diciembre 12, 2025

Mendoza - Argentina

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¿Degustamos con todos los sentidos?

La gran mayoría de los consumidores no conocen aún las zonas vitivinícolas, y eso no implica que no puedan disfrutar el vino. Por su parte, no hace falta saber para sentir placer. Pero, así como el conocimiento amplifica el placer, también permite disfrutar los vinos en plenitud. Una experiencia que se puede realizar en casa y cambia mucho la percepción, de uno y de los comensales invitados, es primero degustar un vino y después conocerlo.

Entiendo muy bien que el placer de la mayoría cuando disfruta un vino pasa por el momento compartido más que por la calidad, el estilo y el “mensaje” del vino. Pero también que, gracias a ello, el vino se fue haciendo de un lugar diferente. Hoy, más allá que el consumo per cápita esté en los mínimos históricos, el vino significa mucho más que una bebida para todo aquel que lo toma prestándole alguito de atención. Es cierto que no es lo más importante, ya que el vino (la bebida que viene embotellada y pasa a las copas) es solo una parte de un todo, conformado por el entorno, el estado de ánimo, la compañía y la comida, entre otros factores. Más allá de los elementos y cuestiones que hay que tener en cuenta para disfrutar más los vinos como las copas, la temperatura de servicio y el maridaje.

Pero es el vino, el que puede transformar una noche más en una noche memorable. Se sabe que para apreciarlo en plenitud hay que mirarlo, porque sus tonos dicen muchas cosas. También respirarlo, porque sus aromas hablan del estilo, la calidad y la intensidad del vino, anticipando lo que vendrá en la boca. Y luego degustarlo, para apreciar todos sus matices de sabores y texturas. Si eso se hace prestando atención, se logrará captar la esencia del vino y entender cuánto placer le causa a cada uno. Y listo, después, hay que seguir disfrutándolo como se quiera, ya que no es necesario estar toda la noche mirando la copa, u oliéndola o saboreándola como si fuese la primera vez. Una vez decodificado el vino, hay que tomarlo al ritmo deseado. Y siempre alternar con agua para hidratarse y así poder disfrutar más vinos.

Y si bien los gustos y las preferencias son personales e indiscutibles, hay ciertos consensos que se dan. Por un lado, el de la calidad, porque un buen vino lo es para todos como también lo es un gran vino, ya que la calidad se siente, aunque no se pueda explicar o describir. Por otro lado, se dice que el lugar donde más se disfrutan los vinos es en el lugar donde se elaboran y con sus hacedores. Esa es una de las claves del éxito del enoturismo de los últimos años, ya que los entornos que ofrecen las bodegas son soñados, más allá de la buena predisposición de los visitantes. Y siempre pasa lo mismo. Al volver a casa y compartir esa botella que sorprendió en el viaje con los amigos, el resultado no es el mismo. ¿Por qué? Muy simple. Porque el vino no solo se degusta con la vista, el olfato y el gusto, sino con todos los sentidos. Es por eso que en las bodegas el vino gusta más, porque se aprecia de otra forma. La vista no solo está concentrada en la copa sino en el imponente paisaje y la inmensa naturaleza. Los aromas que saltan de la copa al girarla, se entremezclan con el de las hierbas silvestres, la flora nativa y los olores de las cocinas regionales, todo en un marco de aire puro. Y al degustarlo, no es solo cuestión de la reacción de las papilas gustativas, sino de la gran cantidad de estímulos que está recibiendo el cerebro al mismo tiempo que ingresa cada sorbo a la boca. En ese instante no solo se consume un trago de vino, sino también un pedazo de paisaje o un párrafo de historia o las palabras del hacedor. Por eso, el vino sabe muy diferente en su lugar de origen, más allá que sea el mismo que llega a las vinotecas y de ahí a las casas.

Por eso, para lograr el mismo efecto, hay que usar más la imaginación. Es cierto que la gran mayoría de los consumidores no conocen aún las zonas vitivinícolas, y eso no implica que no puedan disfrutar el vino. Por su parte, no hace falta saber para sentir placer. Pero, así como el conocimiento amplifica el placer, también permite disfrutar los vinos en plenitud. Una experiencia que se puede realizar en casa y cambia mucho la percepción, de uno y de los comensales invitados, es primero degustar un vino y después conocerlo. No se trata de una degustación a ciegas, sino de una manera interactiva de conocer vinos de lugares. Aprovechando que hoy muchas bodegas generan piezas audiovisuales (videos) muy elocuentes, contando el origen de sus vinos y su esencia. Se puede degustar un vino, luego ver el video, y luego volver a degustarlo, para comprobar cómo, degustando con “todos” los sentidos, el resultado cambia. No significa que cambie o mejore el vino, pero sirve para acercar de una manera diferente el vino a los consumidores. Sobre todo, cuando se trata de vinos extremos que suelen ser más concentrados o con ciertas aristas rústicas propias de su elaboración o bien de su lugar de origen. Y, viendo de donde provienen hasta lo que hay en la copa, la opinión se forma mejor, y el vino, sin dudas, gustará más. Porque detrás de cada buen vino hay muchas manos y mucho esfuerzo. Historias, paisajes y personajes que merecen ser conocidos, aunque sea de manera virtual. Y así, el mayor disfrute de cada vino estará asegurado.