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“Celele”, la joya gastronómica del caribe colombiano

Recientemente fue elegido como el restaurante N°48 del mundo (en “The World 50 Best 2025”). Además, ganó un premio a la sustentabilidad por su compromiso con el medio ambiente. Su chef, Jorge Rodríguez, es una de las grandes personalidades de la gastronomía de América del Sur. Estuvimos comiendo allí y te lo contamos en esta nota.

Ubicado en Cartagena de Indias, más precisamente en el colorido y bohemio barrio de Getsemaní, su fachada azul deslumbra (como así también su placa dorada que dice Celele). Debajo, todas las premiaciones y reconocimientos obtenidos desde el 2019 (apenas un año después de su apertura en 2018).

La palabra Celele, en la cultura colombiana, ostenta varios significados. En la costa caribe, principalmente, se refiere a una sopa tradicional de cerdo salado, frijoles y leche de coco (conocida como “celele de cerdo”). También a un aderezo hecho a base de ají y suero costeño. Además, para algunos es una forma popular de decir “hacer el amor”. De esta forma se usa en la Champeta (género musical y popular originado en los barrios marginales de Cartagena). Mientras que en Barranquilla cuando una persona es muy intensa se le dice, “deja el Celele”.

Lo cierto es que “Celele”, ese es el nombre de uno de los mejores restaurantes de Latinoamérica y top 50 del mundo. Un lugar donde su chef y creador Jaime Rodríguez, muestra al mundo los productos colombianos. Principalmente del Caribe y sus influencias culturales provenientes del mestizaje. Todo esto poniendo en valor la materia prima de la región y sus productores. Y llevando la cocina colombiana a otro nivel.

Para realizar todo esto, hace algunos años fundó el proyecto “Caribe Lab”.  Allí a través del recorrido y la investigación del territorio, de sus productos, las costumbres, las tradiciones y la biodiversidad del caribe colombiano, recuperó recetas, preparaciones ancestrales y técnicas que estaban desapareciendo. Como así también sabores e ingredientes hasta ese momento desconocidos.

Todo este trabajo realizado por el chef (formado en Akelarre en el País Vasco y en varias cocinas colombianas), hizo que en el 2019 sea reconocido por los 50 Best Latin América como “Miele One to Watch Award” (el premio se entrega a restaurantes que son promesas de una región). A partir de allí no pararon de obtener reconocimientos. De hecho, la semana pasada fueron incluidos en el ranking de los 50 mejores restaurantes del mundo (e incluso como el más sustentable). “Gracias a su excepcional compromiso con el medio ambiente, las comunidades locales y el abastecimiento ético, “Celele” es el merecido ganador del Premio al Restaurante Sostenible 2025 declararon desde 50 Best. “Los ingeniosos esquemas de reducción de residuos ayudan a Celele a minimizar su impacto ambiental, como un sistema de lavado de platos que incorpora la recirculación de agua y una ética de “semilla a cáscara” que ayuda a reducir drásticamente el desperdicio de alimentos al incorporar más del 90 por ciento de todos los insumos agrícolas en su totalidad. El equipo también colabora con una empresa para reciclar materiales como vidrio, cartón y aparatos electrónicos obsoletos”, comentaron desde la organización.

Al ingresar, el local es colorido y con grandes murales que grafican la flora y fauna de la selva colombiana. Se observan algunos cuadros de artistas locales, una pequeña cocina a la vista y una gran estantería con frascos que contienen distintas preparaciones, fermentos y conservas de diferentes colores. Un poco más allá, un pequeño patio interno junto a su barra de coctelería. Las mesas y sillas de madera sin mantelería denotan simpleza y calidez. La vajilla que utilizan fue realizada en su mayoría por artesanos locales y los vasos están hechos de botellas recicladas.

La característica interesante y distintiva de “Celele” es que su menú no es únicamente por pasos. También se puede comer a la carta y con precios muy por debajo que otros restaurantes de su mismo perfil y presentes en la lista de los 50 Best. Eso lo hace más accesible que los restaurantes que sólo tienen menúes por pasos costosos.  “Prefiero una propuesta más democrática en la que la mayoría de las personas pague un precio razonable por platos ricos que reflejen la investigación de nuestros ecosistemas desarrollada en el Proyecto Caribe Lab. Porciones generosas que conjuguen estética, historia y sabor” afirmó Jaime en una entrevista.

La carta tiene ocho entradas, siete principales (o fuertes) y cinco postres fusionando la cocina Indígena, africana, española y árabe. Son un viaje a través de la región con productos, sabores y técnicas bajo una belleza única en cada plato.

El viaje comienza al tomar asiento. Te reciben con cazabe, que es una tortilla (o pan), preparado con yuca rallada, acompañado con una mantequilla de ajonjolí blanco (sésamo blanco). Todo esto mientras toman el pedido de las bebidas (tienen una linda carta de vinos de todo el mundo realizada por la sommelier Gabriela Lafuente, con bodegas argentinas como:  Colomé, Durigutti, Catena Zapata, Aleanna, Trapiche, Noemia y Chandon). Además de varias opciones de cervezas locales, coctelería de autor con y sin alcohol (mocktails), jugos, licores y destilados.

Bajo la sugerencia del impecable servicio, comenzamos con el Salpicón de pescado gratinado, marlin y robalo con una salsa bechamel hecha de coco y ñame (tubérculo parecido a la yuca) y queso momposino (que es un queso fresco local). Por encima tenía un gratinado de tierra de queso costeño y polvo de cilantro servido con cazabel ajillo, que era una tortilla de yuca con aceite de ajo. La recomendación fue no mezclar las dos mitades, sino cuchariar para percibir los diferentes ingredientes de manera ordenada. Al entrar al paladar iban apareciendo por capas todos los sabores y texturas, dependiendo la mitad del plato que probáramos. Al principio, el sabor a mar con el marlín o el robalo, seguido de la cremosidad del queso y la salsa bechamel de coco enmarcado por la crocancia de la tierra de queso y el polvo de cilantro.

Seguimos con el Cangrejo Caribeño. Nos explicaron que con este plato el chef trata de traer un desayuno costeño a la mesa agregándole por supuesto una parte importante que es la proteína del cangrejo. Sumada a la costumbre de comer arepa, en este caso una típica de Santa Marta que es una arepa hecha de maíz blanco con queso costeño asada sobre una hoja de Bijao (similar a la hoja del plátano). En la cocina de “Celele” se utilizan muchas hojas para sus preparaciones. Dentro de la concha venía la carne del cangrejo con un machucado de ají dulce, con tomate, cebolla, ajo y ají topito local, unas habichuelas verdes (alubias) rostizadas y en la superficie dos texturas que estaban hechas con huevo de gallina. Por un lado, en los costados había unas perlas con cebollín (verdeo) finamente picado y en el centro una emulsión de la yema de huevo. En este plato, la recomendación fue voltear la concha del cangrejo y que su relleno caiga sobre la arepa para comer directamente de allí. Otro plato de capas, texturas y sabores con personalidad. La carne del cangrejo se combinaba sutilmente con la cremosidad de la emulsión de la yema del huevo y de la arepa, donde las perlas aportaban una cuota de crocancia fresca gracias al cebollín o verdeo picado. Simplemente espectacular.

Como plato principal o fuerte, probamos el Celele de Cerdo, obviamente. Contenía seis variedades de fríjoles caribeños con diferentes texturas y tiempos de cocción. Allí el mesero, nos empezó a mostrar uno por uno las variedades de frijoles (Zaragoza o fríjol rojo; Zaragoza o fríjol negro; Palomito o fríjol blanco; Guandú; Diablito y Mungo que al estar frito le aportaba crocancia). Sumado a un puré de guineo paso, que es una banana que se deshidrata y luego se prepara un puré, y la bondiola de cerdo en forma de terrina confitada. Es decir, cocinada en su propia grasa. Por encima, una ensaladilla de col finamente picada con polvo de cilantro, cebollín picado y coralito amarillo que es una flor comestible. A toda esa obra le agregaron un caldo tipo sancocho hecho con yuca, ñame, plátano, leche de coco y un poco de cerdo. Y para finalizar, unas gotitas de aceite de ajíes dulces para aromatizar. Una bomba en el paladar de sabores, texturas y sensaciones, muy difíciles de procesar y poner en palabras.

Para finalizar este viaje gastronómico por el caribe colombiano, probamos el Cremoso de chocolate de la Sierra Nevada de Santa Marta. Nos encontramos un cacao al 70%, con una ganache de chocolate blanco. En el centro un sorbete de borojo (fruta típica del pacífico) para refrescar, junto a un crumble o un crocante de guaimaro (árbol tropical), algarrobo y maíz negrito o maíz cariaco que aportaba crocancia. Como decoración láminas o lajas de leche y flores estrella de Belén totalmente comestible y bellas. Aquí la recomendación fue que se combinen todos los sabores en cada cucharada y percibir las diferentes texturas combinadas.

Además de todo el trabajo de investigación, desarrollo y revalorización de los productos, Celele cumple una función social. Compra directamente a agricultores y pescadores para garantizar ingresos justos y estables. Esto, además de apoyar acciones sostenibles como los métodos de pesca tradicionales que protegen las poblaciones y los ecosistemas locales. Asimismo, compran flores frescas y verduras de la comunidad de Granitos de Paz, una fundación que crea huertos urbanos en zonas vulnerables de la ciudad. De esta manera generan oportunidades y mejora la calidad de vida de los ciudadanos.

Si visitan Cartagena, no duden en ir a conocer este gran espacio culinario. No sólo vivirán una experiencia gastronómica muy especial, sino que también estarán contribuyendo a todo el trabajo social que realiza el chef Jaime Rodríguez con su equipo.

DATOS

Celele Restaurante. Calle del Espíritu Santo, Getsemaní, Cartagena. Bolívar, Colombia.

IG: @celele_restaurante

Web: celelerestaurante.com