Si bien es cierto que en la Argentina hay muchas palabras importantes que sufren un rápido desgaste, eso no les resta importancia. De las más usadas en la actualidad, “experiencia” sería una de ellas. Y más específicamente en vinos, diversidad.
¿Por qué? Porque usar la palabra sin un sustento le quita valor a su significado, o al menos le resta importancia. La diversidad del vino argentino viene siendo una de sus banderas desde principios de milenio, cuando el país necesitó salir a vender sus vinos al mundo. Ahí se multiplicaron las etiquetas, y el Malbec explotó. Pero también las demás variedades. Aunque el foco de esa “primera” diversidad estaba más puesto en el nombre de la variedad; y el diferencial que ello suponía para captar la atención del consumidor; que en la calidad del vino. Pero pronto surgieron “los vinos de lugar”, y entonces “la diversidad” se fortaleció, y las etiquetas se multiplicaron. Y mientras eso sucedía, apareció “la interpretación” del lugar. Es decir que ya no solo hablaba la variedad y el lugar; con el clima del año; sino la mirada del hacedor. Y ya el crecimiento de la diversidad del Malbec se volvió exponencial.
Sin dudas, nadie pretende que el consumidor pueda diferenciar los vinos por su carácter de lugar. En primer lugar, porque es algo muy incipiente y que necesita de una mayor masa crítica para poder consolidarse como “driver” inequívoco de la elección. Pero lo que sí es interesante para el consumidor es como la diversidad se ha ampliado.
Y si a ello se le suma la evolución de los mismos vinos, en este caso Malbec, dentro de la botella. La diversidad va más allá. Incluso, como la apreciación de un vino tiene que ver con la predisposición de cada uno para degustarlo e intentar interpretarlo, pero además eso está influenciado por la situación de consumo, con todas sus variables a cuestas, se llega a la conclusión que la diversidad del Malbec es inabarcable. Y esa es una de sus mayores virtudes. Porque siempre habrá un Malbec para descubrir.
Esto, obviamente sucede con otras variedades. En la Argentina en menor escala, dado que Malbec es la más plantada con alrededor 50.000 hectáreas. Pero el ejemplo también aplica a los Cabernet Sauvignon de Napa Valley, a los Syrah de Australia, a los Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda, a los Pinot Noir de Chile y, claro está a los vinos del Viejo Mundo, entre muchos otros. Pero para los argentinos del vino, la diversidad que más nos interesa es la del Malbec, por su protagonismo y el sentido de pertenencia que provoca.
Hoy, ver que muchos Malbec ya han alcanzado los 100 puntos de la prensa internacional, no hace más que confirmar el rumbo de los hacedores. Y todo ese know how, va derramando poco a poco en toda la cadena, derivando en cada vez más y mejores Malbec. Y por más que la palabra (diversidad) esté algo trillada, respecto del Malbec sigue siendo un gran atributo.
Diversidad significa variedad, diferencia o abundancia de cosas o personas distintas entre sí que conviven en un mismo entorno. Por lo tanto, cada Malbec que hay disponible en el mercado, es diferente entre sí. Y el año próximo, serán más. Es por ello que nadie; y menos los argentinos; pueden sentirse cansados del Malbec. Además, esto explica por qué los hacedores siempre dicen que “después del Malbec, viene más Malbec”. Dentro de todos los privilegios que la naturaleza (en este caso con la ayuda del hombre) le dio a la Argentina, está el Malbec. una variedad de uva vinífera (europea) que se adaptó muy bien a los diferentes terruños nacionales, y se convirtió en el emblema de toda una industria. Pero el Malbec va más allá. Porque si bien es un producto de la tierra, posee mucho valor agregado, con todos los beneficios que ello implica.
Y si bien es cierto que la diversidad del Malbec es amplia, no implica que no se pueda disfrutar. Por un lado, los más jóvenes y económicos suelen ser frutados y amables. Quizás, los del Valle de Uco, se perciban con toques herbales que le aportan frescura. Si se habla de frescura; más allá del punto de cosecha más temprano, la Patagonia es reconocida por sus vinos frescos y expresivos, con más notas de frutas de baya. A medida que se sube en el segmento de calidad, la expresión de los Malbec gana en definición. Una de las diferencias más fáciles de captar es la del tipo de elaboración. Porque los que evitan la madera y se elaboran en vasijas de cemento, suelen tener texturas más marcadas. Pero como el Malbec es amable, esos taninos nunca llegan a ser agresivos, siempre hablando de vinos bien elaborados. No obstante, la madera siegue siendo protagonista, pero ya no como antes, porque la mayoría de los vinos no tiene gustito a roble, o notas tostadas o ahumadas. Pero la madera bien usada aporta elegancia, consistencia y profundidad, estabiliza el color y le garantiza una guarda más prolongada, más allá de aportar lo suyo en la complejidad que el vino gane durante la estiba.

Por otra parte, el clima influye, pero los hacedores han sabido como aprender a manejar el viñedo para transformar esas condiciones en aportes positivos. Eso derivó, por ejemplo, en muchos Malbec del NOA con gran frescura. Y, a medida que se sube la apuesta cualitativa, el diferencial está puesto en el carácter de lugar. Y esto fue un descubrimiento empírico. Porque si bien hace aproximadamente un siglo se sabía que el Malbec se daba bien en Mendoza, principalmente en la Primera Zona, el estudio del suelo y otras variables externas, permitió llevarlo a distintos lugares. E incluso, descubrir que, en un mismo viñedo o una misma parcela, las mismas plantas podían dar vinos muy diferentes. Y eso que empezó a pasar en las bodegas puertas adentro, adquirió tanta relevancia, que muchos se animaron a embotellar “esos Malbec diferentes”. Y, lo más interesante de todo esto, es que esta película recién comienza. Porque si bien la máxima de cualquier hacedor es encontrar el mejor lugar para elaborar con una o más variedades, el mejor vino posible allí, el potencial del Malbec aún no se conoce. Los avances son notables, la realidad es contundente, pero su potencial es abrumador. Por eso, no hay que subestimar la diversidad del Malbec, por más que la palabra ya empiece a pasar de moda.