A su paso por Argentina, con motivo de la finalización de la cosecha y la celebración de un nuevo acuerdo de distribución con Casa Pirque para Viña Cobos, The Wine Time entrevistó en exclusiva a Paul Hobbs. Hoy, tras la partida de Michel Rolland, Paul Hobbs quedó como el flying winemaker más famoso que trabaja por estas tierras, más allá de Alberto Antonini, Roby Cipresso y algún que otro consultor.
Como se sabe, Michel Rolland nos dejó y, entre sus varias frases célebres, hay una que sirve para lograr entender el verdadero potencial de la variedad emblema del país. Él decía que el Malbec era “la uva” con la cual la Argentina podía ser reconocida en el mundo del vino, y que con ninguna otra se podría sobresalir. Paul, como Michel, tiene su propia bodega en Mendoza (Viña Cobos), que nació gracias al Malbec. Porque si bien no fue la variedad lo que lo trajo a la Argentina a fines de los 80’, rápidamente se dio cuenta de su potencial. Por eso decidió invertir y, diez años más tarde, ya estaba elaborando su primer Malbec propio.
En un par de años Paul va a cumplir 40 elaborando Malbec. Actualmente, en distintas partes del Mundo, como por ejemplo en Cahors, la cuna de la variedad. A donde llegó hace poco y, en lugar de ser asesor, se convirtió en socio, porque vio que había que invertir mucho para cambiar el estilo (y la calidad de los vinos). Hoy, el 2022 de su Malbec de Cahors es asombroso, según el hacedor. Y para él, esa es la manera de convencer al mundo sobre el Malbec, porque cuando se tienen dos regiones respetadas, el alcance puede ser mucho mayor. Por eso, todo tipo de colaboración que pueda haber entre Mendoza; el nuevo hogar del Malbec; y Cahors; su cuna; será muy bienvenido por el consumidor global. Según Paul, en Cahors hoy hay una nueva generación de productores de Malbec inspirados en la Argentina, para revitalizar sus propios vinos y con resultados sorprendentes. Pero veamos cómo piensa el “americano más famoso” haciendo vinos en la Argentina.
TWT: ¿Paul, para vos el Malbec es la única variedad que puede posicionar a la Argentina en el mundo?
PH: Lo primero que hay que decir es que cada país necesita una carta de presentación y es lógico que para la Argentina sea el Malbec porque fue el país que la puso en escena global. Y en ese sentido, Michel tenía razón. Pero gracias a la diversidad de terruños, y a su vocación natural de hacer las cosas de manera artesanal sin que ello implique no ser profesional. En muy pocos países hay tantas personas con estas habilidades y estas ganas de hacer cosas bien, y eso genera ganas de diferenciarse. Por eso, creo que la Argentina también puede destacarse en el mundo con Cabernet Franc, Chardonnay o Semillon. Pero lograr reconocimiento internacional con esas uvas será muy complicado, porque se necesita masa crítica y poder de comunicación. Además, “the world loves to pigeonhole” (significa que la gente adora encasillar, etiquetar o clasificar a los demás en categorías rígidas y simples, una tendencia humana de hacer juicios rápidos sobre una persona o cosa, asignándole una etiqueta específica sin considerar todas sus facetas, reduciendo la complejidad de algo a un solo estereotipo para que sea más fácil de entender o manejar). Por ejemplo, cambiar la mentalidad o crear la imagen que Argentina puede liderar también en Cabernet Sauvignon, va a ser muy resistido por muchos, sobre todo por los competidores.
TWT: ¿Pero es por una cuestión de calidad?
PH: No, no es por una cuestión de calidad sino de percepción, te lo puedo garantizar. Pero esa pelea sería muy dura. Sin embargo, debemos seguir evolucionando a la par de los referentes, mientras buscamos con qué otra variedad de uva podemos sobresalir, para mí, ese es el próximo gran desafía de la Argentina.

TWT: ¿Y ahí vez la posibilidad con el Cabernet Franc?
PH: El tema es que el Cabernet Franc no es global, sino un vino de nicho, con todo lo bueno que eso significa. Pero no tiene el peso suficiente para que te reconozcan como un gran país productor de vinos. No obstante, juega su papel y es importante. Pero en el mercado americano (el más importante para el vino argentino) no es el rey, y siempre es el rey el que llama la atención (risas).
TWT: Entonces, ¿se puede pensar en Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Pinot Noir?
PH: En Pinot Noir es difícil, aunque estoy cambiando mi opinión en los últimos años, gracias a algunos pocos de la Patagonia. Pero el Chardonnay de Argentina es especial, y me gustaría verlo evolucionar. Porque yo llegué a la Argentina para trabajar con esa variedad a fines de los 80’, contratado por Nicolás Catena, quién ya tenía esa visión.
TWT: En pocas palabras, ¿la Argentina está más cerca de ganar reconocimiento en el mundo con sus Chardonnay o con sus Cabernet Sauvignon?
PH: Digamos que entre el Cabernet Franc y el Chardonnay, esta última tiene muchas más chances, por ser una variedad respetada a nivel global.
TWT: Me interesa hablar más del presente y del futuro del Malbec que de su pasado, pero para entender bien su evolución quiero que me cuentes ¿qué fue lo primero que pensaste sobre el Malbec al llegar a la Argentina?
PH: Me enamoré de esos viejos viñedos, y como no tenía idea ni de la variedad ni de su historia, empecé a hacerme muchas preguntas. Primero, qué podría pasar si desde el viñedo se manejaba de manera diferente y quise intentarlo. Impresionado por esos viñedos, qué pasaría si tomábamos más riesgos, generando muchos cambios, por ejemplo, con el riego. Porque el Malbec toma agua como un camello, cuando le das, se la toma toda, sino, se aguanta la sed. Entonces, mi primer pensamiento fue darle menos agua, restringirlo un poco, para obtener bayas más concentradas. Y las respuestas fueron sorprendentes, sobre todo por la flexibilidad de la variedad. Y ese fue el principio de “la esperanza”, y ahí me entusiasmé más.
TWT: ¿Y cuál era tu visión, con esta variedad, allá por 1997 cuando decidiste apostar por tu propia bodega acá?
PH: Para ese entonces, sabía que podía hacer muy buenos vinos con el Malbec, pero nada más. Entonces, decidí que debía trabajar más con el Malbec para aprender más sobre ella, entender sus características y explorar su nobleza. Que para mí significan su capacidad de guarda y los atributos que puedan reflejar un lugar específico. Y por eso empecé Viña Cobos, más para aprender y satisfacer mi curiosidad que con un propósito comercial definido. Por eso el concepto original de la bodega fue estudiar los Malbec de las zonas alrededor del Río Mendoza, como Agrelo, Las Compuertas, Vistalba, Perdriel, con foco en las viñas viejas. Y ese fue el concepto global de mi negocio.
TWT: ¿Y hoy mirando hacia atrás, después de 28 años de Viña Cobos, se cumplió tu visión?
PH: Nunca imaginé lo que está pasando hoy, estoy totalmente sorprendido. Y el Malbec fue el gran líder en cuanto a variedades en este camino, porque además nos enseñó mucho gracias a su diversidad y capacidad de adaptarse a diferentes terruños. Creo que solo hay otra variedad comparable, y es la Chardonnay. Porque ambas son capaces de atravesar distintos terruños y permiten ser manipuladas en la bodega para dar con distintos estilos, mientras que el Cabernet Sauvignon es muy limitado en este sentido. Y el otro aspecto que me tiene muy sorprendido es que pensaba que el Cabernet Sauvignon era la variedad más dura y resistente al cambio climático y sus variaciones, pero no. El Malbec es mucho más resistente, a los desafíos que plantea el cambio climático. Por ejemplo, por su capacidad de absorber mejor el agua, soporta mejor la sequía y las lluvias que el Cabernet Sauvignon. Nunca me lo imaginé, y es una gran sorpresa, sobre todo por lo que puede llegar a venir en el futuro cercano. Y es algo que muchos hacedores se están dando cuenta. Recientemente, en un panel organizado por James Suckling, él postuló al Cabernet Sauvignon como el salvador, y le dije que no, que la variedad a la cual deberían prestarle atención es a la Malbec.
TWT: ¿Cuán importante es el terruño para lograr un gran Malbec?
PH: Es esencial, por eso es la razón de Viña Cobos, aunque al principio no lo sabíamos, por eso la felicidad del hallazgo. Y si bien al principio fue el carácter de la fruta lo que más me sorprendió, hoy es la posibilidad de hacer con Malbec, vinos más austeros y elegantes, gracias a la ubicación de los viñedos y al manejo de los mismos, más allá de la vinificación y la crianza. Con la flexibilidad del Malbec, su diversidad se multiplica y eso permite elaborarla en distintos estilos, desde vinos simples o bombas de fruta, hasta vinos de capas con complejidad y potencial de guarda. Y eso es una gran ventaja porque el Cabernet Sauvignon no permite tanta diversidad.
TWT: ¿Cuál es el futuro de Viña Cobos?
PH: Estamos enfocados en ciertos productores con los cuales venimos trabajando desde hace tiempo y de los cuales hemos aprendido mucho, y también vamos a apostar mucho a nuestros viñedos propios (Agrelo, Los Árboles). Hoy tenemos procesos muy completos y controlados, también muy bien definidos que nos permiten avanzar muy selectivamente. Es cierto que en nuestros viñedos el avance lo notamos más, pero valoramos el esfuerzo de nuestros productores y el aporte de sus opiniones.

TWT: ¿Y cuándo ya tenes elegido el lugar para hacer un gran Malbec, cómo haces para que el vino no se exprese simple; es manejo del viñedo, es la vinificación?
PH: Me gusta esa pregunta, porque el Malbec tienen fortalezas y debilidades. La debilidad es que puede ser un vino muy frutado, mientras que con el Cabernet Sauvignon no se puede lograr eso. Porque mientras que con el Malbec podes lograr un vino aceptable sin muchos trabajos, al Cabernet hay que dedicarle muchos más recursos, para lograr un vino aceptable. Pero si se quieren lograr grandes Malbec, hay que trabajarlo, exigiéndole como al Cabernet Sauvignon. Y su fortaleza, es que se pueden lograr grandes vinos.
TWT: ¿Y qué pensás de su potencial de guarda?
PH: Creo que el Malbec añeja como todos deseamos y es algo que para mí está fuera de discusión. Y estoy seguro que en 20 o 30 años, aquellos que descorchen una botella de Malbec de Viña Cobos de hoy, van a quedar encantados. Y tenemos la prueba de los primeros Malbec que hicimos a fines de los noventa, y están muy bien hoy. La prueba está ahí, y estos vinos se le pueden animar de igual a igual a cualquier tinto de Burdeos o de Napa Valley.
TWT: ¿Cuáles fueron tus mejores Malbec en Viña Cobos, los primeros, los que le siguieron o los actuales?
PH: Creo que los primeros y los actuales, porque en el medio estuvimos desafiando los límites para ver hasta dónde era posible llegar, pero incluso esos vinos me gustan como están hoy. Pero no es lo que estamos haciendo en la actualidad. Buscando más austeridad y precisión en nuestros vinos, gracias a que hoy tenemos mucho más control sobre los viñedos y mucha más experiencia.
TWT: Y, por último, ¿te imaginás lo que hubiera sido de la Argentina sin el Malbec?
PH: Probablemente yo no estaría aquí. Porque cuando empecé Viña Cobos, el Malbec fue el responsable. Yo llegué con el entusiasmo de elaborar Chardonnay en un nuevo terruño, pero el Malbec fue el que captó mi atención y me enamoró, y me convenció para asentarme.