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¿Cuándo guardar un vino?

El acto estibar una botella puede ser sentimental, consciente o inconsciente y, en base a ello, ser positivo o negativo para el vino...

Si bien hay parámetros básicos que indican cuales vinos mejoran con la estiba, hay muchos otros factores que a veces tientan para dejar guardadas botellas en las cavas por mucho tiempo. Un regalo, un vino muy especial, la curiosidad, etc. No obstante, vinos que sin dudas mejorarán con el paso del tiempo y si se los espera, se los puede disfrutar más. Muchos pueden ser los motivos que llevan a guardar un vino, y no tienen que ver necesariamente con el conocimiento, ya que en la mayoría de los casos no se está muy pendiente de ello, salvo aquellos enófilos que cuentan con su propia cava o climatizadora en casa. El acto de guardar o estibar una botella puede ser sentimental, consciente o inconsciente y, en base a ello, ser positivo o negativo para el vino. Por esto, porque tampoco es sencillo conseguir las condiciones adecuadas para guardar un vino por mucho tiempo, y por la calidad del vino en sí mismo, es que no existe una fórmula para saber cuál etiqueta mejorará con el tiempo. Y si bien se puede recurrir a los medios especializados, a los vendedores de confianza en las vinotecas o incluso en algunos casos a las contra etiquetas, la mejor manera es degustando el vino primero. Conocerlo y darse cuenta si tiene enjundia (vino brioso y joven), potencia (suficiente alcohol), estructura (básicamente por los taninos), frescura sostenida (dada por la acidez) y un conjunto de sabores capaces de expresar muchas cosas. Si se supone que la estiba le brindará más armonía (los taninos se polimerizan y por ende la textura se suaviza) y una mayor complejidad (los sabores se funden y se multiplican con sutileza), entonces no será tan difícil adivinar que a un vino con todo lo antes mencionado le venga bien un corto o un mediano largo descanso en la cava. Generalmente se considera que el mejor momento de disfrutar los grandes vinos argentinos es alrededor del quinto año de vida, por más que muchos enólogos aseguren desde las fichas técnicas, páginas web o contra etiquetas, que tienen un potencial de vida de diez o quince años. Ya que, si bien no se puede dudar de ellos; porque son los que más conocen sus vinos; hay cosas que se empiezan a perder, aunque también ganen otros atributos. Además, hay que aclarar que degustar un vino guardado por mucho tiempo es otra experiencia totalmente distinta a la de descorchar un vino joven para disfrutar en la mesa.

Por otra parte, si bien hay vinos con 20, 30, 40 y 50 años de guarda disponibles en el mercado local, todavía no hay tanta experiencia en la materia, ya que son pocos los grandes vinos de hoy y que acusan más de diez cosechas guardadas, al menos que se elaboren de la misma manera, con la uva del mismo origen y respetando los mismos principios y conceptos. Ya que solo así se puede entender como un vino evoluciona a través del tiempo, siendo la única variable diferente, el clima de cada añada.

El placer de tener vinos a mano, de esos que se prefieren, listos para ser descorchados o regalados, no se le puede negar a nadie. Pero hay que tener en claro que el tiempo por sí sólo no mejora el vino. Y, por ende, no todos los vinos están concebidos para vivir con gracias durante muchos años. En la Argentina, el sol y las características de los terruños en general, permiten vinos con fuerza y buena madurez. Eso explica que muchos de ellos no lleguen al mercado con el equilibrio y la elegancia que sus hacedores pregonan. Claro, difícil que un vino importante logre todo eso recién llegado al mercado. Aunque sin dudas, si está bien concebido, la estiba le otorgue todos esos atributos.

No obstante, no hace falta esperar un momento especial para descorchar uno de esos vinos que están en la cava, sino que, gracias a uno de esos vinos, se puede crear un momento especial. Sabiendo que los vinos se podrán suavizar con la guarda, pero no mejorar en calidad. Y así como la sedosidad es muy apreciada, también lo puede ser el ímpetu y la fuerza de sus expresiones en boca, sobre todo si en la mesa la propuesta gastronómica demanda un vino contundente. Por su parte, no son mejores los sabores complejos que se generan dentro de la botella por el paso del tiempo, que los más frescos, propios de los vinos en su primera etapa.

En conclusión, para guardar un vino hace falta conocerlo e irle siguiendo los pasos año tras años. Es por ello que siempre se recomienda comprar una caja (6 botellas) del vino que se quiere guardar, y no una sola. Y, tener bien claro, que la experiencia que ofrece un vino de cosecha actual puede ser tan atractiva como la de los vinos que ya reposaron unos años en la cava.