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Después del Malbec, más Malbec; ¿por qué?

El futuro del Malbec está en el origen. Si bien durante muchos años, el gran desafío fue que el mundo conociera el Malbec, hoy, el desafío es que el mundo entienda de dónde viene y las características que lo distinguen. La próxima etapa será profundizar la conversación en torno a la altura, los suelos, las parcelas y los micro-terroirs.

Si bien cada cual es libre y puede elegir el vino que quiera, lo interesante para la Argentina es tener una variedad de uva que da un vino que es admirado en todo el mundo. Y si no lo es más, no es porque al Malbec le falte algo, sino por falta de recursos para invertir en su difusión para poder posicionarlo en todos los mercados consumidores del mundo. Por eso, se vuelve más importante la participación del mercado interno, es decir los consumidores argentinos. Porque para lograr un posicionamiento consistente a nivel global, primero se debe consolidar en su lugar de origen. Claro que la variedad es de origen francés, pero hoy en el mundo, Malbec es sinónimo de la Argentina, sin que ello implique ignorar que la uva nació en Cahors, al Sudoeste de Francia.

Por otra parte, este es un proceso que recién comienza, porque en el vino todo lleva tiempo. Así como los viticultores hacedores deben esperar un año (o más) para comprobar si sus decisiones son acertadas, el desarrollo de una cultura vínica de un pueblo lleva mucho tiempo. Todo comenzó en 1853 con la llegada del Malbec a la Argentina. Y si bien en ese momento nadie le dio importancia al nombre, fue una de las variedades francesas que llegaron para reconvertir los viñedos y sentar las bases de la industria. Pero con el tiempo, y en silencio, se fue adaptando mejor que las demás, y por eso fue elegida para ampliar superficies. Dejando las crisis de lado, eternas en la Argentina, la uva se adaptó tan bien en las principales regiones vitivinícolas, que el know how se fue transmitiendo de generación en generación. Y eso, no solo cimentó las bases de los grandes vinos de hoy, sino que fue clave para definirles una identidad. Porque si bien la tecnología ayudó mucho, hoy la filosofía detrás de los mejores vinos tiene más que ver con lo que decían o hacían “los viejos” que con la innovación. La observación, el respeto por el lugar y la vinificación cuidada, son algunos de los legados. Es decir que a esa experiencia heredada se le sumaron muchas más con cada cosecha. Y la vara la fue levantando el mercado. Porque mientras los argentinos tomábamos todos los vinos elaborados, muy pocos se preocupaban por evolucionar. Sin embargo, cuando llegó la crisis y el consumo de esos vinos se derrumbó, la industria se vio obligada a cambiar, Y ahí nacieron los nuevos vinos argentinos, con el Malbec a la cabeza.

Un vino de bandera va mucho más allá del patriotismo, porque es un vino que representa al país. Por eso, cuánto mejor lo haga, mejor para todos. Y no importa si se consume o no vino, es algo que todos debemos querer, como ver ganar a la selección en el mundial sin que guste tanto el fútbol. Y ese sentido de pertenencia que se siente cuando algo lo representa a uno, si el vino gusta, se transforma en orgullo. Y eso es lo que ofrece el Malbec como ningún otro vino argentino. Porque se sabe es la mejor carta casi todas las bodegas. El vino que más les piden y con el cuál quieren diferenciarse más del otro. Aunque hay muchos otros. Por suerte, el Malbec y su amabilidad, son ideales para lucirse en todos los segmentos y en diversos estilos. Siempre cae bien parado porque en la copa y desde el primer sorbo es expresivo y agradable, con texturas dóciles y sabores que se reconocen. Claro que hay algunos exponentes con muchos más atributos.

Lo importante es que cada argentino que el Malbec es distinto y es el único que nos puede diferenciar en el mundo del vino.

El desafío que viene para el Malbec argentino en el mundo es muy grande. Sabemos que a nivel internacional se consolidó como mucho más que una cepa emblemática, logrando ser considerada una categoría, asociada a origen, con calidad y personalidad. Este principio de reconocimiento global se sostiene tanto por su perfil versátil como por su capacidad de ofrecer vinos cada vez más precisos, complejos y ligados al terroir.

Es por ello que el futuro del Malbec está en el origen. Si bien durante muchos años, el gran desafío fue que el mundo conociera el Malbec, hoy, el desafío es que el mundo entienda de dónde viene y las características que lo distinguen. De ahí que la próxima etapa será profundizar la conversación en torno a la altura, los suelos, las parcelas y los micro-terroirs. Es decir, pasar de hablar simplemente de “Malbec” a hablar de Malbec de montaña, de Valle de Uco, de Gualtallary o de Paraje Altamira.

Hoy, el Malbec no es solo un emblema argentino, sino una variedad capaz de revelar, con nitidez y carácter, la esencia de los diferentes lugares de donde provienen los vinos. Y eso es lo que hace único a un vino, lo especial de su origen, siempre y cuando se pueda reflejar en las copas. Hoy, la Argentina tienen gran oportunidad y los winemakers locales lo saben. Pero necesitan del apoyo y la confianza del consumidor, porque más allá del Malbec preferido, en todos se siente el orgullo nacional.