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¿Importar o no importar; esa es la cuestión?

La vitivinicultura depende mucha de la naturaleza, eso implicó que la cosecha 2023 fuese magra en términos cuantitativos. Es más, la actual (2024) si bien creció, también está muy por debajo de la media.

Durante los últimos días se armó un revuelo en la industria por una importación de vinos a granel a manos de Peñaflor, el grupo de bodegas más grande de Argentina. Con más de 10 bodegas en el país y socio mayoritario de la distribuidora de vinos WX Brands, con sede en California, es de imaginar la cantidad de vinos que producen. Desde el afamado Termidor hasta el Iscay, son cientos de etiquetas que se sirven en la mesa de los argentinos, muchas de ellas desde hace más de cincuenta años. Además, el grupo es líder en ventas al mundo de Malbec y genera exportaciones por u$s180 millones anuales. Esto significa que tienen grandes necesidades de producción, todos los años. Como las demás grandes bodegas, se abastecen de viñedos propios, ubicados en diferentes regiones vitivinícolas, y también de otros productores de uvas, dependiendo el vino a elaborar. Por otra parte, se sabe que la vitivinicultura depende mucha de la naturaleza, eso implicó que la cosecha 2023 fuese magra en términos cuantitativos. Es más, la actual (2024) si bien creció, también está muy por debajo de la media. Esta merma en la cantidad de uvas, derivó en una menor producción de vinos, afectando principalmente a los productos más básicos del portfolio. Esto obligó a la empresa a importar desde Chile, 5 millones de litros, que irán a parar a un vino masivo que se produce en San Juan. Y es justamente en dicha provincia dónde se armó la polémica, aludiendo que la decisión perjudica a pequeños y medianos productores, y más, porque haberse dado antes del término de la vendimia, momento en el cual se están fijando los precios.

En realidad, la empresa decidió aprovechar que el gobierno de Javier Milei fomentó apertura de fronteras, y está facilitando mecanismos para importar, además de haber eliminado las retenciones al sector. Y no es más que una alternativa para satisfacer las demandas del mercado. Esto que en los libros de marketing es básico, parece ser incomprensible para muchos, que en lugar de ver la parte llena de la copa, eligen (de acuerdo a las conveniencias coyunturales) ver la parte vacía. Porque si bien es cierto que pueden haber quedado productores sin vender vinos producidos con uvas del 2023, nadie está obligado a comprárselos. Es más, así como las grandes bodegas deben esforzarse por mejorar la calidad y el servicio para sostener sus posiciones y buscar crecer, también lo deben hacer todos los protagonistas de la cadena de producción. Porque si bien Peñaflor hoy decidió comprar vinos en Chile (5 millones de litros) para cubrir un faltante en una línea que vende 100 millones de litros al año, es la misma gran bodega que tributa en San Juan como ninguna otra. Porque Finca Las Moras, perteneciente al grupo, es la que más exporta de todas. Es decir que para el gobierno de San Juan es mucho más importante lo que genera Peñaflor año tras año que lo que le ha dejado de generar por esta compra coyuntural. Lejos está de ser una amenaza para la producción provincial y nacional, porque a ninguna bodega Argentina le conviene envasar vinos de otros orígenes en vinos con más valor agregado. Porque se sabe que, en los segmentos más bajos, el consumidor espera un vino correcto y que le permita seguir disfrutando de su costumbre, ya sea porque lo consume solo, con hielo, soda o jugo. Y, a medida que se sube en la escala cualitativa, es lógico que la calidad se incremente y el origen de las uvas adquiera relevancia.

Obviamente como país no hemos salido aún de la grieta, instalada en muchos ámbitos más allá de la política. Por eso están los que creen (y seguirán creyendo) que se trató de una maniobra para hacer caer los valores que una alternativa para hacerle frente a una falta de vino para sus líneas de envasado.

Claro que al consultarles si están de acuerdo con la apertura de la economía todos responden afirmativamente, ya que todos quieren exportar. Pero evidentemente a nadie le gusta perder. O, mejor dicho, tener que esmerarse para no perder. Algunos dicen estar de acuerdo con la apertura de las importaciones de vino fraccionado, pero no de vino a granel porque sostienen que es un problema para nuestra industria. En todo caso, importar vino embotellado también supone competencia para todas las bodegas, pero eso es lo que pasa en los países civilizados. Por ejemplo, Estados Unidos es el cuarto productor mundial de vinos, el principal consumidor de sus propios vinos, pero además el principal comprador de vinos del mundo. Lógicamente, es el mercado de destino más importante para el vino argentino. Y allí nadie se queja, sino que se trabaja para competir de manera sana y profesional. Claro, muchos dirán que lo importante de un libre mercado es que haya mercado, y así todos tengan su oportunidad. Es cierto, el problema no está en el vino, por más que el sector está en crisis luego que las exportaciones cayeran un 27% y el consumo interno disminuyera cerca del 10%. Porque la calidad y diversidad están, solo es cuestión de tiempo para que se acomoden las cosas. Pero también de esfuerzo, dedicación y comprensión.