El Cabernet Sauvignon es una de las uvas más implantadas (representa el 5% de la superficie global), y protagonista en todas las regiones productoras de grandes vinos. Además, por su historia y prestigio, es uno de los más disfrutados en el mundo y siempre está presente en las cavas de aquellos consumidores exigentes, que pueden guardar vinos por mucho tiempo, ya que suele ser uno de los exponentes que mejor evoluciona con la estiba.
Su gran prestigio proviene de los Grand Cru Classé de Burdeos (Francia), una clasificación creada en 1855 por Napoleón III y que consagró, desde entonces, a los mejores vinos de aquella región. Con el correr del tiempo, todo país vitivinícola empezó a reflejarse en el espejo francés para concebir sus mejores vinos. Quizás el caso más emblemático sea el de Champagne. Pero también lo es en tintos con los afamados blends de Burdeos (a base de Cabernet Sauvignon) o con los blancos de la Borgoña, elaborados a partir de Chardonnay, por ejemplo.
Se puede decir que el Cabernet Sauvignon, o mejor dicho sus productores, vieron su gran oportunidad en una gran crisis. Porque justo después de consagrarse en la Feria Internacional de Paris, la filoxera (un pulgón) arrasó con casi todos los viñedos europeos. Y cuando llegó el momento de replantar, los viñateros vieron que sus Malbec (la variedad más implantada en la zona a mediados del siglo XIX) habían sufrido mucho más que sus vides de Cabernet Sauvignon. Y desde entonces, comenzó un largo camino que lo llevó a coronarse como el rey de los vinos tintos.
Obviamente, el ser una uva originaria de Burdeos (fruto del cruzamiento del Cabernet Franc y el Sauvignon Blanc) tuvo mucho que ver, porque los demás países del Viejo Mundo, también aquejados por la filoxera en distinta medida, siguieron apostando a sus uvas tradicionales; como por ejemplo Tempranillo en España o Sangiovese en Italia. Aunque es cierto que hoy también están autorizadas las principales uvas internacionales en las denominaciones más prestigiosas de dichos países mediterráneos.
Así fue que el Nuevo Mundo, con Estados Unidos a la cabeza, apostó desde el vamos al Chardonnay y al Cabernet Sauvignon principalmente, más allá de tener a la uva Zinfandel como emblema. Y fue el gran desarrollo de los “Cabs” de Napa lo que inspiró a otros, como a los australianos de Barossa Valley y Coonawarra, y a los chilenos de Alto Maipo, por nombrar a otros países nuevos que se sumaron al auge del Cabernet Sauvignon, y lograron destacarse en el mundo.
Se sabe que la Argentina llegó más tarde a participar del juego internacional, básicamente porque hasta los 90´ todo el vino producido era consumido puertas adentro. Pero el viento cambió, el consumo se desplomó y la industria debió reciclarse, y hasta reinventarse. Eso implicó salir a exportar, y para ello hubo que mejorar mucho, tanto en viñedos como en bodegas.
Obviamente el Cabernet Sauvignon ya estaba plantado en el país; había llegado en 1853 de la mano del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, contratado por Domingo F. Sarmiento para la creación de la Quinta Normal, puntapié inicial que forjó una gran industria. Por eso, los (pocos) grandes vinos nacionales estaban inspirados en Burdeos y con base de Cabernet Sauvignon. Pero ni la calidad ni el estilo eran suficientes para impactar a los compradores de los principales mercados de consumo. Y mientras Chile, Australia y, obviamente, Estados Unidos se consolidaban como los referentes del Nuevo Mundo a manos del Cabernet Sauvignon, Argentina descubrió el Malbec; que ya estaba, pero nadie le había prestado la debida atención. Y al ser un cepaje de origen tan noble y muy poco difundido, rápidamente causó impacto. Y todo se potenció tan rápido que se convirtió en emblema nacional, relegando no solo al Cabernet Sauvignon sino a todos los demás varietales.
Los Cabernet Sauvignon nacionales son diferentes a todos por ser “continentales”. Es cierto que se pueden asemejar más a los de Napa; con notas de casis, grafito, regaliz, fruta madura y especias; que a los de Chile, que resultan más frescos y herbales, por la influencia del clima marítimo.
Francia lidera el podio en superficie plantada con 46.555 has, la siguen Chile (42.409), Estados Unidos (40.837), China (40.300), Australia (23.987), España (20.139), y Argentina e Italia con 14.000 aproximadamente cada una.
Y si bien al mundo todavía le cuesta ver a la Argentina vínica más allá del Malbec, los hacedores se entusiasman con los Cabs que van llegando, concebidos con todo el know how y las técnicas vitivinícolas aprendidas gracias al Malbec; por su carácter, estilo y personalidad. Es por ello que muchos están apostando al Cabernet Sauvignon como el varietal argentino del momento, entendiendo que siempre el Malbec será la variedad insignia de la Argentina.
5 vinos para redescubrir Maipú
Homo Felix Gran Cabernet Sauvignon 2020
Homo Felix, Mendoza, Luján de Cuyo, Agrelo ($$$)
Para concebir este Cabernet Sauvignon, Patricio Eppinger, propietario y fundador de Homo Felix, se inspiró en Burdeos y en los tintos de gran longevidad. Es fresco, con taninos finos y un carácter de frutos del bosque. Todavía se siente la madera, pero se va a integrar. Sus aromas son expresivos y están más apoyados en la fruta que en la parte vegetal, típica de la variedad. Beber entre 2025 y 2028.
93 Puntos Portelli
Familia Mastrantonio Cabernet Sauvignon 2020
Familia Mastrantonio, Mendoza, Valle de Uco, La Consulta ($$$$)
Diego Mastrantonio cumplió el sueño de elaborar sus propios vinos, aunque cada año agrega un nuevo desafío en su nuevo rol de bodeguero, con la curiosidad y la búsqueda de la excelencia como estandartes. Así nació este Cabernet Sauvignon de partida limitada. La estiba les ha brindado más delicadeza a sus expresiones. Con buen volumen y taninos que se van suavizando. Sigue siendo vino completo, pasando por un gran momento. Beber entre 2025 y 2030.
93,5 Puntos Portelli
Viña Jardín de María Cabernet Sauvignon 2021
Viña Jardín de María 1910, Mendoza, Luján de Cuyo, Las Compuertas ($$$$)
Con cada cosecha, Gustavo Barbier y familia le van encontrando la mejor manera de expresar ese viñedo único que poseen. Las “Cepas Madres” de Viña Jardín de María tienen más de 110 años de vida, y sus raíces alcanzan los 2,35 metros de profundidad. Como en toda finca tradicional, el riego se hace por surcos. Para cuidar su “jardín de viñas”, realizan varias tareas durante todo el año para mejorar las plantas y el suelo, y especialmente cuidar a sus antiguas cepas. Esto explica los aromas distinguidos y más dirigidos de este vino, con algo de notas de madera nueva y taninos algo granulosos que hablan de su juventud. Su buena frescura resalta el agarre en su paso por boca. Se lo puede esperar a que se afinen los taninos o bien disfrutarlo acompañando platos consistentes. Beber entre 2025 y 2030.
92 Puntos Portelli
Birth of Cabernet 2021
Catena Zapata, Mendoza, Valle de Uco, El Cepillo ($$$$$)
Es lo nuevo de Alejandro Vigil, un Cabernet Sauvignon que busca hacer historia en la era moderna. Bien apoyado en su carácter de frutas rojas y negras, con taninos granulosos. De trago muy fresco y no muy profundo, frutado y amable, con dejos de cenizas en el final de boca. A medida que se abre, aparecen más capas, con dejos herbales y un perfume algo floral. Tiene todo para ganar equilibrio en sus expresiones con el correr de los años. Beber entre 2025 y 2030.
94 Puntos Portelli
Leon Cabernet Sauvignon 2022
Luigi Bosca, Mendoza ($$$$$)
Elaborado con uvas de Gualtallary (70%) y de Vistalba (30%), con toque de Cabernet Franc. De aromas delicados, en los que se percibe algo de cada uno. Lo classy y lo moderno, con leves dejos herbales maduros, buen volumen y taninos tensos y finos, que resaltan de final limpio. Hay buen equilibrio entre cuerpo y fluidez. Se abre en la copa y aparece más el Cabernet Sauvignon con leves dejos ahumados. Sale la fruta, la botella le puede dar más complejidad por equilibrio y delicadeza. Beber entre 2025 y 2032.
96 Puntos Portelli