julio 6, 2026

Mendoza - Argentina

Temperatura en Mendoza:

Mínima 1ºC | Máxima 13ºC

julio 6, 2026

Mendoza - Argentina

Temperatura

Mínima 1ºC | Máxima 13ºC

5 vinos patrios para brindar por la independencia

Con cada fecha importante para el país, afloran las ganas de brindar con vinos que sean más representativos y, entre todas las variedades de uva acá plantadas, hay cuatro que dan vinos “más argentinos” que los demás, por identificación, arraigo, diferenciación y originalidad.

Pueden ser blancos, rosados, tintos y hasta espumosos o dulces, lo que importa es que son todos ideales para brindar en un nuevo acontecimiento patriótico y brindar en esas fechas más importantes para el país, por la influencia que tuvieron en el desarrollo de la historia. La patria es el país, lugar o región donde una persona ha nacido o con el que siente un vínculo especial. La palabra proviene del latín, y significa la tierra de los padres, refiriendo tanto al territorio físico como a los lazos históricos, culturales y afectivos que unen a toda una comunidad.

Y es por ello que, en este tipo de fechas, aflora el patriotismo en cada uno. Ese sentimiento de amor, orgullo y lealtad hacia el propio país, ya sea su tierra natal o adoptiva. Y ese fuerte sentido de pertenencia se suele compartir con otros, significando una buena excusa para juntarse y brindar.

Desde el 25 de Mayo hasta el 17 de Agosto, la Argentina vive sus fechas patrias más importantes; este año atravesadas (y potenciadas) por el Mundial de Fútbol, algo que siempre une a los argentinos. Sin embargo, suelen ser días para reflexionar, celebrar y compartir con seres queridos, porque más allá de los problemas de cada uno, la Argentina sigue siendo un país libre y con mucha riqueza de recursos, tanto naturales como humanos, lo que promueve diversas oportunidades. Además, como todos saben, es un gran productor de vinos. Y si bien todos los que se producen en suelo argentino son vinos nacionales, hay vinos más patrios, por identidad y arraigo. Y estas ocasiones son ideales para compartirlos con amigos y familiares.

Y hay algo curioso que une al vino y a su gente, porque ambos son “hijos de inmigrantes”. La mayoría de los argentinos desciende de españoles e italianos, entre otros países europeos. Al igual que las uvas, que son vitis vinífera que se desarrollaron muy bien en suelo patrio.

En este contexto, se puede decir que hay cuatro variedades de uva más patrias. Torrontés; el blanco más famoso de la Argentina. Criolla; el vino autóctono que sorprende. Bonarda; el varietal tan (o más) argentino como el Malbec. Y el Malbec; el vino que hace grande a la Argentina.

Torrontés es la única uva autóctona del país; cruce entre la Criolla y la Moscatel de Alejandría. Fue el blanco más popular y tradicional en la época en que se consumían 90 litros per cápita al año. Hoy, tras un largo periodo en un segundo plano, brilla y es protagonista. Porque el auge del vino argentino en el mundo, gracias al Malbec y a la buena relación calidad-precio de muchos otros vinos tintos, demanda un vino blanco local. Pero no uno con un estilo internacional que fracase en las comparaciones, sino uno exitoso como el Malbec, con una referencia indiscutible a la Argentina. Y ahí es donde entra en juego el eterno Torrontés. ¿Cómo pudo esta variedad de uva sobresalir en suelos tan brillantes, donde las blancas lo pasan mal y abundan las tintas de buena calidad? Son muchas las claves de su éxito. Por un lado, las circunstancias lo convirtieron en compañero de viaje del Malbec, ya que, afortunadamente, la originalidad sigue siendo una cualidad atractiva e irresistible para los consumidores globales. Pero tuvo que cambiar de imagen para emprender un viaje y ser apreciado en todo el mundo. Dejar de lado su carácter rústico y su claro desequilibrio entre un ataque agradable y casi dulce (a pesar de ser un vino seco) y un final bastante amargo, con ciertos matices de madurez. Por eso, en los últimos años han surgido etiquetas más armoniosas y sin un gran contraste entre el principio y el final de cada sorbo, sin que esto implique renunciar a su tipicidad. Cuando se habla de Torrontés se refiere en general al Torrontés Riojano, mayormente producido en Salta y La Rioja. Un vino que es y será muy intenso, expresivo y aromático. También profundo, con toques florales y aromas a frutas tropicales que se desprenden de la copa incluso servido frío.

Hasta hace muy poco, el único vino autóctono en alcanzar reconocimiento era el Torrontés. Pero ha surgido otra cepa, a tono con la tendencia mundial de revalorizar lo propio como ventaja diferencial. Se dice que la Criolla fue traída por los misioneros llegados de las Islas Canarias, quienes la propagaron de Norte a Sur del continente. Y que luego se convirtió en diferentes cepas según su territorio: Misión en Estados Unidos, País en Chile y Criolla en la Argentina.

Se trata de un grupo de uvas muy dispar, todas hijas de diversos cruzamientos a partir de Moscatel de Alejandría y Listán Prieto, entre otras. Se sabe que, hasta comienzos del siglo XX, las uvas se plantaban mezcladas por lo que se polinizaron entre sí. Las Criollas no gozaban de buena fama, pero lograron quedar entremezcladas en los viñedos, así se convirtieron en plantas fuertes y resistentes. Con el tiempo, la Criolla llegó a ser muy popular gracias a su gran capacidad productiva, aunque sus cualidades enológicas no eran destacables. Es por ello que se utilizaba para vinos comunes, sin que su nombre fuera reconocido. Hasta que algunos enólogos decidieron rescatarla del olvido. Y hoy, gracias al entorno, sus cuidados y métodos exclusivos de elaboración; generalmente fermentando en pequeñas vasijas de cemento; se logran exponentes con muchos atributos. Una de sus claves es que las plantas suelen ser viejas y sus rendimientos bajos por naturaleza. Esto, sumado a técnicas en bodega, como maceración en frío o fermentaciones con racimo entero, permite lograr cierta concentración en su carácter. Es un vino tinto de aspecto tenue y aromas frutados, simples y directos. De trago fácil y paso vibrante, muy refrescante.

Otra uva que se adaptó tan bien que hasta adquirió nombre local es la Bonarda, que ahora se denomina Bonarda Argentina y no existe en ningún otro lugar del mundo, más allá que genéticamente desde su origen local sea la Corbeau Noir de Francia. No todos saben que hasta hace poco fue el varietal tinto más plantado, y por eso empezaron a surgir vinos importantes desde el inicio del nuevo milenio, pocos, pero importantes. Es una cepa que por un lado posee historia, y eso significa cultura. La zona Este mendocina es su cuna y, desde allí, deberían llegar los próximos referentes íconos, más allá de buenos vinos para todos los días. Protagonista de una serie de varietales con muchas intensiones, pero sobre todo con la pretensión de demostrar un lugar y su cultura. El foco no estuvo puesto en hacer un vino agradable y vendible, sino en mostrar lo mejor que el Bonarda puede dar en su terruño de origen. Y a partir de eso imaginar su potencial en otras zonas como en el Valle de Uco. Y eso fue un gran hallazgo porque le faltaba al Bonarda, responsable histórico de los tradicionales Borgoña tinto locales, un nuevo aval de confianza. A partir de esto, surgió una nueva generación de vinos a base de Bonarda que promete cambiar la historia del varietal para siempre, esperando que los ojos de la prensa, el retail y, seguramente del consumidor, le presten más atención. Es la gran noticia que estaban esperando muchos pequeños y medianos productores de la zona Este, y también de San Rafael, dos de los terruños con más carácter para este varietal, con el que se hacen desde rosados hasta tintos con cuerpo, pasando por vinos de cuerpo ágil.

El destino (y la naturaleza) le jugó una buena pasada a la Argentina, porque le brindó una uva tinta que casi nadie tiene. Además, creció de su mano y se posicionó en el mundo, ya no solo como gran productor de vinos sino como gran productor de muy buenos vinos. Claro que las personas siempre tuvieron un rol fundamental, primero con los inmigrantes y luego con las nuevas generaciones que, en muchos casos, mejoraron lo hecho. Y entre todos, forjaron un gran presente. Pero en realidad, si no fuese por el Malbec no habría un futuro promisorio vínico para el país. Porque fue el Malbec el responsable de abrir las puertas de los principales mercados de consumo, y el que le permitió (como ningún otro) al vino nacional, codearse con los mejores exponentes internacionales. Su versatilidad y capacidad de adaptación permitió descubrir nuevos terruños, con una diversidad de estilos como pocas uvas pueden ofrecer. Más allá de Francia con varios vinos, de Italia con el Sangiovese, de España con el Tempranillo y de Alemania con el Riesling, no se asocia a un país con una uva. Quizás en su momento a Australia con el Syrah (o Shiraz), pero ya sin tanta fuerza. Hoy, Malbec es sinónimo de Argentina; por más que la variedad sea francesa; y eso es una gran ventaja competitiva.

5 vinos patrios para brindar por la independencia

Lagarde Criolla 2025

Lagarde, Mendoza, Valle de Uco, Tupungato $$ 

Este tinto a base de Criolla sigue llamando mucho la atención, por fuera y por dentro. Porque su botella transparente deja ver su color rojo cereza profundo, casi de clarete más que de tinto. Y en esta cosecha, se muestra amplio en boca, con buena fruta, de trago simple y directo, un vino ideal para tomar sin vueltas. Beber entre 2026 y 2027.     

90 Puntos Portelli

Colomé Auténtico Malbec 2023

Bodega Colomé, Salta, Valles Calchaquíes $$$

Elaborado con uvas propias de la Finca Colomé a 2300msmn y sin paso por madera, para mostrar el carácter “auténtico” de esas vides centenarias y pre filoxéricas. Resulta un Malbec intenso y fluido, con buena concentración de aromas y sabores, pero a la vez con fluidez. De trago expresivo y taninos amables que aportan profundidad y resaltan la fruta y las hierbas secas en el final de boca. Beber entre 2026 y 2029.

91 Puntos Portelli

El Enemigo Bonarda 2022    

Aleanna, Mendoza, Zona Este, Rivadavia $$$

Hay mucho estudio y seguimiento detrás de este Bonarda que, desde el inicio de esta nueva aventura personal de Alejandro Vigil con Adrianna Catena, buscó posicionarlo entre los mejores varietales argentinos. Elaborado con uvas de El Mirador (Rivadavia) y un toque (secreto) de Cabernet Franc (Gualtallary), llega este nuevo exponente con buena frescura y vivaz. Taninos mordientes que resaltan todo a su paso por boca, la fruta, las especias los tonos vegetales y los tostados amables de la crianza. Beber entre 2026 y 2028.

91 Puntos Portelli

Fabre Montmayou Gran Reserva Malbec 2022

Fabre Montmayou, Mendoza, Luján de Cuyo $$$

El enólogo Juan Bruzzone logra transmitir el efecto de la añada en este Malbec bien argentino, pero con el toque francés propio de la casa. De aromas equilibrados y algo más densos que en la cosecha anterior, con notas de frutas negras y dejos herbales. Su paladar es franco, con texturas granulosas que aportan firmeza a su buen cuerpo. Tiene todo para ganar más equilibrio. Beber entre 2026 y 2028.

91,5 Puntos Portelli

Etchart Partida Limitada Torrontés 1992

Etchart, Salta, Altos Valles Calchaquíes, Cafayate $$$

El destino quiso que este vino blanco viera la luz durante el siglo XXI, para demostrarle a todos que el Torrontés bien logrado también puede evolucionar bien en botella. Sin dudas, es un vino único, que no solo está vivo, sino que es dueño de una personalidad única. Sus aromas florales son limpios e intensos, su paladar franco es refrescante con la justa untuosidad para equilibrar sus sabores. Es persistente e inolvidable. Beber entre 2025 y 2028.

93 Puntos Portelli