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La honestidad del vino

No puedo entender cómo muchos ponen al vino a la misma altura de las demás bebidas alcohólicas, sin que esto tenga que ver con los gustos personales. El vino es la bebida más importante creada por el hombre, por historia, por diversidad y por cómo se encuentra arraigada en la mayoría de las culturas...

Trabajo para aprender y aprendo para ser lo más objetivo posible, entendiendo que la apreciación de los vinos se hace con los sentidos, y que son personales. Pero la experiencia ayuda a tomar distancia y ser lo más claro posible, en pos de ayudar al consumidor a elegir mejor su vino para cada ocasión. Pero cuando la discusión es entre el vino y otras bebidas, me sale el yo subjetivo, aunque trato de controlarlo. Por un lado, no puedo entender cómo muchos ponen al vino a la misma altura de las demás bebidas alcohólicas, sin que esto tenga que ver con los gustos personales. El vino es la bebida más importante creada por el hombre, por historia, por diversidad y por cómo se encuentra arraigada en la mayoría de las culturas. Claro que me gustan otras, Negroni, whisky, vodka, gin, etc. Como persona clásica (y de Tauro) no me gustan los cambios, por eso siempre tomo lo mismo cuando no tomo vino; Negroni. Pero el vino me permite optimizar el placer sin dejar de ser clásico. Algunos dirán que la cerveza también. Pero no tiene ni la misma diversidad de variedades ni ostentar un carácter de lugar más allá de los estilos tradicionales provenientes de distintos países.

¿Por qué el vino es más honesto? Porque nunca quiere ser otra cosa. Es cierto que, a raíz de las crisis y la caída del consumo, muchas bodegas se ven en la obligación de salirse de los carriles normales (clásicos) e innovar, pensando en captar nuevos consumidores. Muchos de los cuales, las otras categorías se jactan de conseguirlos. Sin embargo, si se mide en el largo plazo, se puede ver que “la honestidad” del vino termina prevaleciendo. Y hay varios ejemplos de ello. Cuando irrumpió el Nuevo Mundo, con sus varietales “potentes y maderizados’ muchos hablaron de la caída de los vinos del Viejo Mundo. Sin embargo, el equilibrio y la elegancia, le ganaron a la concentración. Y, los mejores vinos del Nuevo Mundo, terminaron haciéndose como se hacían los del Viejo Mundo, teniendo en cuenta el entorno y queriendo reflejar el carácter del lugar de origen; único atributo que no se puede emular. Esta es la clave, lo que diferencia al vino de cualquier otra bebida, porque ni la cerveza, ni el vermut ni los destilados pueden mostrar sus paisajes en las copas con la misma diversidad.

En la Argentina están cerrando muchas cervecerías artesanales, símbolo de la crisis coyuntural, pero también de una cultura que no pudo calar tan hondo en los jóvenes. Y, como si eso fuera poco, el mensaje cervecero de hoy está dominado por las 0%, haciendo foco en que “ahora se puede”.

Sin entrar en la polémica obvia, aclaro que me parece perfecto que haya bebidas para todos los gustos, pero si uno no quiere tomar o se quiere cuidar, simplemente no toma y listo. Ya sé que están saliendo vinos 0% y Low Calories (con menos alcohol), pero es producto de la gran cantidad de bodegas que hay en el mundo. En esencia, el vino y las marcas más consolidadas saben qué, si durante años, décadas o siglos, hicieron los vinos de la mejor manera posible; y la evolución los llevó a lograr hoy los mejores vinos argentinos de la historia; no hace falta “inventar” algo nuevo. Ese no es el camino para atraer a más consumidores. Ellos, cuando vuelvan a tener poder adquisitivo, se van a acercar a los vinos, ya sea en casa o en los restaurantes, porque sigue siendo la mejor bebida para acompañar las comidas y compartir.

Además, las etiquetas de los buenos vinos tratan de contar todo, desde el viñedo hasta la botella. Y si no está en la contraetiqueta, seguro están las fichas técnicas de cada vino en las páginas web de las bodegas. La información es tan importante como saber quién hace el vino, ya que todos saben que los vinos no se hacen solos.

Se vienen tiempos difíciles, de ajuste, en el que muchas bodegas van a quedar en el camino, lo mismo que muchos productores de uva. A priori, esto se lee como un “reacomodamiento inevitable” del mercado. Ya sea por falta de poder adquisitivo de los consumidores o por sobre oferta, es lo que está pasando y, al parecer, derivará en una “premiumización” de la oferta. Es decir, las bodegas van a poner foco en aquellos vinos con valor agregado y que tienen más margen, pensando en un nivel de consumo inferior, pero seguros de poder competir por calidad. En todo caso, el vino que seguirá conquistando consumidores será el mismo de siempre; el producto fermentado total o parcialmente del mosto (jugo de uva). Ya lleva más de 8000 años acompañando al hombre, de la manera más honesta posible para una bebida.  Por eso, sigo eligiendo tomar vino.