Es la primera generación de enólogos de su familia. Comenzó con mil botellas de vino, de su proyecto personal, a mediados de los 90’. A principios de los 2000 tuvo la oportunidad de su vida, una entrevista laboral con el reconocido flywinemaker, Michel Roland para un proyecto que estaba por nacer (Clos de los Siete). “Mi currículum para esa entrevista fue llevar una botella de unos de mis vinos. Lo que más quería era conocerlo a Michel. A los 15 días me llamó desde California para ofrecerme trabajo. Me proponía irme a Francia el 13 de agosto del 2001. La propuesta fue concreta: me preguntó si quería trabajar, si me iría a Francia y si aprendería el idioma. Le dije sí a todo”, recuerda Marcelo.
De esa manera comenzó su aventura de hacer vendimias en Francia y Argentina. El 2013 fue su año bisagra. Ese año logró lo que muchos colegas añoraban, los primeros 100 puntos Parker para un enólogo argentino. Lo particular fue que se los dieron por un vino que hacía en Francia, el Château La Violette 2010 (un Merlot 100 % que elaboraban en Pomerol, en una bodega propiedad de la de francesa Catherine-Péré Vergé).
En 2023, después de más de 20 años de trabajo, decidió dar un paso al costado en la Dirección Enológica de bodega Monteviejo y focalizarse en el relanzamiento de su proyecto personal Pelletiri-Priore.
Si bien tu proyecto personal junto a Miguel Priore data desde el 2009, ¿Qué significa para vos este relanzamiento en Argentina de los vinos Pelleriti-Priore?
Este relanzamiento es volver al origen con más claridad y más foco. En 2009, comenzamos bajo el nombre Marcelo Pelleriti Wines, con el paso de los años, el proyecto fue creciendo en experiencia, profundidad y alcance. La consolidación de una visión compartida, el aprendizaje continuo y el desarrollo del portafolio evidenciaron una evolución natural del proyecto, que comenzó a trascender su etapa inicial y a afirmar una identidad propia. En 2022, decidimos dar un paso clave: rebautizar el proyecto. En 2023 lo relanzamos como PELLERITI PRIORE. Este cambio reflejó la evolución de una sociedad fundada desde sus inicios por ambos hacia una nueva identidad propia, construida sobre una filosofía común, un equipo consolidado y una mirada de largo plazo. El nuevo nombre simboliza la unión de dos socios hacedores de vino, la institucionalización del proyecto y su vocación de legado.
Hoy Pelleriti-Priore está presente en más de 40 mercados internacionales y tiene una producción de 40.000 cajas anuales. La calidad, la consistencia y la excelencia operativa son valores centrales que sostienen el crecimiento del proyecto.

Si tenés que contar el estilo de los vinos del portfolio, ¿Cómo los definirías?
Son vinos de terroir, con precisión, pureza y elegancia. Nuestro estilo evoluciona siempre hacia el equilibrio, con mucha investigación para entender qué pasa en cada micro terroir. Ese trabajo nos da una lectura muy clara de cada parcela, y los resultados en los vinos son sorprendentes: más identidad y más profundidad en cada botella.
Organizaste muchos años el festival Wine Rock e hiciste vinos para importantes artistas ¿Qué significa la música en tu vida?
La música es sanadora. Vengo de una generación en donde la música era muy importante. Me hubiese gustado dedicarme desde más chico, pero todo no se puede…. Al final soy un músico aficionado y tengo un montón de amigos músicos que me han ayudado en este camino. Hoy soy feliz habiéndole contagiado a mi hijo esa cultura musical.
Teniendo en cuenta tu experiencia y siendo uno de los máximos referentes de la vitivinicultura en Argentina, ¿Cómo ves hoy al vino argentino?
El vino argentino tiene un nivel altísimo y un potencial enorme. Especialmente en regiones como el Valle de Uco (en Mendoza) donde los terroirs se entienden mejor que nunca. El desafío es diferenciarse y comunicar mejor el origen: es importante que el mundo entienda que Argentina hace vinos con identidad y con visión.
Hace unos años, estuvo de moda hablar mal de los vinos con barrica o de guarda y la tendencia se fue a los vinos jóvenes o de baja intervención, ¿Qué opinas al respecto?
Para Argentina es fundamental producir vinos para guardar, ya que otorga un valor agregado y contribuye a la historia e identidad de la vitivinicultura del país. En Francia, España o Italia vas a encontrar vinos del 1700 o del 1800, de la época que sea y en cualquier cava del mundo, que son como bibliotecas. Es ser conscientes que tenemos que estar en las bibliotecas del mundo, porque sino algo está fallando. Por eso me gusta mucho hacer vinos de guarda, para tener historia.

A pesar que durante la pandemia aumentó un poco el consumo per cápita, cada año sigue disminuyendo el consumo de vino en nuestro país, ¿Qué pensás al respecto?
La baja del consumo es una tendencia mundial, no solo de Argentina. Hace años venimos viendo que sobra vino en el mundo, con sobreoferta e inventarios altos. Pero soy optimista: el vino siempre fue una industria cíclica. La clave es estar preparados para las crisis, trabajar con orden y con disciplina, especialmente en costos.
En Argentina el desafío se agrava por años de economía confusa e inflación, que muchas veces empujaron a una realidad menos competitiva. Lo positivo es que estas crisis ordenan y obligan a volver a lo esencial. Y ahí es donde proyectos como los nuestros pueden aportar valor: (bodegas familiares / fincas familiares), con identidad real, coherencia y calidad.