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Los mejores vinos argentinos de la historia

Hoy hay más de seis mil etiquetas para elegir. Hay viñedos plantados en dieciocho provincias argentinas. Y el estudio ha aportado profundos conocimientos que están derivando en vinos de lugar muy precisos.

Estudiando sobre la historia del vino, una bebida noble que acompaña al hombre desde hace más de 8000 años, se puede entender fácilmente que todos esos vinos “históricos” eran intomables a comparación con los de hoy. Claro que, si muchos los disfrutaban, algo deberían tener. A falta de tecnología, se los encabezaba con alcohol, o se los calentaba (reducción) o se los rebajaba con agua, o se los infusionaba con hierbas y especias, justamente para hacerlos bebibles. Por suerte, si bien el principio básico de elaboración del vino sigue siendo el mismo (jugo de uva total o parcialmente fermentado), la evolución en la vitivinicultura ha hecho posible este presente.

Poniendo el foco solo en el vino argentino, y teniendo a mano la historia contemporánea; siempre con mucho respeto a lo hecho; es fácil darse cuenta y asegurar que estamos disfrutando los mejores vinos argentinos de la historia. Sí, nosotros junto a las generaciones que nos rodean, para arriba y para abajo; hasta los 18 años, obvio. Y eso ya es un privilegio. Porque hasta hace poco, quizás las intenciones eran las mismas quelas de ahora, pero los resultados fueron diferentes. Párrafo aparte merecen esos pocos vinos que han logrado lo que, al menos hasta ahora, los grandes vinos nacionales actuales no han logrado; trascender en el tiempo. Simplemente, porque no ha pasado el tiempo. Entonces, si un vino de los 70’ o de los 80’ o de los 90’ está vivo y complejo, los nuevos vinos argentinos tienen la vara muy alta, en cuanto a la evolución que se va a esperar de ellos para los próximos 10, 20 y 30 años. Pero más allá del atributo de la longevidad, hay muchos otros. El primero es la diversidad. Hoy hay más de seis mil etiquetas para elegir. Hay viñedos plantados en dieciocho provincias argentinas. Y el estudio ha aportado profundos conocimientos que están derivando en vinos de lugar muy precisos. Porque ya no solo se trata de analizar las estadísticas del clima o medir sus variables. Tampoco de tener en cuenta la composición de los suelos para tomar decisiones de riego. Hoy, el estudio del lugar va más allá, llegando al entorno y al microambiente. Hoy, la observación es tan importante como el manejo del viñedo. Como así también lo es el respeto por la microflora y microfauna. Porque el objetivo de todos no es ser orgánicos, pero sí empezar a cuidar más el medio ambiente para dejar el terreno trabajado mejor de lo que lo encontraron. Y para ello hay muchas actividades que se pueden realizar y que vuelven el manejo más sustentable, como la agricultura regenerativa. Todo eso tiene como fin, además del mayor respeto por el entorno” elaborar vinos con más carácter propio, ya que lo único que no se puede emular en un vino es el “terruño”.

Claro que todos estos trabajos en el viñedo, tienen su correlación en la bodega. Y de ese mayor conocimiento y experiencia, surge la nueva evolución. Que no solo ha llevado a los vinos con paso por roble a permanecer menos tiempo en barricas nuevas para evitar el “gusto a madera”, sino que han surgido innumerables de métodos y procesos que buscan lograr más pureza en las expresiones y fineza en las texturas.

Al mismo tiempo, se habla de “menor intervención” aunque es evidente que el trabajo que hay detrás de los vinos actuales es mucho mayor. Claro que se refiere a que los vinos nacen en el viñedo, y que es ahí donde está el trabajo más importante, para luego en la bodega intentar “estropear” lo menos posible la calidad de la uva. Obviamente, esto se reserva para hacer muy buenos vinos y los grandes vinos de las bodegas. Pero la buena noticia es que todo ese conocimiento se ha derramado en toda la pirámide cualitativa de vinos. Y eso por eso que hoy, todos los vinos de todos los segmentos son mejores que los de antes. Empezando por los Tetra Brik que, gracias a las bondades del empaque, mantienen la calidad y la frescura del momento en que fueron fraccionados. Algo que en los vinos embotellados del mismo segmento de precios es casi imposible garantizar. Subiendo un poco las exigencias, vienen las “vinos varietales”. Esos ya son expresivos y con el atributo diferencial del carácter del varietal. Algunos mejor logrados que otros, pero en general, todos aceptables. Luego vendrían los “reserva” aunque no sean una categoría consolidada por no existir una reglamentación clara al respecto. Pero se refiere a vinos con cierto paso por madera. Y lo mismo, más allá de los gustos personales, también han evolucionado. Y de ahí para arriba. Todo esto permite encontrar vinos con atributos diferenciales por menos de $10.000, y muy buenos vinos alrededor de los $20.000 y grandes vinos a partir de los $40.000. La calidad y la diversidad son dos de las características más diferenciales de los vinos argentinos actuales. Y si se habla de los Top, algunos ya llegaron a los 100 puntos de la crítica internacional.

Degustando muchos vinos a lo largo del año, todo esto es más fácil de apreciar. Sin embargo, también se puede disfrutar si al beber un vino se presta atención. Ya que los vinos de hoy, además de ser los mejores de nuestra historia, son muy elocuentes.