Es verdad que el vino se puede disfrutar de muchas maneras. Pero también que se puede sentir más placer si se tiene en cuenta algunos factores. Comprendiendo que en la opinión de un vino son un puñado de cosas las que influyen, además del líquido que viene en las botellas; el ambiente, la compañía, la comida y el estado de ánimo. Pero también aspectos que están relacionados directamente con el servicio como la temperatura de los vinos y las copas. Y es este último elemento que se ha vuelto fundamental, ya que es de los pocos accesorios vínicos que supo evolucionar para estar a la altura de lo que exige su diversidad. Es por ello que la copa es uno de los factores más importantes para lograr un mayor disfrute del vino. Porque está pensada para hacer lucir el vino. Por algo existen diseños para cada tipo. El pie de apoyo es importante, el tallo también, para poder agarrarla sin que la temperatura de la mano modifique la del vino. Y el cáliz, para apreciarlo mejor. Las de vino blanco y rosado son más pequeñas que las de vinos tintos, porque mantienen mejor la temperatura. También son especiales las del vino más elegido por los argentinos para sus celebraciones; el vino espumoso. Pocos saben que la mejor copa para servirlo y disfrutarlo no es la flauta. Tampoco la copa abierta y chata, inspirada en los pechos de María Antonieta. La mejor copa para servir un Champagne es la de vino blanco. Sí, porque se trata de un vino vinificado como blanco, más allá de sus burbujas. Este tipo de copas; siempre servida hasta el Ecuador (la parte más ancha), permite apreciar también sus burbujas. Es cierto que no tanto por su recorrido, pero sí cuando llegan a la superficie formando un rosario. Además, al ser de boca más ancha, se pueden apreciar mejor los aromas sin que moleste el gas carbónico. Por último, la diferencia está en la manera en la que el espumoso entra en la boca y tapiza la lengua con sus texturas vibrantes, combinación de burbujas y acidez sostenida. Aunque es cierto que la copa flauta sigue siendo la más utilizada, porque es un ícono de esos momentos, y está omnipresente en todas las casas.
Por eso, desde hace varios años, las formas de las copas de vinos están muy bien pensadas. Si el vino es más ácido, la copa hará que el trago ingrese por la punta de la lengua, donde se percibe más el gusto dulce. Así, se sentirá más equilibrado. Por el contrario, las copas para vinos menos ácidos tienen boca más ancha, para que el vino rodee la lengua, ya que a los costados está la mayor cantidad de papilas gustativas que detectan los ácidos. A esto se le suman diseños y materiales, siendo el cristal el mejor, ya que su fineza permite sentir el vino en los labios incluso, antes de que ingrese a la boca. Tener diferentes copas para vinos puede ser útil. Porque si bien el vino se puede disfrutar hasta en vasos, hay diseños que están pensados para exaltar sus cualidades y diferencias. No por casualidad las de Champagne son de boca fina y altas. Para que la nariz no entre y no se respire el CO2 (que hace picar), a la vez que retiene más burbujas. Las de vino blanco suelen ser más pequeñas porque mantienen mejor la temperatura fresca de servicio. Por último, las de tintos suelen tener un cáliz (parte superior) más ancho, así la superficie de contacto con el aire del vino es mayor. Y más cerrada en su boca para retener los aromas cuando se agita la copa. Para vinos naturalmente más ácidos (Borgoña, Riesling) la boca es cerrada e incluso con el labio hacia afuera. Esto permitirá al vino entrar a la boca por la parte donde más captamos lo dulce (punta de la lengua), y así atenuar el impacto de la acidez. Por el contrario, para vinos más voluptuosos (Burdeos, Syrah) las copas de boca ancha y borde fino, invitarán al vino a entrar por el centro y derramar hacia los costados, para tener una sensación cabal de sus texturas y sabores.
A esto, hay que agregar que la oxigenación del vino permite que se vaya abriendo y, gracias a su boca más cerrada, esos aromas quedan retenidos (cámara de aromas), permitiendo al comensal captar su esencia al respirarlo. Recordando que los aromas son parte fundamental de los sabores, ya que estos son la suma de los gustos (hay cinco básicos) y los aromas. Es por ello que es tan importante sentir los aromas del vino como saborearlo. Y para eso, la copa es el elemento fundamental.