En el jardín de la finca que lleva su nombre, Luigi Bosca presentó la añada 2022 de Paraíso, el vino que representa el recorrido de cuatro generaciones de la familia Arizu y una historia que supera el siglo. La mansión de 1926 fue el lugar elegido para compartir un vino que resume el camino de la bodega y su filosofía de trabajo: preservar la esencia de Mendoza y elevarla a la categoría de los grandes vinos del mundo.

“Nuestro vino más importante es Paraíso. Su nombre está inspirado en esta casa que pertenece a mi familia desde 1926 y que tiene una enorme historia. Una de las propiedades más antiguas de Mendoza, de 250 hectáreas y cultivada como era antes, con olivos y vides, todo en el mismo lugar. Paraíso nació en 2019 y es nuestro ícono”, comenzó presentando Alberto Arizu (h), cuarta generación al frente del proyecto.

Paraíso 2022 está compuesto por Malbec (64%)y Cabernet Sauvignon (36%), provenientes de Gualtallary, Altamira, Los Árboles y Vistalba. Cada parcela fue elegida por su capacidad de aportar equilibrio, estructura y frescura. El lanzamiento fue también una celebración del tiempo: 125 años de trabajo ininterrumpido y una búsqueda constante por expresar la identidad mendocina desde una mirada precisa y coherente.
El director de Enología, Pablo Cúneo, explicó que cada año el proceso se repite con la misma exigencia, respetando los puntos de madurez y los tiempos de cada viñedo. “La perfección no existe, pero sí existe la búsqueda de la excelencia, y eso nunca termina”, afirmó. En su mirada, el vino es la consecuencia de una práctica sostenida, un aprendizaje que se renueva con cada vendimia.

El resultado es un blend que se define por su consistencia y proyección. Su carácter se sostiene en el trabajo de selección de uvas, la fermentación en pequeñas cubas y una crianza de entre doce y dieciséis meses en barricas y fudres de roble. Luego, el vino reposa en botella antes de salir al mercado. El equipo enológico degusta barril por barril para construir el corte final, en un proceso que combina precisión técnica y sensibilidad.
Las cuatro ediciones de Paraíso refuerzan el mismo mensaje: no se trata solo de un vino, sino de una idea de permanencia.
La presentación estuvo acompañada por un menú de cuatro tiempos preparado por el cocinero Pablo del Río y su equipo gastronómico, que acompañó cada momento respetando al vino como protagonista de la noche. En la carta que acompañó esta presentación, la bodega resume su filosofía: “Cada cosecha de Paraíso lleva el sello de la elegancia y la búsqueda incansable de la excelencia. Trasciende el tiempo, absorbe el saber de generaciones y mantiene la calidad por encima de las particularidades de cada año, siempre comprometido a alcanzar niveles de excelencia máxima. Un vino de colección, que, como los grandes vinos del mundo, solo el tiempo sabe enaltecer. Paraíso, donde la historia se transforma en futuro y el vino, en emoción”.

Fotos gentileza: Nacho Gaffuri