Es curioso que, en un país relativamente joven e integrado en su gran mayoría por descendientes de inmigrantes, se prejuzgue tanto al otro, sobre todo al que es distinto.
Y mucho de eso pasa con el vino en los supermercados chinos. En principio hay que destacar que este tipo de comercios de cercanía crecieron por dos motivos. En primer lugar, por la cultura de trabajo y sacrificio de sus propietarios. Y en segunda instancia, por la coyuntura económica del país que siempre es apremiante, y obliga a todos a optimizar sus recursos, buscando el mejor precio para los productos de consumo diario. Y si bien el vino puede no formar parte de la canasta básica, es el “pequeño” lujo que todos se pueden dar, al menos una vez a la semana, debido a la diversidad de propuestas que ofrece en todos los segmentos de precio.
Y acá comienzan las polémicas y los teléfonos descompuestos que siembran versiones en el mercado que nada tienen que ver con la realidad. Los “chinos” no son ni falsificadores ni ladrones, aunque seguramente en su comunidad habrá personas malvivientes, como las tenemos todos. Pero en esos comercios no se venden vinos falsificados o robados. Y si eso sucede, es porque engañaron al dueño.
Lo que explica el precio diferencial (solo me estoy refiriendo al vino) en los supermercados chinos tiene que ver con una política comercial y que es la base del “supermercadismo”. En primer lugar, ellos saben que lo primero que deben lograr es una clientela. Y, como no son empresas que hacen publicidad, sus clientes deben ser de cercanía. Como existe una barrera cultural evidente entre “ellos y nosotros”, los chinos optaron por lo más básico y, en definitiva, lo más importante; brindar surtido de productos de necesidad de alta rotación y al mejor precio. De esa forma, y en una sociedad siempre azotada por las crisis económicas, saben que, más temprano que tarde, se hacen de la clientela necesaria para sostener su negocio. ¿Y qué quieren ellos? Vivir y dejar vivir. Por eso remarcan con poco margen sus vinos.
¿De dónde los sacan? Es la pregunta que muchos se hacen. Y la respuesta es muy simple; del mismo lugar de donde sacan todos los comercios los vinos. Porque todos los vinos son producidos en las bodegas. Algunas de ellas llegan de manera directa al mercado, sean grandes, medianas o pequeñas. Sin embargo, la mayoría llega a través de distribuidores mayoristas. Sea como sea, entre todos abastecen el retail; hipermercados, supermercados, “chinos”, almacenes y vinotecas, en el “off trade” (botella cerrada). Y restaurantes, wine bars, bares, hoteles, etc., en el “on trade” (botella abierta). Es decir que las bodegas tienen diversas formas de llegar al consumidor final. Directamente desde su tienda on line o desde la misma bodega. O indirectamente. Y los supermercados chinos son solo uno de los receptores de estos vinos. Es cierto que, de los más importantes, debido al volumen que mueven en todo el país. Y por qué el vino allí es más económico. Porque en general, de las listas de precio sugerido de las bodegas, el descuento que ofrecen al retail es del 50%. Esto implica un margen del 100% para el retail, lo cual dista de ser eso lo que ganan. Pero en materia de margen directo es el 100%. Es decir que un vino que al vinotequero le cuesta $10.000, lo va a vender a $20.000. Y quizás en esta época haga alguna promoción que incluya algún descuento, quizás llevando otra botella o pagando con alguna modalidad específica. Los “chinos”, en la misma circunstancia van a remarcar con el 20 o 30%, como mucho. Esto quiere decir que el mismo vino de $20.000 puede terminar costando $13.000 en un super chino. ¿Cómo hacen? Se preguntan muchos. Algunos atribuyen eso a que no pagan los impuestos; una obligación de todo contribuyente. Lo cierto es que ellos no reciben otra forma de pago que no sea en efectivo. Porque su cuenta es simple. Compran lo más barato posible, productos que se vendan bien, y venden lo más barato posible, para quedarse con una pequeña diferencia que les permita vivir dignamente y crecer consistentemente.
Los demás comercios no pueden operar de la misma manera (solo aceptando efectivo) porque sus ventas se desplomarían. Además, justifican parte del precio final de sus vinos con los impuestos y los costos de las comisiones de los medios de pago y los costos financieros bancarios. Lo cual es totalmente cierto.
Pero esta columna no es para generar polémica entre las vinotecas y “los chinos”, ya que apuntan a públicos diferentes, por más que hoy todos cuiden el mango. En el primero de los casos, se trata de consumidores que tienen algo de interés en la materia y que buscan ir aprendiendo con cada compra. Y para ello, el vinotequero es su gran aliado. Mientras que el consumidor que va a por un vino al “chino” solo busca maximizar sus recursos, gastando lo menos posible. Aunque es cierto que, en los últimos años, los “súper-chinos” cada vez reciben más visitas de consumidores que se ven atraídos no solo por el precio sino también por la diversidad de los vinos.
La intención acá es poner blanco sobre negro. Este 4 de julio, en la Ciudad de Buenos Aires, hay una celebración muy especial de la Cámara de Comercio Vitivinícola Chino – Argentina con motivo de agradecer a quienes acompañaron y apoyaron el desarrollo de dicha institución. Será una cena para 300 personas a la que asistirán el Jefe de Gobierno (Jorge Macri), personalidades destacadas de la comunidad e invitados especiales entre los cuales habrá representantes de las bodegas más importantes del país. Sin dudas, este será un paso fundamental para fortalecer la amistad, promover la cooperación y construir un futuro de prosperidad y crecimiento entre las partes. Pero, además, esto refleja el potencial que tiene esta cámara para el vino argentino, y que va más allá de la venta en sus famosos supermercados. Desde hace varios años canalizan un gran volumen de ventas, pero además cada vez abren más vinotecas y se vienen algunos wine bars. También, cada vez hay más interés sobre vinos en los restaurantes chinos. Por otra parte, muchos de los integrantes de la Cámara de Comercio Vitivinícola Chino – Argentina exportan a China, y están siempre en busca de oportunidades de negocio. Con el potencial que ello implica.
Es hora de dejar los prejuicios de lado y comprar el vino donde cada uno quiera. Y si eso significa pagar un poco más, será porque lo vale. Y así como el vino cuesta diferente en los restaurantes, de acuerdo a la calidad de su propuesta, también hay que aceptar que cuesten diferente, de acuerdo al punto de venta. Y así como se ve con buenos ojos un precio alto, que incluye descuentos de todo tipo y varias alternativas de pago, aceptar que “los chinos” solo aceptan cash a cambio de ofrecer el precio más bajo en vinos.