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Cosecha 2025; cambia, todo cambia

Andrea Ferreyra, la reconocida enóloga de La Celia, no puede creer lo que está sucediendo, ya que nunca, en la historia de la bodega, y desde que ella está (2006), cosecharon tan pronto el Malbec para el Heritage, uno de los vinos top de la casa. Lo hicieron en febrero de 2025. Esto refleja lo “corta” que será la vendimia.

Todo cambia, es un tema de la querida Negra Sosa (de pie) de 1984, y en su estribillo decía: “cambia, todo cambia”. Y eso, al parecer es lo que está pasando con las cosechas últimamente. Todavía no se sabe a ciencia cierta si es producto del cambio climático o simplemente algo cíclico; el tiempo dirá. Mientras tanto los agrónomos y enólogos deben adaptarse a lo que viene. Y si bien recién arranca Marzo, y esta semana es el plato fuerte de la celebración de la Fiesta Nacional de la Vendimia en Mendoza, la cosecha ya está concluyendo en muchas zonas. Esto se debe a que todo viene muy adelantado, hasta tres semanas en algunas zonas. Andrea Ferreyra, la reconocida enóloga de La Celia, no puede creer lo que está sucediendo, ya que nunca, en la historia de la bodega, y desde que ella está (2006), cosecharon tan pronto el Malbec para el Heritage, uno de los vinos top de la casa. Lo hicieron en febrero de 2025. Esto refleja lo “corta” que será la vendimia. Ya que generalmente, en todo el país primero se cosechan las uvas para elaborar los vinos bases de los espumosos. Luego las blancas y las tintas de ciclo más corto, como Pinot Noir, Merlot o Tempranillo. Y después las demás, siendo Cabernet Sauvignon y Tannat de las que más tiempo necesitan en la planta. Pero esto no es matemático, sino que depende de la naturaleza. Y al parecer el 2025 va a ser un año “raro”. Hablando con distintos enólogos me explicaban que los grados BRIX ya están (son una unidad de cantidad -símbolo °Bx- y sirven para determinar el cociente total de materia seca -generalmente azúcares- disuelta en un líquido. Si los BRIX ya estaban alrededor de 24 a fines de febrero, significa que saldrán vinos con 14% de alcohol potencial. Esto no sería novedad para un vino argentino de buena calidad, pero sí lo es si aún a la uva le falta madurar los demás componentes. Marcelo Pelleriti, uno de los enólogos más reconocidos del país, mostraba que ya estaban los BRIX (en 24,3), pero el PH todavía era muy bajo (3,3). Esto quiere decir que en la uva no solo es importante el azúcar para el alcohol, sino también la madurez de los polifenoles para la estructura, el carácter y la longevidad de los vinos. Por su parte, Ana Paula Bartolucci, la joven enóloga al mando de las burbujas en Chandon está porque la calidad es excelente. Y si bien se le juntaron las uvas de todas las zonas, como ellos tienen gran capacidad de recepción (siete lagares) y molienda, pudieron hacer frente a “la cosecha más corta que ella recuerda”.  Para Matías Michelini, otro de los nombres más respetados de la enología nacional, también estaba sucediendo todo muy rápido en esta vendimia, e hizo el chiste que por primera vez se iba a poder tomar las vacaciones el 15 de marzo, en alusión a lo rápido que está avanzando todo.

Claro que esto es a nivel general, ya que al final de cuentas cada enólogo, agrónomo y hacedor logrará sortear las dificultades de diferentes maneras, en función a como se haya preparado para las contingencias que siempre deparan las cosechas. Es por ello que aún no se puede hablar de una calidad o efecto general de la cosecha 2025, habrá que esperar a ver qué pasa cuando lleguen los vinos al mercado.

Pero sí, esta 2025 está dejando algo claro. Su rareza confirma que algo está cambiando. Sobre todo, si miramos para atrás, Hasta el comienzo de este milenio, no se hablaba del efecto de las cosechas en los vinos. Es más, se resaltaba tanto la “regularidad” climática de la Región de Cuyo (principal zona productiva) que la añada solo era un número que cambiaba en las etiquetas. Con el cambio del milenio y la necesidad de los vinos argentinos de salir al mundo, comenzamos a poner el foco en aquellas cuestiones que podían ser diferenciales, y también en la información. Así fue que la cosecha 2002 se catalogó, en su momento, como la mejor de las últimas décadas anteriores. Y desde entonces, el clima, empezó a ser un factor más explicado por los hacedores, no tanto para explicar el estilo de sus vinos, pero sí para justificar la calidad de las uvas. Luego vino el “descubrimiento” de los suelos, y nació otra relación con el clima. Porque yo no se trataba solo de la influencia superficial del clima en las plantas, sino de cómo la marcha climática alteraba el comportamiento de las plantas, de acuerdo a la composición de los suelos, entre otros factores. Hasta que llegó la cosecha 2016; polémica. Tan fresca como lluviosa, desafiante. Tanto que la mayoría la sufrió. Pero los pocos que la vieron venir y se prepararon, tuvieron sus premios. Como Alejandro Vigil, que logró los primeros 100 puntos de Robert Parker para un Malbec. La 2017, volvió a ser clásica. La 2018 y 2019 están en discusión si son las mejores de la historia. La 2020, adelantada por los calores, más allá de las complicaciones por la pandemia. 2021, 2022, 2023 y 2024, con distintas complicaciones, cada una con niveles medios de temperaturas cambiantes y lluvias. Y ahora la 2025, en la que todo está sucediendo muy rápido. Claro, la vitivinicultura es un gran trabajo con oficina a “cielo abierto”. Y suena lógico. Por suerte, todo el valor agregado en el vino, gracias a la evolución de la industria, hace que estás vicisitudes temporales sean parte de la historia de cada vendimia, sin frenar el avance cualitativo, más allá de las complicaciones. Después se verá quiénes ganan las batallas estilísticas o de zonas, o si surgirán nuevas tendencias, como lo fueran en su momento los vinos en cemento sin paso por madera, o si regresarán con gloria los vinos con crianza. Y si todo cambia o nada cambia, seguiremos disfrutando los vinos argentinos como siempre; o más.