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La clave de los blends

Esta palabra se hizo famosa gracias a los vinos de Burdeos (Francia), que se diferenciaban de los de la Borgoña, justamente por ser blends elaborados con más de una variedad, más allá de las características del terroir.

“Blend” es una palabra inglesa que significa mezcla y acá también se la reemplaza por corte (de vinos) y en Francia le dicen “assemblage”. Lo cierto es que esta palabra se hizo famosa gracias a los vinos de Burdeos (Francia), que se diferenciaban de los de la Borgoña, justamente por ser blends elaborados con más de una variedad, más allá de las características del terroir. Mientras que los otros eran Chardonnay (blancos) y Pinot Noir (tintos), los vinos de Burdeos se hicieron famosos gracias a la clasificación de 1885, cuando nacieron los Grand Cru Classé, gracias a Napoleón III que ordenó clasificar esos viñedos en función a la calidad y precio de sus vinos. Y, desde entonces, esos vinos, junto con otros pocos, son los más codiciados del mundo. La base era Cabernet Sauvignon, con distintos aportes de Merlot y Cabernet Franc. Y, como el vino del Nuevo Mundo (Argentina, Estados Unidos, Australia, Sudáfrica, Chile, Nueva Zelanda, Uruguay, etc.) creció mirándose al espejo del Viejo Mundo (Francia, Italia, España, etc.), la moda del blend quedó muy arraigada.

Eso explica por qué antes del auge del Malbec, los (pocos) grandes vinos argentinos eran “blends” y a base de Cabernet Sauvignon. Ya que los productores buscaban emular “los mejores vinos del mundo”. Pero luego, con la llegada del milenio, irrumpió el varietalismo y con él el Malbec. Porque la Argentina necesitaba una variedad noble y a la vez original. Por una serie de casualidades y causalidades, esta uva, también originaria de Burdeos como la Cabernet Sauvignon, estaba muy plantada en todas las regiones vitivinícolas de la Argentina. Demostrando así su gran poder de adaptación. Eso motivó a los hacedores a comenzar a elaborarla con serias pretensiones, logrando en pocos años vinos con 100 puntos de la prensa internacional, lo que refleja la capacidad y el potencial de dicha variedad.

Pero el “varietalismo” duró poco. Sirvió para despegar, pero no tanto para avanzar, porque los buenos vinos son la expresión de un lugar, más que de una variedad de uva.

Por eso, muchos hacedores buscan en los blends, sus mejores interpretaciones de los lugares elegidos. Por un lado, la ley habilita a poner en un vino hasta el 15% de otra u otras variedades, colocando el nombre de la cepa principal en la etiqueta. Y si bien esto técnicamente también es un blend, está claro que la intención vínica no lo es. Porque esto se hizo previendo la necesidad de “ajustes” finales que necesitaran hacer los enólogos. No obstante, si colocan Malbec o Cabernet Sauvignon en una etiqueta, es evidente que la bodega quiere comunicar esas variedades, y que los vinos deben tener las características que se les reconocen. Pero el concepto de blends evolucionó mucho más. En primer lugar, porque en la combinación de variedades con diferentes combinaciones, los hacedores pueden dar rienda suelta a su imaginación y dejarse guiar por su experiencia y paladar. Pero con el tiempo, y la revolución del terroir, las bodegas comenzaron a vinificar por separado vinos de la misma variedad y del mismo lugar, ya que descubrieron que las diferencias en los suelos marcaban el carácter del vino obtenido. Es por ello que las bodegas se hoy están pensadas desde el viñedo y, por lo tanto, muchas cuentan con la cantidad suficiente de vasijas de fermentación para elaborar todas las parcelas por separado, más allá que sean la misma variedad y provengan del mismo viñedo.

La idea, con todos los componentes elaborados, es lograr un blend de una misma variedad, por ejemplo. Es decir que hoy, muchos de los buenos Malbec que existen en el mercado, son “blends” a pesar que digan Malbec en la etiqueta. Esto también ha generado que las bodegas cuenten con distintos tipos de vasijas para elaborar un mismo vino y así tener varios componentes; vasijas de cemento (piletas o huevos), barricas de distintos tamaños, foudres (toneles más grandes), ánforas de terracota y hasta clayvers de cerámica, etc. A esto hay que sumarle que quizás las uvas llegaron en distintos momentos a la bodega, porque la cosecha se realizó en diferentes días. Y, claramente, se puede hacer esto también combinando uvas de distintos viñedos, dentro o no de una misma región, o bien con uvas de diferentes provincias.

Es decir que los “blends” permiten al hacedor diferenciarse más. Para algunos, el varietal tiene más carácter por ser más directo. Y si bien eso puede ser cierto, porque combinando diferentes componentes el enólogo busca la complementación que el varietal no permite. Y, en ese camino, intentar lograr un mayor equilibrio y armonía, más allá de un vino más completo, sin que ello implique que sea mejor.