mayo 23, 2024

Mendoza - Argentina

Temperatura en Mendoza:

Mínima 4ºC | Máxima 8ºC

mayo 23, 2024

Mendoza - Argentina

Temperatura

Mínima 4ºC | Máxima 8ºC

Juan Pablo Michelini: “El vino es un estilo de vida”

Destacado y joven winemaker de Argentina. Pertenece a una familia que fue parte de la revolución del vino de nuestro país de los últimos 20 años y está al frente de los proyectos Zorzal Wines y Altar Uco.

Juan Pablo Michelini (40) es una de las figuras destacadas de la escena actual de la vitivinicultura de nuestro país. A pesar de su corta edad, ha realizado un largo recorrido profesional elaborando y comprendiendo la cultura del vino que tanto aprecia. Todo esto se ha transformado en su forma de vida. En esta entrevista exclusiva con The Wine Time nos abre su casa para hablar sobre la manera en que disfruta de su actualidad, mirando y repasando los hitos que lo fueron marcando humana y profesionalmente en el pasado.  

-¿Qué vino primero, la música o el vino?

-En mi cabeza adolescente no había mucho vínculo con el vino, pero con el paso del tiempo me di cuenta de que si tuvo mucho que ver. La vida es una línea que vas hilvanando y eso me hizo darme cuenta que el vino estaba muy integrado en mí. Pero en ese momento de adolescencia lo primordial era la música. Yo empecé a tocar la guitarra con un muy amigo de mi niñez. Él me enseñó a los 14 años. Estábamos en un grupo muy lindo de la Iglesia, que son mis amigos de la vida actualmente y ahí aprendí. Tocábamos canciones de la Iglesia. En paralelo los dos éramos fanáticos de Soda Stereo y empezamos a tocar los temas. Nos compramos una mezcladora para tocar en restaurantes. Él cantaba muy bien y tenía un timbre de voz muy parecido al de Ceratti. Al poco tiempo conocimos a un baterista, que trajo a un bajista y se armó la banda. Se llamaba “Estereotipos”.

-La música pasó a ser tu medio de vida…

-No, no ganábamos un mango (risas). Lo que ganábamos se reinvertía en equipos. Llegó un momento en que empezamos a tener el reconocimiento de la gente. En esa época tocábamos mucho en un bar de calle Colón y Perú que se llamaba Migaja’s. Fuimos banda soporte del grupo “Sombras”, de Daniel Agostini, en el boliche Scanner.  Llegamos y no había nadie, sólo un amigo nuestro que nos seguía a todos lados y Agostini que estaba a 20 metros, de espaldas, tomando un whisky (risas nuevamente).   

-¿Y el estudio?

-Yo soy el más chico de seis hermanos y un día vino mi viejo y me preguntó que iba a estudiar. Yo le dije que lo mío era la música y luego de una charla larga y muy linda, me convenció de que no estudiara música. A él le encantaba que tocara, pero me veía en otra profesión. Ahí fue donde decidí estudiar Enología. La tecnicatura era dos años y el Mati (NDR: su hermano Matías Michelini) me dijo que siguiera eso y que viera si me gustaba. Empecé la carrera y me encantó desde el día uno.

-Tu hermano Matías ya estaba en las grandes ligas además…

-Matías estaba hace rato trabajando firme. Yo lo venía siguiendo. A mí me gustaba mucho acompañarlo. Disfrutaba de ir a las bodegas y sentir el olor. Había hecho mi primer vino en cuarto año de la secundaria, en Murialdo. Mati me dio uva de Doña Paula, donde él trabajaba en ese momento, y gané un concurso.

-¿Siempre estuvo el vino en la mesa en tu casa?

-Siempre. Además, mi abuelo paterno tenía una viña en Maipú, como productor. Yo no conocí esa parte, pero claramente de ahí viene toda la génesis y el vínculo de la familia con el vino.

-¿A cúal de tus hermanos mirabas más cuando eras chico?

-Al Gera (NDR: Gerardo Michelini, su hermano), era el más grande. De alguna forma fue como un segundo papá para nosotros. Él me metió en la música. Me regaló, para un cumpleaños, mi primer CD, que era “La Mosca y la Sopa” de Los Redonditos. Matías era mi compinche, era más cercano de edad. Sin dudas el que más me entendía. Y me pegué mucho a él cuando empecé a estudiar Enología.

-¿Cuál fue tu primer trabajo en el vino?

-Entré a trabajar a Doña Paula, como operario. Matías en esa época ya había salido en una revista de Brasil como “El Rey del Sauvignon Blanc”. Él le dio un gran impulso a los blancos de Argentina con ese famoso Sauvignon Blanc de Doña Paula en el año 2001.

-¿Cómo siguió el trabajo en Doña Paula?

-En 2001 y 2002 como operario. En 2003 ya era asistente de mi hermano Matías y ese año a él le salió la posibilidad de irse de Doña Paula a Sophenia. Fue el pase del año de la Enología. Y al dueño de Doña Paula y al asesor, no se les ocurrió mejor idea que que yo quedara al frente de todo. En el lugar de Matías. Pero estaban locos, yo a esa altura no sabía nada. Era muy chico para tanta responsabilidad. La verdad, es que se aprende a hacer vino…haciendo vino. Yo no tenía experiencia para tanto. La Vendimia 2004 fue una de las peores de toda mi vida. Muchos stress. De hecho, cuando terminé decidí irme a España a visitar a mi hermano Gerardo. Había tomado la decisión de no trabajar más en Enología. Me fui a buscar trabajo a Mallorca, de lo que fuera. En el medio de eso me llama mi hermano Matías desde Pomerol. Estaba en Chateau Le Bon Pasteur, una bodega de Michel Roland. Tenía que volverse a Argentina y estaba su lugar vacante ahí. Era una súper oportunidad de conocer Francia. Me fui a Pomerol y el vino me atrapó de nuevo. Ahí conocí a José Luis Mounier y Pancho Lavaque, que me ofrecieron trabajo en Salta.

-¿Te volviste a Salta?

 -Volví a Mendoza y lo llamé a Pancho Lavaque y me ofreció trabajo como segundo enólogo de José Luis Mounier en Cafayate, en Finca El Recreo. Una gran causalidad de la vida. Los caminos de Dios digo yo. Ahí estaba, retomando la Enología. Cuando estábamos por empezar la cosecha me avisaron que tenía que irme a Catamarca, porque había renunciado el enólogo de la bodega que ellos operaban allá. Así que allá fui tuvimos una gran Vendimia. Después volví a Cafayate, pero al poco tiempo me di cuenta que ese no era mi lugar y decidí volverme a Mendoza.

-¿Qué edad tenías?

-23 años. Me tomé el micro y me vine a Mendoza. Cuando llegué a la Terminal de Mendoza me llama Alejandro Pepa de El Esteco y me pide que me vuelva a Salta que tenía trabajo para mí. Me fui hasta mi casa, saludé a mis viejos y al rato volví a la terminal para regresar a Salta a trabajar en El Esteco (risas). Y al tiempo de eso conocí, en Mendoza, a mi esposa. Nos vimos y nos enamoramos. Hice vendimia en El Esteco y me di cuenta que no quería estar sin ella. Vine y le propuse casamiento. Estábamos de novios hacía cuatro meses. En el medio de eso apareció un trabajo de segundo enólogo en Jean Bousquet y me vine a Mendoza. Me mudé a Tupungato y al tiempo de haber empezado con el trabajo “Juan” Bousquet me dijo que lo disculpara pero que había tenido unos problemas y que no íbamos a poder continuar.

-Difícil…

-Sí, pero le di la mano a Bousquet y seguí adelante. Al poco tiempo encontré trabajo con José Millán, teníamos que armar lo que era la Cooperativa de Luján. La hicimos de nuevo. Fue un gran trabajo.  

-Después llega Zorzal…

Gerardo estaba en España y la Argentina se iba recuperando. Matías lo llamó y le dijo que era el momento de las oportunidades. Vendió todo en España y compraron tierras para hacer algo juntos. La idea era buscar un inversor para que construya la bodega. El plan era con Gerardo de administrativo, Matías de asesor y yo como enólogo.

-Y resultó muy bien…

-Al principio fue difícil. Gera se iba a Buenos Aires en micro, se ponía un traje en Retiro y salía a vender el proyecto. Fue tocando muchas puertas, hasta que un día conoció a un canadiense que se enamoró del proyecto. Para mi haber sido convocado para Zorzal Wines, para trabajar con mis hermanos, fue el regalo más grande de la vida.

-¿Qué había en el Zorzal de hoy en ese momento?

-Nada, era campo. De hecho, cuando fueron a ver el lugar con socio de Canadá había 40 cm de nieve.

-Claramente sin Zorzal no serías el Juampi Michelini que sos hoy…

– Hay hitos en la vida que te marcan. Este fue un gran hito profesional. Pero también hubo algo muy vinculado a la espiritualidad, y en esto mucho tiene que ver mi esposa, de comprender de que había llegado mi momento. Que era yo en ese proyecto. Fue un click.

Juampi Michelini viviendo el vino.

El otro día escuché a tu sobrina Paula Michelini decir que hoy su papá Matías es la evolución de la revolución que causó antes de 2010. ¿Sentís eso mismo?

 -Sí, totalmente. Hoy hay un lindo enfoque en el perfeccionamiento y la precisión. Hay equipos para eso. Hoy eso está pasando mucho en Argentina. El péndulo está llegando al centro. Hemos encontrado un muy lindo lugar, en cuanto a vinos de clase mundial. Son vinos que no son exuberantes y tampoco están cargados de madera. Tampoco son verdes, ni ácidos. Y haber hecho vinos de este último estilo que menciono, para nosotros fue una forma de conocer el lugar. Lo importante es que todos queremos hacer un vino memorable. Y eso lleva mucho tiempo de conocer y caminar el lugar donde estás trabajando. Pero siempre la idea y el objetivo fue hacer vinos que mostraran el lugar. El vino es cultura y la cultura se hace viviendo. Soñábamos con hacer un vino que la gente pruebe y diga que eso es Tupungato. Gualtallary no existía, era Tupungato solamente. Nos fuimos a vivir allá para entender la filosofía del pueblo y poder hacer vinos con identidad de lugar.

-Una idea mucho más profunda que una profesión…

-El vino para nosotros es un estilo de vida. Es lo que hacemos. Vivimos el vino.

-El vino también te hizo encontrarle un lugar a la música…

-Hay lugares o situaciones en que lo disfruto mucho. El vino y la música están entrelazados para mí. Yo soy guitarristas de fogón y eso va mucho con el vino (risas).  También hay música en forma permanente en la bodega, en Zorzal. Ese es todo un sello para nosotros.

-¿El proyecto Altar Uco es hoy tu complemento profesional?

-Tanto Altar Uco como Zorzal representan toda mi vida. Son como la música y el vino, están totalmente integrados. Todo eso soy yo. Altar surgió por la necesidad de hacer un tipo de vinos, algo distinto. Ni mejor, ni peor. Simplemente otra forma de hacerlo.

-¿A qué Juan Pablo Michelini ves hoy después de este camino tan extenso?

-Veo a un gran hijo de Dios, muy querido por Dios.

Juan Pablo Michelini caminando por su Zorzal.

PING PONG

Un restaurante: Don Julio

Comida favorita: Carne

Un vino: Marqués de Murriet “YGAY” 1981

Signo del zodíaco: Sagitario

Hincha de: River

Programa favorito de TV: Grey’s Anatomy y Vikingos

Una marca de ropa: No tengo una favorita

¿Quién era tu ídolo cuándo eras chico?: He Man   

¿Cuántos seguidores tenés en Instagram?:18.000  

¿Un destino de vacaciones?: El mar