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Mauricio Lorca lanza una línea de vinos de bajo alcohol

Con "El Mirador", innova desde el viñedo con vinos de 8,5 y 9,5 grados, orientados a ampliar mercados y hábitos de consumo.

La bodega Mauricio Lorca, con base en Mendoza, presentó la línea El Mirador, una nueva propuesta de vinos de baja graduación alcohólica (8,5 y 9,5 grados) elaborados desde el viñedo mediante técnicas agronómicas y sin procesos de desalcoholización industrial. El lanzamiento apunta a responder a un cambio creciente en los hábitos de consumo, donde la búsqueda de frescura, equilibrio y disfrute cotidiano gana protagonismo frente a los estilos tradicionales de mayor potencia alcohólica.

La iniciativa marca un movimiento relevante dentro de la vitivinicultura argentina, históricamente asociada a vinos de estructura intensa y altos niveles de alcohol. En este caso, la bodega propone un enfoque distinto: vinos naturalmente más livianos, concebidos desde la planificación del viñedo y la fecha de cosecha, con el objetivo de ofrecer productos que se adapten mejor a contextos de consumo diurno, encuentros laborales o situaciones donde el consumidor prioriza moderación sin resignar identidad ni calidad.

La línea El Mirador está compuesta por dos etiquetas. Por un lado, Ancellotta Malbec con 9,5 grados de alcohol, de perfil frutado y fresco. Por otro, Criolla Blanca con 8,5 grados, elaborada a partir de viñedos antiguos que aportan un carácter floral y liviano. Ambas propuestas se integran a la filosofía de la bodega de concebir el vino como alimento y parte de la vida cotidiana, más que como un producto ligado exclusivamente a ocasiones especiales.

Un cambio de paradigma que nace en el viñedo

A diferencia de otros desarrollos que recurren a procesos tecnológicos para reducir el alcohol una vez elaborado el vino, la estrategia de Bodega Mauricio Lorca se basa en decisiones tomadas en la etapa agrícola. La herramienta central es la cosecha temprana, que permite recolectar las uvas con menor concentración de azúcar y mayor acidez natural. Como resultado, se obtienen vinos con menor graduación alcohólica, pero con buena expresión aromática y equilibrio en boca.

Para el enólogo y fundador de la bodega, Mauricio Lorca, la graduación alcohólica no debe ser entendida como un parámetro de calidad en sí mismo, sino como una consecuencia del manejo del viñedo y del estilo buscado. En esa línea, el productor sostiene que la potencia no necesariamente equivale a calidad y que el verdadero valor está en el balance entre fruta, frescura y bebilidad.

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El enfoque también implica una diferenciación clara respecto de los productos “sin alcohol” o desalcoholizados. Desde la mirada de Lorca, esos procesos industriales rompen el vínculo natural entre la uva y el vino, mientras que la propuesta de baja graduación se mantiene dentro de los márgenes tradicionales de elaboración, respetando la identidad vitivinícola.

Viñedos históricos y trabajo territorial en el Este mendocino

Otro de los aspectos distintivos del proyecto es el trabajo territorial que la bodega viene desarrollando en la Zona Este de Mendoza, una región que durante años fue subestimada frente a zonas más reconocidas como Luján de Cuyo o el Valle de Uco. En ese territorio, el equipo de Lorca recuperó viñedos antiguos de variedades como Criolla, Moscatel y Pedro Ximénez, que hoy constituyen la base de parte de su propuesta enológica.

La apuesta por estas zonas y variedades responde a una visión que privilegia el conocimiento del lugar por sobre la reputación del origen. Para la bodega, el potencial de un viñedo no está determinado únicamente por el “nombre” de la región, sino por el trabajo humano, la interpretación del terroir y las decisiones agronómicas y enológicas. Esta mirada se refleja también en El Mirador, cuyos vinos buscan expresar identidad antes que seguir fórmulas de mercado.

El uso de viñedos históricos aporta, además, un valor cultural y patrimonial al proyecto. Cepas antiguas, manejadas con criterio técnico y respeto por su entorno, permiten obtener uvas con perfiles únicos, que contribuyen a la personalidad de los vinos y refuerzan la narrativa de autenticidad que la bodega construye en torno a su marca.

Nuevos hábitos de consumo y una demanda en transformación

El crecimiento del segmento de vinos de baja graduación alcohólica no es un fenómeno aislado. En distintos mercados del mundo, y también en Argentina, se observa un cambio progresivo en la manera de consumir bebidas alcohólicas. Las nuevas generaciones tienden a priorizar la moderación, el bienestar y la funcionalidad social del consumo, sin abandonar el interés por la calidad.

Un camino que combina innovación y tradición

La apuesta por vinos de baja graduación alcohólica no implica romper con la tradición vitivinícola, sino reinterpretarla. La cosecha temprana, el respeto por el viñedo, la búsqueda de equilibrio y la elaboración sin intervenciones extremas son prácticas que, en muchos casos, remiten a formas históricas de hacer vino, adaptadas hoy a un nuevo contexto.

Fuente: Agroempresario