La UNESCO declaró a la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por sus paisajes únicos. Mientras que su reconocimiento como Indicación Geográfica, por el Instituto Nacional de Vitivinicultura, sostiene que los vinos que se producen allí tienen características únicas. Fernando Dupont fue quién llevó a cabo los trámites para dicho nombramiento. Fijando en la resolución 39/2015 como límites: en el extremo sur desde la Localidad de Purmamarca (departamento Tumbaya). Y en el extremo norte hasta la Localidad de Humahuaca; al este y oeste delimitado por la altura de los terrenos aledaños del Río Grande (no superior a los 400metros sobre el nivel del mar) desde el nivel del río, ensanchándose desde la localidad de Huacalera (departamento de Tilcara).
Para profundizar más sobre Humahuaca, dialogamos con el enólogo mendocino Lucas Niven. El winemaker produce vinos en la zona hace varios años. “Si bien la IG tiene 10 años, en la Quebrada se producen vinos desde hace mucho tiempo. De uvas criollas principalmente. Eso está muy relacionado con los pueblos originarios, con influencia del Imperio Inca (que llegó hasta allí). Y posteriormente fueron los Jesuitas. El lugar tiene una historia en viticultura. Nosotros nos pusimos a estudiar más con las variedades francesas, que con lo que estaba plantado (que eran todas variedades criollas). Esto sirvió para probar que se puede hacer vitivinicultura en un lugar tan extremo”.

Los viñedos se encuentran a alturas que van desde los 2.000 hasta los 3.300 msnm. Esto los ubica entre los viñedos más altos del mundo, superando a muchas zonas de Salta. Las variedades principales en tintas son: Criollas, Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah y hasta Pinot Noir. Mientras que en blancas se encuentran: Torrontés, Sauvignon Blanc, Chardonnay y algo de Albariño.
“Tenemos Criollas muy antiguas. Hay Criollas Chica, Huevo de Gallo, Canela, Quebranta, Ferra, algo de Cereza y algo de Criolla Grande. Pero principalmente vas a encontrar muchas criollas muy antiguas, con sistemas de pérgola que se estaquean con palos para tratar de sostenerlas en ladera de montaña o en las casas”, explica Niven, uno de los enólogos que más saben de uva Criolla.
Respecto de los suelos nos explica: “Hay suelos pedregosos con mucha piedra laja y rocas. Algunos lugares tienen suelos un poco más arenosos y generalmente se planta donde pasa la acequia”. Y aclara: “A estas plantas no se le realiza ninguna labor. No se podan, no se les agrega fertilizante, no se les agregan insecticidas ni fungicida. Solo se cosechan para vender en fresco y algunos para hacer vinos”.

En cuanto a las características organolépticas que aporta la zona a los vinos, Lucas comenta: “Hay mucha hierba en todos estos lugares de manera natural. Encontramos suico, manzanilla, algo de jarilla. Todo eso se siente en los vinos. Hay una acidez natural altísima y pieles más gruesas por la intensidad lumínica alta. Además, la zona cuenta con una amplitud térmica muy elevada. Esto produce que las enzimas polifenólicas trabajen mucho. Hay una gran concentración aromática, de color y también vamos a tener desarrollo de pirazinas. Vinos con mucha sensación a ruda, espárragos y grano de arveja en las variedades blancas. Y en las tintas vamos a tener aromas especiados, mucho morrón, pimienta blanca, pimienta de Jamaica. Todo esto sumado a la muy buena acidez. Pueden ser vinos bien verticales dependiendo de cuando los coseches”.
Cuenta Niven que el puntapié inicial de la IG fue la formación de un grupo de productores de la quebrada generado por Fernando Dupont el cual está integrado por: Viñas del Perchel, Viña Uquía, Amanecer Andino, Yacoraite, El Bayeh, Cielo Arriba y Finca Huasi entre otros.
“Para mí la Quebrada de Humahuaca es un lugar especial. Tiene el terroir de manera innata. Tiene la gente, la comida y el paisaje (todo eso genera un terroir). Ahora además tiene más desarrollo vitivinícola. Todo eso es el contexto de la palabra terroir, y la quebrada lo tiene de manera excelente”, finalizó Lucas.