La historia de Cara Sur comienza y transcurre en Barreal, un valle de San Juan con muy pocos habitantes, donde la naturaleza se mueve a su ritmo y con sus desafíos. La bodega nació buscándolos a ellos, más que al vino en sí. Francisco “Pancho” Bugallo, creador y fundador, se inspiró en la montaña y en la amplitud del paisaje de la zona, y así decidió, junto a su hermano Santiago Bugallo (quien ya no forma parte de la sociedad), crear Cara Sur.
Actualmente son cuatro amigos y socios quienes llevan adelante el trabajo: Pancho Bugallo, Nuria Añó Gargiulo, Sebastián Zuccardi y Marcela Manini. Para ellos, este lugar es un laboratorio natural donde la vendimia representa una oportunidad de aprender nuevas formas de elaborar vino. Por eso, la filosofía de Cara Sur se centra en entender el lugar y dejar que los vinos sean un reflejo de su entorno. Esto implica atender cada momento crítico de los viñedos, tomar decisiones precisas sobre la cosecha y mantener un trabajo constante en la finca, con la labor de ser productor más que viticultor.

El nombre del proyecto nace de una experiencia difícil que vivieron los hermanos Bugallo en 2006, mientras escalaban la pared (o cara sur) del Mercedario, una de las montañas más altas de San Juan. Durante la travesía, una tormenta los sorprendió y los obligó a pasar cuatro días en condiciones extremas. Aquella vivencia los marcó profundamente, y fue inevitable que el proyecto llevara ese nombre.
El proyecto se nutre de dos fincas. La primera es Finca Maggio, ubicada en Paraje Hilario, donde crecen viejas viñas de criollas (muchas de más de 70 años) que Pancho y su equipo recuperaron; y la otra, en Barreal, donde está ubicada la bodega con viñedos más jóvenes. Los viñedos de Cara Sur se encuentran en altitudes que oscilan entre los 1.200 y los 1.700 metros sobre el nivel del mar, lo que permite un equilibrio entre madurez y acidez natural. Las uvas se seleccionan a mano y se manejan con técnicas que respetan su integridad, evitando intervenciones innecesarias. Son parras que se adaptaron al clima seco y a los suelos pobres, y que hoy son el corazón del proyecto.
“Trabajamos con uvas criollas porque son parte de nuestra identidad (explica Pancho). Durante mucho tiempo fueron vistas como uvas menores, pero cuando las entendés, te das cuenta de que tienen mucho para decir. Son resistentes, sinceras, frescas. Representan la historia del vino en esta región de Cuyo.” Cara Sur busca mostrar que en las criollas hay un potencial enorme, capaz de combinar rusticidad y delicadeza. Son vinos que no buscan deslumbrar, sino ser recordados.
El trabajo en bodega es mínimo. Las fermentaciones se hacen con levaduras nativas, sin correcciones ni agregados innecesarios. Se utilizan recipientes neutros (cemento, ánforas, toneles viejos) que permiten que la fruta se exprese sin distracciones. Cada vino es una conversación entre la tierra, el clima y las manos que lo acompañan.

El equipo también trabaja en sintonía con los productores de la zona, impulsando un intercambio que fortalece la identidad de Barreal, utilizando sus productos en las experiencias con los turistas que visitan la bodega.
“La montaña te pone en tu lugar. Lo que hacemos es escucharla y tratar de entender qué quiere decirnos cada año”, cuenta Pancho, sentado en el cordón de los canteros de su bodega, bajo la quietud de la montaña.
Fotos gentileza: Isaías Miciu