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Ping Pong con la sommelier Camila Torta

Es la Head Sommelier del multipremiado Azafrán Restó y aunque hace solo dos años vive en Mendoza, se mueve por la provincia como si hubiera nacido en esta montaña.

Camila Torta creció entre botellas y conversaciones sobre vino como quien crece entre juguetes. Su mamá, Mariana Torta, estudió somelería cuando ella era apenas una nena y, poco después, se mudaron a Europa, donde su madre se casó con un sommelier de Luxemburgo. En ese mundo convivido el vino nunca fue un misterio, sino el idioma de todos los días.

Hoy es Head Sommelier de Azafrán Restó, y aunque hace solo dos años vive en Mendoza, se mueve por la provincia como si hubiera nacido en esta montaña. Dice que no eligió la sala: la sala la eligió a ella.

1. ¿Cuándo fue la primera vez que probaste vino y cómo fue esa experiencia?
A mis 7 u 8 años me dieron a probar mi primer vino, que fue un Château d’Yquem. Es un vino dulce, uno de los más importantes del mundo, de Sauternes. Me dieron la copita “para que pruebe” y cuando se dieron vuelta me fundí en la copa. Arranqué demasiado arriba.

2. ¿Qué te motivó a mudarte a Mendoza desde Buenos Aires?
Siempre digo que esto no es solo mi trabajo: es mi vida. Crecí en este mundo, pero llegó un momento en el que sentía que repetía discursos y necesitaba vivenciarlo. Vine a Mendoza para aprender sobre el vino argentino desde su origen y vivir lo que comunico. Andrés Vignoni fue un gran motor para dar ese paso.

3. ¿Cómo describirías tu relación con el vino?
Digo que tengo vino en vez de sangre en las venas. Mi relación es tan laboral como sensible. No suelo tomar vino “para relajar”; cada copa la pienso, la pruebo, la analizo. Es una relación que me va a acompañar toda la vida.

4. ¿Qué aprendiste de vos misma trabajando en sala que no te enseñó ninguna formación?
Aprendí todo. No sé hacer otra cosa. La sala me enseñó empatía, manejo de perfiles distintos, lenguaje corporal, la importancia del tono y la forma. Me enseñó a revertir noches malas y a entender que, si me sacan de la sala, me deprimo.

5. ¿Qué descubrimiento reciente de un productor te voló la cabeza?
Soy clásica, pero dentro de los jóvenes productores, sin dudas Matías Morcos es completo. Su mirada del Este, su forma de comunicar y ahora su proyecto en Altamira me parece alucinante.

6. ¿Qué preferís: una carta de vinos corta y quirúrgica o una larga y narrativa?
Depende de en qué restaurante y contexto. Me gustan las cartas honestas y hechas con cabeza más que con bolsillo.

7. ¿Qué mito sobre el servicio del vino te gustaría enterrar para siempre?
El absolutismo. Eso de “esto se hace así”. El vino es sensible, vivo, subjetivo. Hay muchas interpretaciones válidas. Me gustaría erradicar la idea de que es una matemática.

8. ¿Una mujer del vino que te haya marcado sin necesidad de decírtelo?
Mi mamá, Mariana Torta, siempre. Y Valeria Mortara, mi ex jefa. Entre ellas dos formaron gran parte de la profesional que soy hoy.

9. ¿Qué aprendiste de tu mamá en relación a la vida y al vino?
Que el freno y el acelerador los tiene uno. Que se puede avanzar, incluso en un mundo donde no siempre es fácil ser mujer. Y que esta carrera tiene muchísimo por delante si una sigue adelante.

10. ¿Una botella que te gustaría guardar para dentro de 20 años?
Soy de una generación milenial y es muy difícil pensar en guardar un vino. Pero tengo uno que sí me dieron ganas de guardarlo hace cinco años, que es un Chacra Chardonnay 2020. Para mí ya es un desafío guardarla. Si logro llegar a los veinte, sería épico.

11. ¿Qué te gustaría que pase en la gastronomía mendocina en los próximos cinco años?
Más formación profesional y más conciencia sobre la importancia del servicio. Más educación, más humildad y más trabajo conjunto entre productores, restaurantes y líderes.

12. ¿Cuál es la parte más linda del “backstage” de Azafrán?
Las catas de vinos a ciegas sin dudas! Ahí elegimos que vinos entran a nuestro menú/carta.

13. Si pudieras agregar un vino imposible a tu carta —uno que hoy no conseguís—, ¿cuál sería?
No es un vino: es una sidra. Una sidra de hielo llamada Malus Mama, es vasca, de Iñaki Otegui. Me encanta la sidra y esta me parece una locura.

14. ¿Un vino para una cita?
Gloria Swan Garnacha, de Ver Sacrum

15. ¿Cuál es tu “vino comodín”?

A Lisa, bodega Noemia.

16. La cepa que elegís siempre es…
Sauvignon blanc y Malbec.

17. ¿Qué playlist no falla para una degustación entre amigos?
No suelo elegir yo la musica, pero hay algo especial que sucede cuando suena Mario Luis.

18. ¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido sobre el mundo del vino y casi nunca aparece?
Más que preguntas nuevas, me gustaría que dejen de pedir “respuestas absolutas”. ¿Cuál es el mejor vino? ¿Cuál es el más rico? Es personal, sensorial, íntimo. Me gustaría que la gente buscara más lo que le gusta a ella, en lugar de esperar que otro se lo diga.