mayo 18, 2026

Mendoza - Argentina

Temperatura en Mendoza:

Mínima 1ºC | Máxima 14ºC

mayo 18, 2026

Mendoza - Argentina

Temperatura

Mínima 1ºC | Máxima 14ºC

¿Es correcto lo políticamente correcto?

Los tipos de corchos y botellas son algunas de las variables que influyen en los vinos y por ende en la opinión final del consumidor.

El vino es un ámbito ideal para intercambiar pareceres e ideas, porque básicamente se trata de sensaciones. Y si bien la calidad, con práctica, se puede mensurar, son tantas las variables que influyen en los vinos, que la opinión final de cada consumidor está formada por muchas variables. Y es muy difícil hacer coincidir la consideración de todas esas variables de uno con las de los demás, por más que se trate del mismo vino. Pero esa “infinidad” del vino es lo que lo hace fascinante. Por un lado, la diversidad que ofrece, que se potencia por las variedades, los orígenes y la interpretación de esos orígenes por parte de los hacedores. Pero también, por la evolución durante la estiba. Y todo eso termina confirmando solo una parte de la película; el vino. Porque después está el entorno, el estado de ánimo, la compañía, la comida y las copas, la temperatura de servicio, etc. Esto explica que sea casi imposible ponerse de acuerdo en vinos. Por lo tanto, lo políticamente correcto en vinos quizás tampoco funcione. Por ejemplo, los corchos. El corcho natural fue indiscutido durante más de dos siglos. Hasta que las noticias empezaron a circular más rápido, y todos (sobre todo los productores) se enteraron que el 5% del vino embotellado era devuelto por problemas de TCA (tricloroanisol). Un defecto (mal) atribuido al corcho, por ser el “guardián” de la botella y el primero en anunciar el problema. Es cierto que, así como el TCA podía estar en la bodega (pisos y paredes sucias, vasijas descuidadas de madera y hasta vinos a granel mal conservados), también podía venir en el corcho. Un producto tan noble como el vino, que nace de la corteza de un árbol (Alcornoque) y en el Viejo Mundo; principalmente en España y Portugal. Eso derivó en el auge de los tapones sintéticos primero y alternativos luego, con las tapas a rosca como estrellas. Pero con el auge de la sostenibilidad, comenzaron a surgir los tapones naturales a base de celulosa de caña, por ejemplo. Pero el corcho también es natural, y los productores demostraron que también era sustentable. Eso sí, por más controles que incorporaban a sus procesos de producción, el TCA seguía siendo un problema. Y así surgió el “tapón técnico”, más conocido como DIAM. Que también está elaborado a base de corcho natural, pero es un aglomerado que, gracias a su tecnología de producción, garantiza que en el 99,9% de los casos “no” posee TCA.

Pero algo que suena tan obvio como que dos más dos es cuatro, no termina de convencer. Porque lo más lógico sería que el tapón técnico reemplace al tradicional, el corcho natural de una pieza, sencillamente porque evita el gran problema. Y, además, la materia prima es la misma. Pero…; siempre hay un pero; el aspecto es diferente. No solo porque esa trama granulosa es menos delicada (a la vista), sino porque además su forma y estructura más compacta casi no permite volver a encorchar el vino. Y, al parecer, tampoco permite al vino “respirar” durante la estiba. Y, por ende, no evolucionar de la misma manera. Habrá que esperar a que pasen algunos años y tener más vinos con cierto tiempo en botella para ver si esto termina siendo mejor o no para el vino.

Otro caso vínico en el cual no queda claro si lo políticamente correcto es correcto, es en las botellas livianas. Porque si bien es cierto que se utiliza menos vidrio en aquellas botellas de 750cc que pesan menos de 700 gramos, que en las de 1,5kg o más y de la misma capacidad, siguen siendo muchas las “heavy bottles” utilizadas, sobre todo en los vinos de alta gama. Y esto responde a una sencilla razón, el marketing del packaging. Primero porque son más grandes y luego porque pesan más, y eso es un mensaje que, junto con la etiqueta, se quiere dar desde afuera de la botella, con el gran objetivo de diferenciarse. Claro que las expectativas creadas luego del descorche hay que cumplirlas, y mejor que sea con creces para que el vino sea exitoso. Pero nadie es quien para exigirle al otro a que utilice botellas más livianas para cuidar el medio ambiente. Porque genera mucha más huella de carbono (indicador ambiental que mide la cantidad total de gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto), un pallet de vino en botella liviana enviada en avión, que todo un camión de botellas de vino “pesadas” que viaja de Mendoza a Brasil, por ejemplo. En otras palabras, el impacto en el cambio climático de una botella de vino más pesada es ínfimo, simplemente por el volumen de esas botellas comercializadas en el mundo. Y, en todo caso es el consumidor el que debe premiar (o no) con su compra.

Soy de los que piensa que un clásico es aquel producto (en este caso) que trasciende generaciones, y las modas que puedan surgir con ellas. Y es ese clasicismo del vino el que encierra tradiciones que hoy pueden parecer “políticamente incorrectas”, pero que en el fondo son más correctas que las políticamente correctas.