Al lado del vino, todos aquellos que consumimos vinos, somos Nueva Generación. Claro que algunos son más jóvenes que otros, y otros tienen más experiencia que algunos, pero nada más. Hoy, ante la gran problemática que enfrenta el vino, muchas bodegas se están preguntando qué hacer. Y está bien, porque el vino siempre miró (o debió haberlo hecho) a largo plazo. Si a los que invierten en el rubro les advierten que se trata de un negocio más pensado para los nietos que para hacerse de una diferencia en pocos años. Y lo mismo pasa con el consumo. Para entender una tendencia o una coyuntura, hay que mirar mucho más allá de fin de año. Porque “la crisis” del vino trasciende a nuestras fronteras. Es cierto que acá está más golpeado por la situación económica. Pero el mundo está tomando menos vinos, y eso es lo que preocupa a los productores. El primer análisis, rápido y fácil, tiene que ver con la inflación, a la cual el argentino está acostumbrado, pero no así el consumidor de otros países. Que, al igual que acá, decide tomar menos, o incluso reemplazar el vino por alguna bebida sustituta más económica. Ahí el vino no tiene la culpa, y debe esperar a que mejore la situación para recuperar ventas. Sin embargo, hay algo mucho más preocupante; la tendencia a consumir menos. Ya sea por una cultura de vida más ligada a cuidarse más para verse mejor y, por lo tanto, ingerir menos alcohol por cuestiones calóricas. Pero también hay una campaña (quizás fomentada por algún sector con intereses contrarios a los del vino) que pone el foco en el daño que causa el alcohol. Por suerte, el vino (que tiene alcohol, obviamente) es considerado más un alimento que una bebida, y su ámbito natural de consumo es la mesa y en compañía.
Todo esto, que significa una caída general en las ventas de vinos, no deja de ser una preocupación. Por eso, muchas bodegas vienen mirando a las nuevas generaciones desde hace tiempo. Y luego de analizarlas y estudiarlas, sacan vinos pensados para ellos, ya sean en formatos alternativos (latas) o bajos en alcohol (low). O incluso los nevos sin alcohol (zero) que no son vinos, o lo fueron, pero llegan al mercado “desalcoholizados”. También se habla mucho, desde hace varios años de los vinos orgánicos, biodinámicos, naturales, veganos, etc. Todos vinos que atienden a nichos, algunos más chicos que otros, pero mercados al fin.
Lo más curioso es que todos estos intentos son mirando a las nuevas generaciones de consumidores, dejando de lado a las actuales. Creyendo que con solo cumplir con la calidad y consistencia es suficiente para sostener sus compras vínicas, que significan ventas para las bodegas.
A decir por los resultados, la salida no sería por ahí, ya que ninguno de estos “nuevos hallazgos” logró torcer el rumbo del consumo de vinos. Es cierto que los incrementos porcentuales reflejan números llamativos; pero todas esas mediciones partieran de niveles muy bajos. Lo cierto, el vino, tal como lo conocemos, sigue siendo el líder indiscutido. Y, por ende, el más castigado.
Pero acá veo dos cuestiones. Por un lado, el vino, que tiene 8000 años, ya debe haber pasado por momentos como este en su historia. Y, evidentemente, logró acomodarse para llegar hasta acá. Por el otro, hay un pequeño detalle. Esas Nuevas Generaciones a las cuales se les quiere llegar con “nuevos” vinos, pronto se convierten en esa Nueva Generación (como nosotros) que toma vinos según la ocasión y las posibilidades. Admirando su versatilidad y su capacidad de hacer inolvidable, cualquier momento de la vida cotidiana. El vino no es mágico, simplemente la bebida que mejor se luce en la mesa, no solo por acompañar mejor las comidas, sino por amenizar las conversaciones, incitando a sobremesas. El vino, desde el vamos, propone un juego al comensal, descubrir de qué se trata, porque todos los vinos son diferentes. Incluso, el mismo vino que se disfruta seguido, puede saber diferente de acuerdo a la situación. Por otra parte, el mensaje que contiene una botella de vino es único, no solo por sus atributos, estilos y características, sino por lo que implica para aquel que elige una botella, ya sea para descorchar en casa o para compartirla fuera de ella. Y los que disfrutamos de él en plenitud, somos Nueva Generación a su lado.
A veces las urgencias no nos dejan medir las verdaderas consecuencias, y nos obligan a tomar decisiones equivocadas. El vino nace en el campo, y allí es mejor elegir plazos largos para entender mejor los resultados; por ejemplo, un lapso de diez años. Así, las bodegas; mirando para atrás; se van a dar cuenta que el resultado promedio de estos últimos años no es tan malo como parecen los de este 2025. Y así, con calma, una copa de vino y, considerando que todos somos Nueva Generación, puedan encontrar las mejores respuestas para sortear esta coyuntura.