La temperatura de consumo de los vinos condiciona mucho el placer. Por eso, y lejos de estar con el termómetro en la mano, hay que prestarle atención, y más en verano. Una de las más innovadoras alternativas es servirlos en tragos. Sí, los tragos de vinos llegaron para quedarse, más allá que no son un invento muy nuevo, si se tienen en cuenta el Clericó y la Sangría. Pero más allá de esa polémica para el “wine bar”, son ideales para seguir disfrutando vinos cuando calienta el sol; en la playa, en el jardín o en el balcón. Primero se necesitan vinos específicos porque no todos soportan agregados de hielo, frutas, vegetales o especias, entre otros. Y tampoco hay que destinar para ellos los mejores exponentes, ya que, si bien el dueño de cada botella puede hacer lo que quiera con ella, hay mucho trabajo y dedicación de cada una, y la intención de los hacedores siempre será que el vino se disfrute tal como sale de la botella. Aunque ninguno va a poner objeción si sus vinos se venden y se disfrutan de otra manera, mientras que se vendan…
Se puede partir de las clásicas combinaciones, aunque hoy la diversidad de estilos de vinos predispone a la creatividad en casa. Los más aptos y entretenidos a la hora de jugar al bartender son los nuevos espumosos dulces naturales, porque están concebidos para que sus atributos se resalten en preparaciones combinadas y siempre servidos con hielo. Una opción sofisticada puede ser espumoso, té chai, miel y penacho de menta, o combinarlo con Aperol, toque de lima, splash de soda y frutos rojos. Estas creaciones de autor (Matías Merlo) han tenido mucho éxito. Pero fue el reconocido Tato Giovannoni quien rompió el paradigma de los tragos con Champagne, y empezó a servir estos espumosos en vasos con hielo y hojas de albahaca, rodajas de pomelo y pepino. Claro que también se puede innovar con otros tipos de vinos, aunque a los tintos mejor dejarlos de lado ya que el frío potencia los taninos, resultando agresivos. Los rosados son los más vistosos, con a sus aspectos rosa pálido y brillante. En jarra con hielo y frutos rojos, con mucho hielo, se pueden lucir durante el atardecer en la pileta. Los vinos blancos aromáticos como el Torrontés quedan muy bien también en jarra y con hielo. Con frutas tropicales como durazno, damasco y ananá. Los que prefieran algo más dulce, en lugar de agregar azúcar, pueden usar los vinos dulces naturales o de cosecha tardía. En ese caso, incorporar limas y/o rodajas de otros cítricos para equilibrar los dulzores. Y siempre las hierbas frescas servirán no solo para adornar sino para incorporar nuevos perfumes.
Es decir que, dependiendo de la situación y la temperatura ambiente, también el vino se puede disfrutar en verano en versión tragos.