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Patagonia y sus vinos: mucha historia y un gran presente

En las bodegas de la Patagonia Argentina no sólo se elaboran grandes vinos, también tienen tradición de muchos años. En esta nota acercamos una mirada menos técnica y más histórica, de las etiquetas que se producen en la región.

Cuando alguien dice la palabra Patagonia, se piensa en grandes extensiones, paisajes desérticos, grandes montañas, nieve, frío, viento. Las vides de la Patagonia, y más precisamente de Neuquén y Río Negro, sufren ese clima hostil y agresivo de la estepa patagónica. Pero a su vez, este clima otorga condiciones excepcionales para la elaboración de vinos.

De las casi 200 mil hectáreas dedicadas a la vid en la Argentina, casi el 72% están en Mendoza. Si sumamos a San Juan y La Rioja, entre las tres provincias tienen casi el 95% del total implantado. Las provincias de Neuquén y Río Negro sólo cuentan con poco más de 2780 has. implantadas (1,3% del total). Sobre todo en la región llamada “San Patricio del Chañar” en Neuquén y el “Alto Valle del Río Negro”. Nada, o casi nada tendríamos que decir. Nos guardamos el “casi” porque los vinos de la Patagonia tienen cada vez más reputación, principalmente por la mayor calidad de vinos que hoy se ofrecen. Pero sobre todo porque la región Norpatagónica tiene mucha historia en materia de vid y vinos y un gran presente.

Los inicios de la vitivinicultura en la provincia de Río Negro se remontan a principios del siglo XX. Allí se fundaron más de 50 bodegas (por ejemplo, Humberto Canale). Y muchas otras que otrora incluso eran cooperativas de productores. Con la llegada de los ingleses y el tren, en el Alto Valle la producción de uva y vinos tenía como potencial salida la exportación a los más selectos mercados internacionales. Sin embargo, un cambio en las reglas de juego (en 1934, bajo la presidencia de Agustín P. Justo, se promulgó una ley que prohibió la producción de vino en todo el país, con la excepción de la región de Cuyo) y cambios en las preferencias de los consumidores generaron una crisis en el sector. Muchos productores “arrancaron” las vides y se pasaron a la fruta (pera y manzana principalmente). Otros abandonaron toda actividad agrícola y algunos “soportaron” como pudieron. Es por ello que es muy difícil encontrar viñedos viejos, de casi 100 años como en Mendoza. Pero sí podemos encontrar hoy chacras que con vides patrimoniales.

Actualmente, en el Alto Valle de Río Negro quedan unas 20 bodegas. Muchas de ellas familiares y pequeñas, como: Humberto Canale, Familia Miras, Agrestis, Viñedos San Sebastián, Chacra, Aniello, Ribera del Cuarzo, Antigua Bodega Patagónica, Bodega Moschini, Favretto, Del Río Elorza, Infinitus, Gennari y Noemía, entre otras.

Por su parte, la provincia de Neuquén también cuenta con viñedos para la elaboración de vinos, pero estos son más nuevos (tienen entre 20 y 30 años). Hacia el norte de la ciudad de Neuquén capital (en San Patricio del Chañar) se desarrollaron distintos proyectos vitivinícolas como: Bodega del Fin del Mundo, Malma, Schroeder, Patritti y Familia Aicardi, entre otras. En los últimos 10 años se conformaron proyectos más pequeños pero de alta tecnología. Bodegas en Senillosa y Confluencia, que ya están dando que hablar a muchos críticos y conocedores. Hablamos de productores como Mabellini Wines y Fincas del Limay.

¿Y cómo son los vinos de Neuquén y Río Negro? El viento y la intensa radiación solar influyen sobre el grosor y el contenido de antocianos en la piel del fruto. A su vez, la zona no presenta restricciones de agua para regar. Esto, sumado al sol y el clima seco, contribuyen a que las uvas tengan altos niveles de azúcares y muy baja propensión a enfermedades. Como resultado, los vinos de la región Norpatagónica parten de uvas excepcionales, de altísimo color y potencial de azúcares, llevando a alto contenido de alcohol, mucho cuerpo y notas bien cargadas a fruta roja y negra, color profundo y excelente acidez. Incluso, en variedades más “livianas”, como la Pinot Noir, encontramos vinos que expresan esa agresión que el ambiente ofrece.

Esa carga tánica y cuerpo, en muchos casos, no es “amable” al paladar. Por lo tanto, algunas bodegas prefieren usar barricas para “domar” los vinos (fiel al estilo de la Borgoña o de Burdeos, casualmente en una latitud similar a la Patagonia en hemisferio norte). Es así como hoy encontramos muchos vinos en el mercado con varios meses de barrica, elegantes y con gran potencial de guarda. Ricos en aromas terciarios y de gran evolución. Pero con la emergencia en los últimos años de bodegas y proyectos más chicos (con menor potencial económico para invertir en el envejecimiento en barricas de roble) hoy también encontramos muchos vinos más robustos y potentes, con mucho más cuerpo.

Hoy tal vez no podamos definir un único patrón común en la presentación final de los vinos de la región norte de la Patagonia. Los invitamos a abrir vinos de distintos productores de esta región y sacar sus conclusiones propias. Hay muchas bodegas y proyectos que están disponibles en vinotecas y bares. Sólo hay que acercarse y preguntar.

Por: Tamara & Chino Palau (Paladar Noir)