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El Statu Quo de la Moderación

Es cierto que “no es sano” beber alcohol. Pero tampoco lo es respirar el smog en la calle. Y no por eso la gente se muda al campo para poder vivir respirando aire puro.

Ser moderado al referirse al consumo alcohólico es políticamente correcto. Es más, he escrito en su momento que había que poner de moda la moderación y apoyado a “Wine in Moderation”; esa coalición única de organizaciones vinícolas responsables que creen en una cultura sostenible del vino. Sin embargo, viendo que el consumo se desploma y que el sector sufre, me hago muchas preguntas al respecto. Está claro que cada uno es libre y puede hacer lo que quiera con su mayoría de edad. Pero seguir asociando el vino a las bebidas alcohólicos de manera simplista, solo porque tiene alcohol, es obviar su significado e influencia en el desarrollo de la humanidad y de las sociedades. Recientemente Magdalena Pesce, CEO de Wines of Argentina, sostuvo que «la moderación en el consumo es una de las grandes tendencias». Y agregó que “las nuevas generaciones están reinventando el concepto de bienestar y el alcohol debe adaptarse a eso. La moderación lleva a una menor frecuencia. Creo que hay una mirada más consciente sobre la experiencia, la calidad y el disfrute”. Dejando de lado a las nuevas generaciones; a las que se las trata como jóvenes consumidores, sin suponer que cuando “maduren”, van a descubrir los placeres del vino como la mayoría de las personas; esto implica que hoy se toma menos, pero de mejor calidad. Algo que se viene viendo desde comienzos del milenio.

Por su parte, la caída del consumo global es más compleja y está más asociada a la situación económica que a las preferencias, aunque es cierto que los consumidores se vuelven más exigentes a medida que su experiencia se afina, optando por las opciones de mejor calidad. Esto sorprende a la industria nacional (y también global) con una sobre oferta, donde no todos los jugadores están preparados para la contienda.

Pero no solo Magdalena ve en “la moderación” una tendencia; también mi colega Fernanda Orellano. Sommelier, comunicadora, docente y empresaria gastronómica, además de experta en bebidas espirituosas. Ella, en un reciente artículo publicado en El Cronista, la describe como “sobriedad curiosa, el último grito de la moda”. Para ella, es una tendencia que ayuda a disfrutar de las bondades del vino toda la vida, y brinda información muy interesante, sobre todo del auge de las bebidas 0.0 y los vinos desalcoholizados. Una novedad que crece de manera sorprendente, porque no existía, pero que en mi opinión no va a pasar de ser un nicho, como los son los vinos orgánicos y, en menor medida, los biodinámicos y naturales.

Pero no es mi intensión polemizar con ellas, para nada, simplemente, al ser ellas también referentes que merecen el mayor de los respetos, me sirven mucho sus posturas, para poder contrarrestarlas con la mía.

Hablar de vinos y comunicarlos como periodista especializado, o promover su consumo como sommelier, no me hace apologista del tema. Como “jugador” de la industria del vino, junto a los que lo hacen y a los que los venden, les hablo a los que lo toman. Y considero hacerlo (desde hace 25 años) de una manera responsable, dedicada e informada. Obvio que, como a los demás partícipes de la industria, me gustaría que el sector estuviera de parabienes. Que los productores de uva estuvieran conformes con el tiempo y la forma en que les pagan las uvas. Que las bodegas estuvieran conformes con las performances de sus ventas, lo mismo que las vinotecas y restaurantes, hablando específicamente de los vinos. Pero es está muy lejos de suceder. ¿Será porque la moderación siempre debió haber sido el gran regulador de todo el mercado? O simplemente porque “no hay plata”.

Pero volviendo al tema de la moderación como tendencia. Es obvio que, como cualquier otro consumo, el del vino, también debe ser moderado, ya que cualquier cosa en exceso hace mal. Como también es obvio (y no está de más decirlo) qué, si se maneja, no hay que tomar. Pero después, cada cual sabe (o debería saber) cuál es su límite de moderación. No es una copa o dos con las comidas, porque las comidas pueden ser rápidas o de pasos. Y si se ingiere agua como sebe ser, entonces el alcohol ingerido estará más diluido. Es cierto que “no es sano” beber alcohol. Pero tampoco lo es respirar el smog en la calle. Y no por eso la gente se muda al campo para poder vivir respirando aire puro. Elige quedarse en la ciudad, respirando un aire viciado y también contaminada de ruidos. Ni hablar de lo mal que hace el estrés que produce el día a día.

El vino, más allá de tener alcohol, tiene muchos atributos positivos, algunos incluso avalados por la ciencia como saludables; como el resveratrol (poderoso antioxidante). Pero vino va mucho más allá. Es cultura, es compartir, es descubrir una historia, viajar a través de las copas, hacer de un momento casual uno inolvidable, es celebrar, es disfrutar. Es tantas cosas el vino que no se trata de moderación, sino de descubrirlo en plenitud. Y cuando eso sucede, cada cual sabrá cuál es su punto de moderación en cada ocasión. Y si así no fuera, no existirían tantas personas longevas que, dentro de sus costumbres cotidianas para llegar tan lejos en la vida, disfrutarían del vino.

Sueño (y trabajo para ello) con que el consumo vino se recupere y encuentre ese equilibrio que le sirva a toda la industria. No por apologista, sino por sentido común y amor por el vino.