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El vino es un buen negocio

Cada vez que se descorcha un vino, sea donde sea, hay gente brindando y festejando. Y los bodegueros son los responsables de ello, con la satisfacción que ello implica.

A pesar que los bodegueros digan que una bodega es “la manera más divertida de perder plata” o que “para hacer una pequeña fortuna haciendo vinos hay que partir de una gran fortuna”, el vino es un buen negocio.

Para la IA, “un buen negocio es una actividad económica sostenible que genera beneficios significativos y constantes, ofreciendo valor real a los clientes. Se caracteriza por márgenes sólidos, ventaja competitiva, capacidad de escalabilidad y una buena reputación, operando ética y eficientemente. Además, implica pasión, innovación y el cumplimiento de necesidades del mercado”. Claro está que, si en la Argentina se analiza lo que pasó en el sector en 2025, el resultado económico de la mayoría de las bodegas arrojaría saldo negativo. Pero al vino hay que medirlo a largo plazo, porque es un producto del campo. Es decir, que los bodegueros al mirar para atrás, para “atenuar” el impacto negativo del 2025, deberían analizarlo junto con otros años, digamos 5 o 10 años atrás. Y ahí sí, sacar conclusiones que, si son negativas es evidente que no es buen negocio. Lo que no sería evidente que sea culpa del vino.

Pero más allá de cómo se lo analice, hay un aspecto que es el fundamental. El vino da placer más que dividendos. Es cierto. ¿Pero cuánto vale el placer? ¿Cuánto valen los buenos momentos que genera el vino y su producción a los que lo producen? No debe haber otro rubro que otorgue más gratificaciones en cuánto a reconocimientos por parte del mercado. Que parten del “premio” que significa la compra de una botella por parte de un consumidor, y que este la comparta con los suyos. Hasta los reconocimientos que trascienden las fronteras como los premios, las medallas y los puntajes. ¿Cuánto valen esos premios? ¿Y cuántas puertas abren? Seguramente los empresarios saben que hay rubros más rentables que otros, más allá de las dificultados de la Argentina. Y, dejando de lado las “obligaciones” tradicionales de continuar con legados, el vino es, sin duda, uno de los rubros más entretenidos, atractivos y gratificantes para desarrollarse. Porque, en definitiva, se trabaja para generar recursos y tener un buen pasar. Pero lo más importante de ese buen pasar es poder tener tiempo libre. Tiempo libre para “gastarlo” como cada uno quiera. Y más allá de los hobbies específicos, la gran mayoría de los empresarios diría para viajar y poder disfrutar más tiempo con sus seres queridos. Y muchos de esos encuentros, seguro serían alrededor de una mesa, en cualquier lugar del mundo. Es decir que hay personas que trabajan todo el día pensando en llegar a lograr eso. Muchos lo logran, mientras que otros siguen trabajando. Bueno, en el mundo del vino todos hacen eso. Quizás viajan menos, pero el disfrute alrededor de una mesa es constante. Porque es la mejor manera de promover lo que hacen. Es por ello que parece que los bodegueros no trabajaran, porque cuando lo están haciendo, parece que estuvieron disfrutando. Porque es lo que todo empresario quisiera hacer. Más allá que los “bienes de cambio” que producen son muy requeridos ya que más que una bebida, significan placer embotellado. Es decir que, cada vez que se descorcha un vino, sea donde sea, hay gente brindando y festejando. Y los bodegueros son los responsables de ello, con la satisfacción que ello implica. Es decir que lo que es poco factible o no muy común en los demás rubros, en el mundo del vino es moneda corriente. Porque esa es la esencia de toda bodega; producir placer. Eso explica que para venderlo haya que viajar y sentarse a almorzar y cenar en diversos restaurantes de diferentes ciudades. Claro que también es cansador y que las bodegas, como cualquier otra empresa, tienen sus problemáticas cotidianas. Pero qué pasaría si se pudiera cuantificar cuánto vale brindar placer. O, visto desde otro aspecto, cuánto vale trabajar disfrutando cuando la mayoría trabaja para poder disfrutar. Cuá l es el valor real de dedicarle toda una vida al vino, disfrutando durante las horas de trabajo. Solo aquellos que están adentro del “juego” y pueden ver el bosque, saben que el vino es un buen negocio.