Con más de 25 años haciendo vinos, el enólogo Karim Mussi se ha posicionado como uno de los más importantes y reconocidos winemakers de la industria vitivinícola argentina. Partiendo con la marca Altocedro en el año 1999, fue uno de los primeros en valorizar la zona de La Consulta (plasmándola en las etiquetas de sus vinos “nacidos y criados in situ”). Luego, en 2011 apareció Abras en Cafayate (Salta). Este proyecto cuenta con vides de más de 50 años. En 2012 creó bodega Alandes, donde tiene una libertad absoluta de elegir los mejores viñedos a lo largo de la cordillera de los Andes. Finalmente, en 2018 nace Finca Qaramy (que significa “poesía” en quechua). Aquí los vinos provienen de un único viñedo en Los Arboles, en el Valle de Uco.
¿Cómo te ves hoy, como profesional del mundo del vino?
Me siento muy conforme. Son mezclas, como el tema de los Rolling Stones, son “Mixed Emotions”. Por un lado, después de 27 años, creo haber logrado un montón de cosas. Más de las que soñé, inclusive. Y no por falta de ambición, sino por la suerte de haber encontrado cosas que estaban fuera del master plan laboral, del master plan de vida. Fueron apareciendo y me he enriquecido también con la generosidad de haber compartido el sueño de otros, que ha sido muy lindo. Y al mismo tiempo, eso te da la necesidad de seguir aprendiendo. O sea, si hoy me jubilara, el resto de mi vida lo dedicaría solamente a viajar y a conocer bodegas. Lo podría hacer tranquilamente. Me gustaría ser un turista del vino el resto de mi vida. No trabajar más de esto, o trabajar muy poquito. Me encantaría ser un turista del vino y hacerlo una profesión.
¿Hiciste vendimias en otros países?
Trabajé una vez en California, y también en una bodega chiquita en España, que fue algo no tan programado. Había falta de tiempo. Pero he visitado muchas bodegas en situación de vendimia, por diferentes razones, algunas comerciales y otras técnicas. La verdad que siempre enriquece. Hasta ver el depósito de herramientas de otra bodega te ayuda a sacar ideas.
Hacés vinos en Mendoza, en el Norte y en la Patagonia. ¿Hiciste vinos en otros países o te gustaría hacerlos?
Me encantaría. Lo que pasa es que hay una cuestión de estacionalidad y de tiempo, pero me encantaría. Hay lugares que me parecen desafiantes. Me gustaría hacer una vinificación en La Borgoña. Después, hay otros lugares de vinos riquísimos que no me interesaría tanto elaborar vino, porque no veo algo diferente o raro. Pero me encantaría ir a lugares donde pueda ser un estudiante de enología y aprender cosas nuevas. Y otros lugares donde no hay tan buena enología, pero un potencial, porque es uno de los lugares que creo que ojalá en algún momento tenga el valor que se merece, como Perú. Se puede hacer vino en Perú, en Bolivia. En Alto Perú va a haber vinos de calidad, eso parece otro desafío buenísimo. ¡Ojalá!. De hecho, estamos trabajando en un vino en Paso Roble (California). Es como romper la “californication enológica”, que sería encontrar una forma más auténtica de elaborar vino. Eso también está bueno. Romper el statu quo de otros lugares.

¿Es verdad que está cambiando el perfil del consumidor norteamericano como pasó en muchas partes del mundo?
No, creo que hay una gran confusión estética. Pero que detrás de todo eso subyace un problema económico. La gente todavía no se da cuenta que dentro de esta tormenta perfecta, hay múltiples problemas. Entre ellos que la gente decidió no tomar alcohol en su vida. Esto sin saber que el vino no es una bebida alcohólica que produce los mismos efectos que algún destilado, sino que es un alimento con alcohol de altísima calidad y baja concentración. En Estados Unidos, el tema es económico, la gente tiene menos plata para comprar vino. Perdió capacidad de ahorro. Ahora hay que esperar, en este contexto convulsionado, que la gente empiece a tener más tiempo y plata.
Estas presentando tu espacio privado acá en Buenos Aires, La Edina, contame de que se trata.
Hace ya ocho meses que estamos, pero no lo hemos inaugurado al público todavía (solo hemos hecho eventos para prensa y profesionales del mundo del vino). Estamos esperando la primavera, porque tiene una terraza muy bonita. Fue una invitación muy linda que nos hizo la gente de “La Edina”, (así se llama el espacio, ubicado en Armenia al 1400, entre Cabrera y Gorriti). Acá tenemos un pequeño rinconcito. Un mini showroom de nuestros vinos para recibir gente y hacer diferentes tipos de eventos y degustaciones. Es decir, la idea es que siga siendo nuestro espacio para organizar catas y degustaciones con clientes, ampliable al sum y a la terraza que tiene. Y además tenemos ganas de que también haya un wine bar con nuestros vinos disponibles acá en Buenos Aires.

Hablemos de Finca Qaramy, tu último proyecto de vinos, y que hace poco cambiaste el estilo de todas las etiquetas
Qaramy es el hijo más chico, el hijo rebelde y hermoso de nuestro portfolio. Tenemos una característica principal, ser 100% single vineyard. Qaramy está en una finca muy bonita. Desde el 2012 venimos trabajando ahí y conociéndola. Terminó cumpliendo con las características de una gran viña clasificada, o sea, un territorio único en el medio del corazón de Los Árboles. Nos dimos cuenta de que, frente a la homogeneidad inicial fuimos haciendo un laburo para romper esa homogeneidad y terminar con el concepto actual de vino parcelario. Fuimos de lo más general a lo particular. De una gran viña clasificada a vinos parcelarios. Son siete etiquetas, de los cuales seis ya están establecidas. Pero hay un desclasificado que es el Qaramy Latido. Llos otros seis son selecciones simples, mono cuartel, dobles, triples y cuádruples. Empezó con una viticultura de precisión, con herramientas más vitícolas y terminó con un desenlace más enológico.
¿Pensás que este proyecto pueda derivar en una bodega propia de Qaramy?
¡Ojalá!. A nivel potencial de vinos, esa uva debería ser un Estate, digamos, que nazca y muera en el lugar. Aunque entre como uva y salga como botella. Sería hermoso.