La semana pasada finalizó la quinta edición de ProWine San Pablo, la feria de vinos más importante de Sudamérica, y dejó muchas conclusiones para analizar de cara al futuro.
Para muchos, ya no se puede hablar de “potencial” del vino argentino, porque hace tiempo es una realidad. Y si bien eso es cierto, y se ha avanzado bastante, falta mucho. Y eso significa oportunidad y potencial.
Cuando el mercado es el mundo, la competencia es casi infinita, e intervienen muchas variables. Por un lado, está la elaboración del vino, algo que las bodegas ya saben hacer, más allá de las implicancias del clima, cosecha tras cosecha. Pero luego, comienzan las “otras complicaciones”. Por ejemplo, las de logística, ya que es muy difícil lograr que una botella se descorchada en alguna mesa del mundo, sin haber sufrido “algo en el viaje”. Pero esto se da cuando el vino ya está vendido. Y acá, lo más difícil es venderlo. No porque el vino no sea bueno o no tenga diversidad, sino por muchos otros factores en los cuales el vino, nunca tiene la culpa.
En esta ProWine la presencia Argentina fue contundente, con alrededor de 100 bodegas, distribuidas entre los stands particulares, de Wines of Argentina, del CFI y de importadores. Algunos bodegueros estaban molestos por la ubicación de los mismos, al fondo de la feria. Pero yo entendí, que fue para darle una mejor circulación a la feria, ya que, en Brasil, el vino argentino es muy admirado. Es más, sigue siendo el segundo mercado en importancia. Y adelante estaban los stands de bodegas brasileñas y de los importadores.
Pero el quid de la cuestión, no estuvo en ese aspecto. Cuando un vino argentino: sea del origen que sea; se exporta, lo primero que ostenta es su país de origen. Y con suerte, después vienen las zonas vitivinícolas. Brasil registró un aumento en la producción y el consumo de vino, y eso quedó reflejado en la mayor Feria del Vino de América del Sur, que contó con la participación de productores de 34 países y recibió más de 15 mil visitantes durante tres días. En el evento se exhibieron más de 1.400 marcas, lo que equivalió a las de 10.000 vinos y bebidas para degustar. Según la responsable de ProWine, Malu Sevieri, hay una evolución en el gusto de los brasileños, que ahora solo consumen vino durante sus comidas diarias. El crecimiento del sector también está vinculado a la ampliación de las áreas plantadas de vid en las regiones Sur, Sudeste y Nordeste del país. San Pablo ya implementó la «Ruta del Vino» y produce diversas variedades en diferentes climas del estado, mientras que en el Sudeste de Brasil se adoptó la técnica de la doble poda para producir vino durante el invierno. Esto significa que cada vez más habitantes de allí van a poder familiarizarse con el vino y su cultura.
Esto, lejos de significar un escollo para los vinos nacionales, muestra una realidad. Que a nuestros vecinos les falta mucho camino por recorrer en la cultura del vino. Y que la gran oportunidad nuestra es “ayudarlos” a desandar ese fascinante camino. Claro que, si solo lo tomamos como un mercado más, vamos a seguir chocando, porque solo las bodegas “reconocidas” pueden vender vinos en los segmentos de alta gama. Es por ello que, a la gran mayoría de las pequeñas bodegas argentinas presentes, les costó mucho hacer “buenos contactos”. Otra vez, la culpa no es del vino, porque en general todos tuvieron una gran aceptación, comandados por el Malbec y su gran relación con las carnes asadas.
Brasil es un gran país, con mucha gente divertida, que disfrutan mucho de la vida, sin importar lo que tengan. El problema es que su cultura gastronómica es totalmente diferente a la nuestra. Y que, además, tienen a mano vinos de todo el mundo. Es por ello que Argentina debe ir a la cola, si solo quiere venderles vinos. Y en esa fila está Portugal (primero), Chile, España e Italia, y (quizás) después la Argentina. Y si a eso se le suman las trabas propias, el “efecto” Brasil en las expos locales va a tardar muchos años en llegar.
Pero hay una gran oportunidad, en lugar de mostrarse como un país sectorizado, la Argentina debería ir a Brasil como un bloque. Sí, todos juntos en un mismo gran stand, donde el mayor objetivo sea transmitirles la cultura del vino a ellos, para luego venderles. Solo si admiran el vino y todo lo que lo rodea, van a poder adoptarlo en sus costumbres, al menos un poquito. Ya pasó con China, grande no significa potencial. Sino mirar a Suiza, el pequeño país europeo que es el principal mercado de destino para muchos vinos argentinos de alta gama. O sea que la cuestión no está en cuántos habitantes tengan, ni siquiera en el poder adquisitivo, sino en las costumbres. Y si bien el vino es la bebida natural más diversa y atractiva para llevar a la mesa; mucho más que los jugos de fruta y los tragos frutales a base de bebidas blancas; ellos no lo ven así. Y para convencerlos hacen falta muchas cosas más. Por suerte, el vino está, y por eso se vislumbra un gran potencial.