa, que hasta permite plantarla en el balcón de un departamento en la Ciudad de Buenos Aires. Y obviamente dará uvas, y se podrá hacer vino con ellas. Pero difícilmente sean de gran calidad.
Por lo tanto, hay que relacionar la calidad con el lugar, si lo que se busca es hacer grandes vinos. ¿Pero qué pasa cuando ya se está en un lugar, y se quiere hacer el mejor vino posible de allí? Eso es lo que está pasando cada vez más, y lo que motiva a derribar las fronteras vínicas internas de la Argentina. Desafiando alturas; ya se está plantando el viñedo más alto del mundo; los climas extremos, los vientos, etc. Todo esto requiere de visión, también de inteligencia y de muchos recursos, ya que la conquista nunca es gratis. Lleva tiempo y dinero.
Claro que ya existen cientos de vinos que nacen en lugares, generalmente de zonas vitivinícolas consagradas, y que, gracias a sus atributos, han llevado esos nombres, primero a las etiquetas, y luego al mundo; siendo Gualtallary un gran ejemplo de ello.
Pero esa es otra carrera, la de lograr reflejar las características de una zona específica en los vinos, a través de uno o más varietales, o incluso un blend. De eso tratan la mayoría de los productores que se encuentran en las regiones consagradas, ya que es la mejor manera que tienen de diferenciarse de sus pares. Porque al ser del mismo lugar, utilizar las mismas uvas y métodos similares para la elaboración, todo queda supeditado al resultado final; el vino. Y ahí es donde el viñedo; el lugar; es el que hace la diferencia. Claro que la historia, el hacedor, la marca y la relación calidad-precio también juegan roles importantes. Pero el gran factor de diferenciación entre dos grandes vinos es el lugar. Pasa acá y en la China…, sí, porque también hay viñedos (756.000 hectáreas, y ya es el segundo productor mundial, detrás de Francia).
Esto es lo que animó a los “otros”, los “extranjeros vitícolas”, que ven cómo las grandes zonas triunfan y avanzan. Y así se lanzaron a la aventura, con suelos ricos y climas aptos, con más o menos recursos, pero con la convicción de lograr los mejores vinos posibles de su lugar. Y son los vinos los que han puesto nombres en el mapa como Cachi, Valle de Calamuchita, Barreal y Valle Azul, entre muchos otros. Los esfuerzos cualitativos son gigantes, porque no se corre con el caballo del comisario. porque, al estar lejos de los polos productivos, todo cuesta más, y las soluciones a los problemas llegan tarde, o no llegan. Esto, que suena a justificativo, es una realidad. Pero la pasión y las ganas por trascender son tan grandes que ya son varios los que se animaron a intentar hacer grandes vinos de lugar.
Obviamente, el vino es vino, sin importar de donde venga. Y la calidad se puede mensurar, aunque siempre subjetivamente. Por eso, existen los puntajes de la prensa especializada y las medallas de los concursos. Pero la gran chance de estos hacedores es poder escribir su propia historia. Y si bien las chances de hacer grandes vinos (digamos de 100 puntos) se complican, la oportunidad de reflejar el paisaje en las copas es la misma que tienen todos. Porque en definitiva se trata de trasladar ese carácter propio que adquieren las uvas en “su” lugar, del viñedo a las botellas. Y para muchos, esto es más importante que los puntajes. Sin dudas, para los que pudieron visitar las bodegas y vivir la experiencia en esos lugares, que suelen ser inolvidables. Y, al tratarse de emprendimientos pequeños, seguramente en la visita conocieron a los protagonistas. Enólogos, agrónomos o bodegueros que también formarán “parte del vino”, porque serán los responsables de explicar el carácter único de sus vinos, de una manera tan simple como memorable. Y así, más con el boca a boca que con esfuerzos marketineros, esos vinos logran trascender su región y sorprender a los consumidores en los principales centros de consumo de aquí y del mundo.
5 vinos de lugar que trascendieron su región
Familia Navarro Torre Cabernet-Malbec 2018
Las Cañitas, Córdoba, Valle de Calamuchita ($$$)
Tanto Juan Navarro como el enólogo Gaby Campana van degustando este vino para decidir cuándo debe llegar al mercado en función del “grip” (agarre) del vino, ya que el Cabernet Sauvignon es muy protagonista. De aromas entre vegetales frescos y de frutos del bosque, paladar fluido con taninos incipientes y la madera muy bien integrada. Su acidez sostenida realza su carácter serrano. Beber entre 2025 y 2027. 91 Puntos Portelli
Ribera del Cuarzo Clásico Merlot 2022
Bodega Ribera del Cuarzo, Río Negro, Valle Azul ($$$$)
Van ocho años de observación, pero ya se han logrado muchos avances, sobre todo a manos de este varietal, protagonista del “vino argentino más caro de la historia” (es de la misma bodega). Tinto con buen cuerpo y agarre, con cierto protagonismo de la madera, pero ganan la fruta y la frescura. De buen volumen, con taninos incipientes y finos, resaltando la delicadeza del cepaje con carácter propio. Beber entre 2025 y 2028. 91 Puntos Portelli
Gran Nevado 2020
Vinos Adentro, Salta, Cachi ($$$$)
Blend de Malbec y Merlot con 13% de alcohol, lo que refleja “la frescura natural” de Cachi. Las uvas provienen de dos lotes preseleccionados, y el 30% del vino fue fermentado en barricas nuevas y criado 15 meses allí mismo, y luego, guardado un año en estiba. Sus aromas poseen una buena intensidad, integrados, con leves dejos fenólicos. Acá nada se corrige y todo se hace con levaduras indígenas. De buena fluidez y agradable frescura, hay un carácter complejo entre la fruta, especias secas y las hierbas silvestres del lugar, con leves dejos maduros. Por su parte, los taninos firmes resaltan más el carácter vegetal típico del lugar. Beber entre 2025 y 2029. 91,5 Puntos Portelli
Miarluna 2022
Bodega Miraluna, Salta, Cachi ($$$$)
Este blend, cuya primera añada fue la 2012, nace en un viñedo de 3 hectáreas, plantado con Malbec, Cabernet Franc y 1500 plantas de dos clones de Merlot en 1ha. El enólogo Daniel Hefner logró un tinto de aromas vegetales, algo cargados, que hablan del lugar. En boca aparece la frescura que resalta los tonos herbales. De paladar franco y con buen agarre de taninos finos y con la madera que se siente bien integrada en el final de boca. Beber entre 2025 y 2029. 92 Puntos Portelli
Cara Sur Parcela La Totora Criolla Chica 2022
Cara Sur, San Juan, Valle de Calingasta ($$$$$)
Hay mucho significado en este vino, no solo por su escasez, ya que nace de solo 100 Plantas (0,32ha) de más de 80 años, en Paraje Hilario, a 1500 msnm., sino también la búsqueda de sus hacedores, Pancho Bugallo y Sebastián Zuccardi, ambos bien secundados por sus mujeres Nuria y Marcela. Todo esto explica su valor e intenciones. De aromas muy austeros, aunque la fruta es roja y delicada. De paladar limpio y sutil, con texturas finas, de final suave y persistente. Beber entre 2025 y 2028. 93 Puntos Portelli