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La importancia del puntaje de los vinos

Es cierto que el mejor vino es el que más le gusta a cada uno, pero habiendo hoy tantas etiquetas a mano para elegir, una guía viene muy bien, sobre todo para ayudar a dar con la botella ideal para cada ocasión, y en función al presupuesto disponible.

Hay muchos tipos de recomendaciones vínicas. Para algunos, el consejo de un amigo conocedor ya es suficiente. Otros, confían en su vinotequero de barrio. Y están los que buscan en internet opiniones que avalen su selección. En todos los casos, el puntaje existe para brindar claridad y un poco más de certezas, dentro de un mundo subjetivo. Porque si la nota de cata viene acompañada con una calificación, el panorama se clarifica, ya que todos entienden cómo funciona una escala; donde comienza y donde termina. Mientras las frases, pueden ser ambiguas, más allá de la puntería poética del autor. Lo interesante para el consumidor más interesado, es identificarse con una escala, teniendo presente que no se trata de coincidir sino de usarla como guía para orientar en la compra. Hay que saber que, en varios casos, el gusto personal del degustador queda de lado. Y si bien muchos piensan que eso es imposible; en un mundo tan subjetivo como el sensorial; se supone que un profesional degusta vinos a diario, y que cuando se expresa es para el consumidor y no para sí mismo. Esto quiere decir que una opinión formada puede determinar bien cómo es un vino, independientemente de las preferencias personales del catador. Porque con la práctica, la calidad se puede cuantificar. La clave para comprender los puntajes es saber que se parte de la mitad de la escala. Y que es mucho más difícil lograr sumar un punto por sobre los 95, que en los 80, ya que eso tiene que ver con las pequeñas sutilezas que convierten a los grandes vinos en exponentes únicos y excelentes.

Por otra parte, se sabe que una de las formas más antiguas y efectivas de promover un vino a nivel global es mediante la participación del mismo en un concurso. Es decir, las bodegas envían vinos para que un jurado de catadores deguste a ciegas y les otorgue una calificación que pueda derivar en alguna medalla. Con el devenir de los años y la evolución de las comunicaciones, algunos catadores comenzaron a publicar sus calificaciones y notas, entendiendo que constituía una información valiosa para todo aquel consumidor que precisara ayuda con su compra. Y no se equivocaron, porque si bien los tiempos han cambiado, las medallas y los puntajes siguen siendo los grandes aliados de las etiquetas. Siempre lo más importante es el vino. Pero el tema es que el líquido contenido en la botella es sólo una parte de la película, y quizás la más indescifrable. Porque sin entrar en la polémica de la relación calidad-precio que todos pueden juzgar, para apreciar las sutilezas de un gran vino, más allá del placer de beberlo, hay que experimentar mucho y, sobre todo, querer pensar en cada trago para poder transmitirlo de la mejor manera.

Y si la información es clave para hacer conocido un vino, las medallas y los puntajes adquieren relevancia. Para las bodegas significan una “gran excusa” para contar una novedad. Para los que venden vino también, porque suma al momento de la sugerencia. Además, allana el camino a la hora de seleccionar qué vinos vender en sus establecimientos. Es decir que, a igualdad de condiciones (origen, terruño, tipo y precio), una medalla de oro o un buen puntaje, puede marcar la diferencia. Pero todo esto se hace por y para el consumidor final.

Y si bien los viticultores y hacedores locales más destacados no están en la búsqueda del vino perfecto, sino más bien del mejor vino posible en un lugar determinado, los puntajes siguen siendo importantes para ellos. No solo por su impacto en el mercado, sino que para ellos puede significar muchas cosas. Desde un llamado de atención hasta un gran espaldarazo de confianza en un trabajo que puede llevar toda una vida. Así lo vive Alejandro Vigil, el máximo referente enológico de la Argentina y que, por segunda vez en su carrera, ha obtenido dos vinos con 100 puntos. Se trató de El Enemigo Malbec Valle de Uco Gualtallary As Bravas 2018 y el Gran Enemigo Single Vineyard Cabernet Franc Gualtallary 2023. Mismo hacedor, mismo viñedo, pero diferentes uvas y cosechas. Es evidente que James Suckling, en este caso, entiende que Alejandro ha llegado a donde quería; encontrar el mejor lugar para elaborar un vino con una variedad determinada. Y, sin dudas, para el consumidor este es un mensaje muy claro. Porque más allá de las polémicas (lógicas) que hay detrás de cada personaje que imparte “justicia” con sus puntajes, hay gente que lo avala. Y es por algo. Nadie puede negar el impacto del trabajo de este periodista americano con base en Hong Kong y que se dedica a degustar y calificar vinos argentinos desde hace una década. Pero no se trata de hablar de la persona sino de su mensaje. Haber otorgado 100 puntos a estos dos vinos, significa que, para él, el enólogo hay alcanzado su máximo nivel. Y claro que lo podrá repetir, y hasta mejorar. Pero la escala termina ahí.

Por eso, cuando estos grandes puntajes sacuden el mercado, no importa de quién vengan, tampoco si es 95, 96, 97, 98, 99 o 100. Lo más importante es que el mensaje queda claro; se trata de súper vinos.