Martino Wines atraviesa una etapa de transformación enfocada en redefinir su estructura de gestión y consolidar su visión hacia el futuro. Con la incorporación de una co-dirección que integra la perspectiva de marca y estrategia de Fernanda Martino junto con la experiencia técnica y enológica de Federico Gambetta, la bodega busca responder a los desafíos actuales de la industria desde un esquema colaborativo e integral. En esta entrevista para The Wine Time, ambos repasan las razones detrás de esta alianza, la interpretación de sus terroirs desde una perspectiva contemporánea y el camino para proyectar la identidad de la bodega hacia nuevos escenarios.
Evolución y Modelo de Liderazgo
Asumir la co-dirección propone un esquema atípico respecto al rol tradicional del winemaker. ¿Cómo se gestó esta alianza y qué fortalezas complementa cada uno?
Fernanda Martino: Todo nació de una gran amistad y enorme confianza. Martino tiene su centro de operaciones en Mendoza y, desde Buenos Aires, yo necesitaba sumar a alguien para acompañar la gestión diaria desde adentro. No buscaba únicamente una mirada enológica, sino a alguien que entendiera la bodega de manera integral y pensara el negocio a largo plazo.
Ahí es donde Fede aporta muchísimo: su experiencia técnica y visión enológica complementan mi trabajo en estrategia, marca y comunicación. No se trata simplemente de repartir funciones, sino de sumar dos miradas diferentes que trabajen en una misma dirección y cuiden el proyecto con el mismo compromiso que una familia.
Federico, venís de proyectos de alto reconocimiento internacional y máximos puntajes. ¿Qué viste en Martino Wines para dar este paso?
Federico Gambetta: Los valores y la búsqueda. En tiempos difíciles para el mundo del vino, los proyectos deben enfocarse en sus valores además de sus números. La relación con Fernanda llegó a un punto de gran solidez. Al compartir nuestras visiones de vida y negocios, encontré a alguien que valora mi aporte y quiere llegar a lo más alto. Para mí es el momento de ampliar mi espectro de acción y sumar mi conocimiento de gestión al proyecto.
Hablan de un esquema de «alto desempeño». ¿Cómo repercute esta estructura en la toma de decisiones diarias?
Ambos: Trabajar desde una visión conjunta significa fijar un norte claro para el proyecto global. A partir de allí, buscamos que cada decisión —desde el viñedo y la elaboración hasta la comercialización— esté alineada.
Dejamos de pensar cada área como un universo independiente: una decisión en el viñedo impacta en el vino; una decisión enológica en el posicionamiento; y una comercial debe respetar nuestra identidad. En el día a día, esto nos permite decidir con mayor agilidad e integralidad, buscando crecer en escala sin perder la libertad de hacer vinos con mirada propia.
Enología Posmoderna y Terroir
Federico, ¿qué cambios se verán en las próximas añadas con el concepto de «enología posmoderna»?
FG: En la copa mantendremos la identidad de Martino, con vinos cercanos al consumidor pero con una mirada contemporánea. La visión posmoderna va más allá de un sabor o textura: los procesos y la técnica son la guía, pero la sensibilidad de las personas aporta el diferencial. Hoy se habla del terroir como única diferenciación, pero creemos que los productores, en interacción con el lugar, son la clave para encontrar el equilibrio.
Fernanda, la bodega siempre se enfocado en varietales de nicho. ¿Cómo potencia esta visión su identidad?
FM: La diversidad varietal es parte del ADN de Martino. Nunca quisimos hacer únicamente lo que el mercado esperaba; siempre nos movió la curiosidad por explorar cepas menos habituales y mostrar que Argentina es mucho más que Malbec.
Buscamos profundizar esa identidad con mayor foco. Desde las viñas antiguas de Malbec de La Violeta hasta variedades como Petit Verdot, Sangiovese, Pedro Ximénez, Cabernet Franc o Syrah, trabajamos terroirs y viñedos con características muy particulares. Queremos ser reconocidos por una mirada propia sobre el vino argentino: curiosa, diversa y dispuesta a salir de lo obvio.

Federico, ¿cómo influye tu recorrido internacional (Francia, Napa) al interpretar los viñedos de Martino?
FG: Viajar y probar vinos del mundo calibra tu paladar y tu técnica. Para hacer vinos de clase mundial hay que conocer esos estándares. Al definir un corte, la capacidad sensorial juega un rol fundamental hasta encontrar el camino. El mundo cambia rápido y, haciendo una analogía futbolera, para que el 9 haga el gol, tiene que estar en el área.
Mercados, Proyección e Identidad
Fernanda, ¿dónde está puesto el foco para acelerar la proyección internacional manteniendo el legado de tu padre, Hugo Martino?
FM: El desafío no es elegir entre mantener el legado o proyectarnos al mundo; una cosa se construye sobre la otra. Mi responsabilidad es mantener vivo el espíritu curioso e innovador de mi papá, pero llevándolo a una nueva etapa.
Nuestro foco internacional es estratégico: buscamos socios que entiendan nuestra identidad para construir marca a largo plazo, no solo colocar volumen. La diversidad de nuestro portfolio nos permite contar una Argentina más amplia. El objetivo es crecer sin perder autenticidad: que cuanto más lejos lleguen los vinos, más clara sea la historia de dónde venimos.
Si tuvieran que definir el objetivo principal de este nuevo capítulo en una copa de vino, ¿cuál sería?
Ambos: Buscaríamos que tenga profundidad, identidad y ganas de volver a tomarla. El triunfo absoluto de una bodega es cuando se pide la segunda botella.
Buscamos ese equilibrio: crecer sin perder la esencia, profesionalizar sin perder cercanía y mirar al mundo con los pies en Mendoza. Que al probar un Martino, el consumidor sienta que detrás de esa copa hay historia, familia y una manera auténtica de entender el vino argentino.