Este año, el Día Internacional del Rosé se celebra mañana (por ser el cuarto viernes de junio). Y obviamente, no tiene que ver con una costumbre argentina o regional, sino que se rinde homenaje al placer de vivir en Provenza. Justamente, esa región francesa, fue reconocida como el lugar de nacimiento del vino rosado hace unos 2.600 años. Y si bien es un vino también muy elaborado en España, Estados Unidos, Italia y Argentina, entre otros, los franceses del sur son algunos de los mayores productores. Es por ello que los rosados de Provenza han sido líderes y referentes de su fama alrededor del mundo, a tal punto que muchas figuras de Hollywood han invertido en bodegas allí para tener su propio rosé, como ser Brad Pitt y Angelina Jolie, Drew Barrymore, etc. En la Argentina, están llegando los del año (2025), pero viajan primero a Europa y los Estados Unidos, para no perderse el verano en el Hemisferio Norte; siendo los primeros y casi únicos vinos del año (además del Beaujolais Nouveau) que se pueden disfrutar en ese hemisferio. Es decir que, a nivel mundial, el pico de consumo de los rosé, se da en esta época de verano para el Hemisferio Norte. Es por ello que suena raro hablar de rosados por estos pagos, en las puertas del invierno. Pero si se pone el foco en las características del vino, suena lógico. Porque si bien la mayoría está pensada para el consumo informal o como aperitivo (primer vino de la comida), actualmente hay muy buenos rosés nacionales pensados para la mesa, con algo más de cuerpo, y que pueden ser protagonistas de maridajes inolvidables.
Por otra parte, es una de las categorías que más ha crecido en los últimos años, y eso se debió a un gran cambio de paradigma, pero no del consumidor sino del hacedor. Antes, eran sub-productos de tintos corpulentos, elaborados por sangría y, por lo tanto, tenían demasiado color y alcohol para la categoría. Sin embargo, hoy estos vinos se conciben desde la viña como los demás. Siempre partiendo de uvas tintas para lograr esa atractiva tonalidad rosada, y también que maduren rápido para alcanzar un alcohol suave (entre 11 y 13 grados), con una muy buena acidez natural. Esa que les da nervio y gracia a los vinos. Después están los que quieren llamar más la atención por fuera, no solo con etiquetas multicolor sino también con botellas dignas de perfumes gigantes. Lo cierto es que los rosados del Hemisferio Sur llegan al mercado el mismo año de su elaboración, puntualmente en primavera, y se convierten en una de las mejores opciones para disfrutar durante el verano. No obstante, por sus características son vinos ideales para disfrutar todo el año. Ya sea al comienzo de una reunión o bien acompañando platos livianos como tartas y ensaladas, también comidas más elaboradas a base de pescados y frutos de mar. Pueden ser a base de Malbec, Pinot Noir, Cabernet Franc o blends, pero lo más importante es respetar la temperatura de servicio. Debe ser bien fresca igual que la de los blancos, ya que su función es abrir el juego sin necesidad de ostentar muchos atributos vínicos más allá de sus expresiones frutales y florales, con mucha frescura.