diciembre 11, 2025

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Burbujas todo el año

Es una de las categorías que más ha crecido y evolucionado en los últimos años. Hoy, lejos del consumo estacional; aunque fin de año sigue siendo la época de mayor consumo; los espumantes nacionales viven un momento de esplendor, y la diversidad alcanza a todos los paladares y bolsillos.

Por suerte en la Argentina, no hay un vino para cada ocasión sino cientos, y es por ello que, si bien las épocas del año influyen en el consumo, más lo hacen las situaciones. Por eso, desde hace varios años, se habla de la desestacionalización del consumo de vinos espumosos en nuestro país, ya que atrás quedó la época en la que solo se lucían durante las fiestas. Eso también potenció la diversidad y, gracias a la competitividad, hoy, la mayoría de las etiquetas “burbujeantes” disponibles en el mercado, son atractivas. Por eso se dice que hay espumosos para todos, ya que es una de las categorías que más ha crecido y evolucionado en los últimos años. Hoy, lejos del consumo estacional; aunque fin de año sigue siendo la época de mayor consumo; las burbujas nacionales viven un momento de esplendor, y la diversidad alcanza a todos los paladares y bolsillos. Empezando por los más simples y directos espumosos dulces naturales, cada vez más limpios en sus expresiones. Los formatos chicos (latas y botella 187cc) que llegaron para amplificar las ocasiones de consumo, van ganando terreno, sobre todo entre los más jóvenes. También se destacan los alternativos, dulces o amarguitos, ideales para preparar tragos o servir solos con hielo, como aperitivos o en cualquier situación. La oferta de vinos elaborados por el método Charmat, de estilo más frutados, se consolida en todas las categorías famosas; Brut y Extra Brut. Pero los que más se lucen son los que se hacen por el método tradicional, botella por botella. Desde los Nature; sin agregado de azúcar; hasta los Brut, en los que el licor de expedición marca un estilo, pasando por los Brut Nature y los más demandados Extra Brut. En general, todos ofrecen burbujas más finas y un carácter más delicado, con una acidez tensa que también hace a la estructura. Los hay más apoyados en la frescura y en las notas frutales, y los más complejos que recuerdan a frutas secas y pan tostado, debido al contacto prolongado sobre lías. En esos casos, los tiempos de la segunda fermentación van desde los 12 hasta los 70 meses y más, en busca de mayor complejidad. Todos son ideales para brindar, en cualquier momento del año.

Por otra parte, se sabe que el Champagne es el ícono de las celebraciones desde hace casi cuatro siglos. Originario de la región homónima, desde Francia ha conquistado al mundo. El Emperador Napoleón Bonaparte, uno de los símbolos militares y políticos más importantes de la historia de Europa, fue uno de sus primeros grandes impulsores al celebrar con Champagne sus muchas victorias. Más tarde se convirtió en un vino de élite y el favorito de los cosmopolitas y cortesanos de toda Europa, primero en la Corte Real Francesa y más tarde en las cortes de Alemania, España y Rusia. Actualmente sigue siendo el vino más elegido para brindar alrededor del mundo.

En la Argentina, hay una vasta cultura relacionada a las burbujas desde hace casi cien años, y hoy se puede decir que el consumo está bastante desestacionalizado. La calidad de los vinos y la diversidad que ofrecen las bodegas han sido la clave para que muchos consumidores no esperen a un festejo o a fin de año para descorchar un vino espumoso, ya sea elaborado por el método tradicional de la Champagne (Champenoise) o por el método Charmat (en grandes tanques presurizados). Y si bien el blend más elegido por los hacedores sigue siendo a base de Pinot Noir y Chardonnay; las uvas más utilizadas en la Champagne; los espumosos nacionales de hoy ofrecen un carácter propio, con frescura, equilibrio y, muchas veces, con elegancia y complejidad, ideales para lucirse en la mesa. Es por ello que en la Argentina ya no hay nada que envidiarle al vino más famoso del mundo.