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Restaurantes, huertas, viñedos y hasta bodegas transformaron una zona de Buenos Aires y atraen cada vez más gente

Se trata de Cardales. Allí se destacan Estancia Vigil, Bodega Gamboa, Italpast y Chizza Restaurant entre otros. La zona combina vino y gastronomía con propuestas de muy alta gama.

En la previa al Road Show del pasado 26 de abril que convocó en las calles de Buenos Aires a más de 500.000 personas, Franco Colapinto eligió a Cardales, provincia de Buenos Aires, como escenario para un almuerzo que compartió con todo su equipo. Años atrás, la decisión hubiera parecido descabellada; sin embargo, desde hace unos años la zona se ha convertido en un polo enoturístico, que combina vino y gastronomía con propuestas de muy alta gama.

“La idea es traer un poco de Mendoza a Buenos Aires”, comentó el reconocido enólogo Alejandro Vigil, al respecto de Estancia Vigil, un multiespacio que se encuentra a menos de una hora en auto de la ciudad de Buenos Aires, sobre uno de los márgenes de la ruta 9, y en cuyo restaurante desembarcó Colapinto con su equipo.

Estancia Vigil se encuentra a escasos metros de la entrada del hotel Sofitel La Reserva Cardales. Es en torno a este hotel de lujo –de reconocida gastronomía y que funciona como referencia geográfica tanto para vecinos como para turistas–, que comienza a consolidarse un nuevo destino turístico que se extiende entre Los Cardales y Campana Aquí restaurantes de amplia trayectoria comparten territorio con huertas orgánicas abiertas al público, viñedos e incluso una bodega: Gamboa, la más cercana a la ciudad de Buenos Aires.

“La zona está creciendo fuertemente y cada día se suman más experiencias para disfrutar. Esto responde a las fortalezas de Cardales y Campana: su cercanía a Buenos Aires, su ruralidad, sus campos quebrados y un ambiente que permite conectar con otro ritmo”, sostiene Eduardo Tuite, propietario de Bodega Gamboa, pionera en traer el mundo del vino a la zona, y que además de contar con un restaurante ofrece experiencias como cosechar bajo la luz de la luna, baños de bosque o inteligencia emocional con caballos.

“Por su equilibrio entre proximidad a la ciudad y conexión con la naturaleza, la zona está creciendo en términos de propuestas enoturísticas y gastronómicas, lo que la convierte en un punto de interés para un público que valora experiencias sofisticadas, pero accesibles –agrega Axel Slettemark, director de Estancia Vigil–. Cardales tiene la capacidad de atraer tanto a quienes buscan una escapada corta desde Buenos Aires como a los residentes locales interesados en productos de calidad”.

Pioneros

Visitados asiduamente por los vecinos de la zona y los amantes de la gastronomía que no dudan en salir a la ruta en busca de sabores que deslumbren, la dupla Los Cardales/Campana cuenta desde hace años con un par de restaurantes de alta gama y reconocida trayectoria, que comenzaron –sin proponérselo– a sentar las bases de este polo gastronómico.

Uno de ellos es Italpast, que nació en Campana en 1995 y en 2007 abrió una segunda locación dentro del Club House del country La Reserva Cardales (y en 2022 una tercera, dentro del Faena Hotel, en Puerto Madero). “Italpast comenzó como delivery y take away en abril de 1995, y a fines de ese mismo año abrió el restaurante –cuenta Luciano Picciau, tercera generación de esta familia de gastronómicos establecida en los años 50 en Campana–. Con el boca a boca empezó a venir gente de Buenos Aires y salimos en notas periodísticas que nos hicieron más visibles”.

Luciano recuerda que cuando tomaron la concesión del Club House de La Reserva Cardales no había prácticamente nada. “Fuimos los pioneros en el complejo. La cancha de golf, el hotel y los propietarios de lotes vinieron más tarde. A diferencia de otros countries, estamos abiertos a todo tipo de público. Pueden venir propietarios de los lotes, huéspedes del hotel o simplemente quienes quieran visitar el restaurante”.

De indudable impronta italiana –Luciano y su padre Pedro integran el grupo Buenos Aires Cuochi Italiani, que reúne a chefs italianos afincados en el país–, Italpast cuenta con clásicos con décadas de historia, como la Lasagna Della Nonna (en honor a la abuela de Luciano) y los Ravioli del Carabinieri (rellenos de langostinos y zapallos, teñidos con tinta de calamar y servidos con crema de leche, langostinos y azafrán). También hay hits más recientes, como la Pasta in Formaggio: unos cavatelli tricolor de sémola, espinaca y tomate, que llegan a la mesa dentro de una horma de queso parmesano, calentada con grapa y alcohol.

Otro imperdible de la zona, en este caso de Los Cardales, es Chizza Restaurant, que abrió sus puertas en marzo de 2008. “Hace 30 años que cocino y en 2005 visité Cardales y compré una casona vieja, más o menos de 1890 o 1900, en la que tres años después inauguramos el restaurante –cuenta Franco Malacisa, cocinero y creador, junto a su esposa Cecilia, de Chizza–. Allí pusimos la experiencia que había recolectado viajando por el mundo, desde Italia, España, Francia e Inglaterra, hasta Rusia y Ucrania”.

Al principio, recuerda, “estaba yo solo cocinando y Cecilia en el salón”. Con el tiempo el restaurante se volvió un clásico de la zona, traccionando visitantes de Buenos Aires y ciudades aledañas al centro de Los Cardales, en una calle lateral a la principal, que cuenta hoy con espacio para 60 comensales. Su cava, siempre conservada a 14°, reúne 150 etiquetas seleccionadas de distintas regiones del mundo con más de 5.000 botellas, pensadas para acompañar cada plato.

Con una impronta mediterránea, que suma toques asiáticos y peruanos, el 80% de lo que sale de su cocina son pescados y mariscos. “La carta cambia diariamente, pero hay platos que se quedaron en el menú y se volvieron nuestro sello, como el osobuco con risotto, el asado de jabalí o el atún rojo sellado que viene con una guarnición que cambia según la estación”, dice Franco.

En un formato distinto, con un entorno rural que invita a disfrutar de distintas experiencias gastronómicas al aire libre, se encuentra La Pebeta, una propuesta “farm to table” que combina granja orgánica, restaurante y proveeduría, ubicada a solo 3 kilómetros de Los Cardales. “Somos una granja agroecológica que siembra, cosecha, cría y faena su propia producción de una manera armónica con la tierra. El resultado es transmitido a través del restaurante que usa la producción del campo como materia prima para elaborar todos sus platos”, cuenta Nicolás González, gerente de este lugar que abre de jueves a domingos, de 12 a 17, y que cada 15 días realiza una cena con menú especial.

Además de nutrir la carta del restaurante, los productos de La Pebeta (frutas y verduras recién cosechadas, huevos de campo, panes de masa madre) se venden en su proveeduría. Otra de las actividades en torno a su producción agroecológica son las visitas (gratuitas, con reserva) a su huerta, que se realizan de viernes a domingos, a las 11 de la mañana.

El mundo de los viñedos

La primera gran apuesta que comenzó a reformular el paisaje de Campaña/Cardales fue la de Bodega Gamboa, que hace 15 años plantó vides en un entorno muy diferente a los oasis que crean vida en el desierto mendocino. Aquí, los viñedos se encuentran rodeados de bosques nativos y álamos, en una llanura quebrada donde hacer crecer las vides fue todo un desafío: hoy, sin embargo, la apuesta está dando frutos con vinos como el Pinot Noir 2022, que obtuvo 94 puntos del crítico inglés Tim Atkin.

Lo cierto es que Gamboa ofrece mucho más que la visita a un viñedo a poco más de 60 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. “Este es un lugar exclusivo desarrollado con el objetivo de conectar con la naturaleza y los sentidos”, afirma Eduardo Tuite, y agrega: “Los visitantes pueden hacer degustaciones, recorrer el viñedo y la bodega, tener una experiencia culinaria de pasos con el maridaje de los mejores vinos e incluso hacer su propio vino”.

Además, Gamboa trajo a Buenos Aires un modelo ya extendido en el mundo, en el que cualquier persona puede adquirir una parcela de la finca y hacer su propia bebida. Para eso, cuentan con seis hectáreas de viñedos plantadas con Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir, entre otras variedades. En cuanto a la contraparte gastronómica, el restaurante basa su carta en productos regionales y de estación.

“Con el éxito del restaurante, hemos incorporado una nueva propuesta de pizza napolitana que se sirve en nuestro bosquecito autóctono. Esta opción combina la belleza natural y la mejor vista de la finca, es algo relajado y distendido”, agrega Tuite.

A 5 kilómetros de Gamboa, sobre la ruta 9, se encuentra el proyecto enogastronómico más reciente, Estancia Vigil, que cuenta con un Mercado, donde se ofrecen vinos y conservas que llevan la firma de la dupla Alejandro Vigil/María Sance, salas de degustacion y un restaurante conducido el chef por Diego Irato.

“Estancia Vigil surgió de la visión de llevar la filosofía y la experiencia de la propuesta mendocina a un público más amplio, acercando lo mejor de la cultura del vino y la gastronomía a la provincia de Buenos Aires –explica Axel Slettemark–. Desde el principio nos propusimos que no fuera solo un restaurante o mercado, sino un espacio multifacético que incluyera gastronomía, eventos y un mercado gourmet, todo enmarcado en un entorno que respire autenticidad”.

“Nuestra propuesta gastronómica se centra en ofrecer una experiencia integral que celebra la riqueza de nuestra tierra y la excelencia enológica –cuenta por su parte Diego Irato, chef de Estancia Vigil–. Nuestro Mercado es un típico almacén de campo donde los visitantes pueden adquirir productos exclusivos, como los del proyecto Labrar, que incluyen pastas de aceitunas verdes, porotos negros, mermelada de tomates y dulce de leche, además de una cuidada selección de vinos de alta gama”.

EL restaurante, agrega, “cuenta con una cocina que exalta los productos de temporada de la región, tanto de nuestra huerta como de pequeños productores cercanos. Cada plato está diseñado para armonizar con nuestra selección de vinos, ofreciendo una experiencia sensorial completa que refleje nuestra pasión por la gastronomía y el vino”.

Con respecto al posicionamiento de la zona, Irato concluye: “No hay dudas de que Cardales está creciendo. Hoy, es un polo gastronómico y enoturístico que atrae a quienes buscan experiencias auténticas y de calidad a solo 60 km de Buenos Aires”.

Fuente: La Nación (Sebastián Ríos)

Fotos: Mauro Alfieri y Noelia Marcia Guevara