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6% en junio: el IPC entre la calma estacional y la presión cambiaria

Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL.

En junio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un alza del 1,6% mensual, levemente superior al 1,5% de mayo, y acumuló así, una variación del 15,1% en el primer semestre del año. En términos interanuales, la inflación se ubicó en 39,4%.

El componente núcleo (que excluye precios regulados y estacionales) aumentó 1,7%, por debajo del promedio mensual de los últimos 3 meses, lo que refleja una dinámica estable en los sectores con mayor formación libre de precios. Los regulados mostraron una suba del 2,2%, impulsada por ajustes en tarifas y servicios de salud, mientras que los estacionales registraron una caída del 0,2%, gracias a bajas en frutas, verduras y algunos servicios vinculados al turismo. Esta composición sugiere que el dato general estuvo contenido por factores estacionales, aunque en menor medida a lo visto durante el mes de mayo.

Entre las divisiones con mayores aumentos se destacó Educación (+3,7%), explicada por subas en cuotas de servicios educativos, y Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (+3,4%), motorizada por el alza en alquileres y gastos conexos. Le siguieron Recreación y cultura (+2,5%) y Bebidas alcohólicas y tabaco (+2,8 %). En contraste, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió solo 0,6% mensual y Prendas de vestir y calzado hizo lo propio en 0,5%. La baja inflación en alimentos es clave para la desaceleración del índice general dado su peso relativo, y se explica, en parte, por caídas de hasta -21,2% en algunos productos frutihortícolas.

De acuerdo al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado el 4/7 por el BCRA, los analistas estiman una inflación mensual que se mantendrá por debajo del 2% hasta fin de año, con proyecciones de 1,7% en julio, 1,6% en agosto, 1,7% en septiembre y octubre, 1,5% en noviembre y 1,7% en diciembre. Ese sendero descendente ubica la inflación interanual esperada para 2025 en torno al 27%. Este patrón refleja una dinámica de desaceleración moderada y sostenida, aún con repuntes leves en algunos meses. Si bien el avance es consistente, la trayectoria no es lineal; posibles aumentos estacionales, ajustes tarifarios o coyunturales podrían articular la caída mes a mes.

Por su parte, el consenso del mercado permanece optimista proyectando una inflación promedio de aproximadamente 1,5% mensual hacia fin de año, lo que consolidaría una tasa interanual alrededor del 25% para diciembre de 2025. No obstante, debemos mencionar que esta visión favorable supone un escenario sin sobresaltos relacionados con el contexto electoral. El mercado confía en la continuidad del ciclo de desinflación, aunque subyace la advertencia implícita de que cualquier shock político o fiscal podría alterar la dinámica.

Durante julio el tipo de cambio oficial acumula una suba superior al 6%, que se añade a una depreciación cercana al 4% experimentada en la segunda quincena de junio. Históricamente un ajuste como este tendería a trasladarse al IPC a través del efecto pass-through, con un reacomodamiento de expectativas que impulse aumentos en rubros directamente vinculados al dólar, pero también en sectores con capacidad de ajustar márgenes para preservar rentabilidad en moneda dura. Sin embargo, según relevamientos de alta frecuencia de consultoras privadas, hasta las primeras semanas de julio ese pasaje aún no se observa de forma significativa. En detalle, no se advierten aumentos marcados en rubros sensibles al dólar, lo que podría indicar una posible desaceleración del impacto cambiario.

En un contexto macroeconómico más estable, movimientos del tipo de cambio de magnitud moderada suelen ser bien absorbidos por el sistema de formación de precios, sirviendo más como herramienta de ajuste que como shock inflacionario. No obstante, Argentina atraviesa un periodo de transición en su programa económico, donde el tipo de cambio sigue siendo un ancla sensible, tanto para expectativas como para decisiones de fijación de precios.

En definitiva, la inflación de junio constituye un dato consistente con un proceso de desinflación que, aunque no exento de riesgos, avanza con consistencia.

A pesar del sendero descendente que viene mostrando la inflación, los bonos CER continúan siendo una herramienta atractiva, especialmente en un entorno de tasas reales elevadas y expectativas de inflación implícita relativamente optimistas. Para perfiles conservadores, se destaca el TZXM6 (marzo 2026), que ofrece una tasa real cercana al 12%, combinando rentabilidad y cobertura frente a eventuales repuntes inflacionarios en el proceso electoral. En tanto, para perfiles con mayor tolerancia al riesgo, el TZXD6 (diciembre 2026) permite aprovechar el potencial de compresión de tasa real vía duration, sin resignar la cobertura.