Antes de la llegada de la vid, los pueblos originarios de los Valles Calchaquíes (diaguitas–calchaquíes) ya tenían una agricultura desarrollada (maíz, algarrobo, ají). Incluso sistemas de riego por acequias y conocimiento del clima de altura, por eso la vitivinicultura no empezó “de cero”, sino sobre una cultura agrícola preexistente adaptada al desierto de altura. Con la llegada de los españoles, la vid fue introducida por órdenes religiosas (vino para misa) y los primeros viñedos fueron establecidos en zonas cercanas a Cafayate y alrededores. Las variedades plantadas eran las denominadas “criollas”, antecesoras de la Torrontés.
En el siglo XIX, los viñedos se expandieron en manos de familias locales siguiendo una lógica más productiva (sin perder lo regional y comenzando a perfilar al Torrontés como identidad). Como ya sabemos que la figura de Sarmiento fue quien impulsó la modernización agrícola en el país, lo cual indirectamente también favoreció el desarrollo vitivinícola en los valles calchaquíes. Pero al mismo tiempo, el aislamiento geográfico extremo sin ferrocarriles eficientes y la lejanía de los grandes centros de consumo hizo que Cafayate quedé fuera del boom vitivinícola nacional que sí capitalizó Mendoza.
Este “retraso”, provocó que a mediados del siglo XX hubiera pocas bodegas en la zona. La mayoría eran de perfil familiar y con una producción estable, pero sin crecimiento. Todo esto con la bodega Etchart como estandarte (es la más antigua de la región, fue fundada en 1850). A fines de los 80’ y principios de los 90’ se produce un redescubrimiento de la zona. Esto, gracias a estudios del INV, inversión en tecnología, el creciente interés por terroirs diferenciados y la llegada del reconocido winemaker Michel Rolland (convocado por el visionario Arnaldo Etchart). En ese momento se comenzó a hablar de la altura extrema, como ventaja cualitativa en los vinos.

Desde los años 2000 hasta hoy, Cafayate se posicionó como región icónica de los Valles Calchaquíes. Se produjo la llegada de nuevos proyectos vitivinícolas, se instaló el concepto de “vinos de altura” y aumentó el enoturismo. Además de Etchart, bodegas como El Esteco, Colomé (con viñedos de los más altos del mundo), Tacuil y El Porvenir de Cafayate colaboraron en este proceso de crecimiento de la zona.
CARACTERÍSTICAS
Sus viñedos van desde los 1500 a los 3000 metros sobre el nivel del mar. Esto produce mayor radiación UV sobre las uvas. Por ende, desarrollan pieles más gruesas, una alta concentración fenólica e intensidad aromática. Su clima desértico (con pocas lluvias y más de 300 días de sol al año) y una gran amplitud térmica generan una excelente maduración de la fruta. Las uvas contienen muy buena acidez y una sanidad excepcional. Respecto a los suelos, son pobres, arenosos de origen aluvional y con un buen drenaje natural. Todo esto genera un vigor bajo, mayor concentración y una identidad muy representativa de la zona.

PRINCIPALES VARIEDADES
Torrontés es la variedad más emblemática de Cafayate, con su perfil típico a flores, fruta blanca e intensidad aromática muy alta. Además, hay otras blancas como: Sauvignon Blanc, Chardonnay y Criollas. En tintas destacan: Malbec, Tannat, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Syrah. Todas de color intenso, madurez alta, buena acidez natural, taninos redondos y una potencia en boca muy identitaria.
Además de las bodegas nombradas, dentro de la IG, se encuentran proyectos como: Bodega Lavaque, Agustín Lanús Wines, Bodega Dal Borgo, Domingo Hermanos, Finca Las Nubes, Nanni, Vasija Secreta, Domingo Molina, Piatelli, Estancia Los Cardones, Bodega Tierra Colorada y Yacochuya entre otras.