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Ribera del Cuarzo en Valle Azul: la bodega creada por una condesa italiana en Río Negro que le vende al mundo

Actualmente, con sus líneas Ribera del Cuarzo Clásico, Especial y Parcela Única exporta a países como: Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Alemania y España.

Valle Azul es una pequeña localidad al norte de la provincia de Río Negro y su suelo con cuarzo, que la lluvia arrastra con otros sedimentos desde la hondura de los cañadones de piedra y lo desparrama sobre la tierra arenosa del valle, le da a los vinos que nacen allí características únicas.

“Acá hay una combinación química crucial y notablemente poco común, no sólo para Argentina sino para el mundo. Hay ceniza, potasio volcánico y alto contenido de carbonato de calcio. A medida que todo esto se erosiona con el viento y se integra al suelo, transfiere sus propiedades a las uvas”, explica Felipe Menéndez, el viticultor al frente de la bodega -llamada Ribera del Cuarzo– desde 2018.

Felipe puede haber heredado la pasión por el vino de su abuelo materno, Melchor Concha y Toro, fundador de la famosa bodega chilena, o de su mentor, Nicolás Catena Zapata, con quien trabaja desde los 19 años y gestiona otras bodegas en sociedad. Sin embargo, este parece ser su proyecto más personal, en el que se involucró junto a toda su familia y por el cual trabajó incansablemente para sacarlo adelante aún cuando estuvo a punto de naufragar.

La historia de la bodega Ribera del Cuarzo en Valle Azul: el hallazgo de una condesa italiana

Pionera en la región, fue una condesa italiana, Noemí Marone Cinzano (foto), quien hizo pie en 2001 en estas tierras por entonces vírgenes y plantó las primeras 5 hectáreas de vides. Dueña de otros viñedos en la Toscana, se cuenta que al ver la singular forma de la barda desde un helicóptero supo que en este paraje había algo especial.

Las primeras botellas salieron con las etiquetas de Noemía, la bodega que ella fundó con su entonces pareja, el enólogo danés Hans Vinding Diers. Pero cuando el matrimonio terminó, ninguno de los dos quiso continuar con este proyecto compartido.

Fue la oportunidad perfecta para Felipe. “Yo había probado los vinos de Noemí en 2008 y me habían parecido únicos. Durante los diez años siguientes, a lo largo de muchos viajes, busqué un lugar en la Patagonia para vinificar pero ninguno estaba a la altura de Valle Azul”, recuerda. Un encuentro fortuito con la condesa en Nueva York le permitió llegar a un acuerdo con ella para, finalmente, comprar la bodega.

Armó un equipo de lujo con el enólogo Ernesto “Nesti” Bajda y las primeras añadas lo emocionaron, pero pronto tuvo que afrontar un problema que no había previsto, y que le hizo pensar que su sueño, tal vez, había llegado a su fin.

“A diferencia de otros viñedos de la zona, cercanos al río, estos están en la parte más alta de la barda. Noemí había construído un sistema de riego con bombas y un acueducto que subía el agua para el riego a través de unos 5 kilómetros, lo cual tenía un costo eléctrico altísimo, inviable económicamente en el largo plazo”, explica Felipe.

Decidió explorar la región en busca de terrenos similares y salió con su hijo Santos a recorrer la zona a caballo bordeando el Río Negro, pero una tormenta de viento los llevó a refugiarse en la casa de un lugareño a la altura de Villa El Chocón, en Neuquén. Sin saberlo, habían dado con la persona que los ayudaría a salvar su viñedo.

Los pozos de agua que salvaron la viña y los vinos que conquistan el mundo

El hombre que alojó a Felipe y su hijo, descendiente de araucanos y experto en rabdomancia (búsqueda de agua sin base o método científico), les aseguró que junto a la barda la encontrarían. Con su ayuda, en los meses siguientes identificaron diversos lugares donde, al perforar el suelo, se confirmó la predicción para sorpresa de todos.

Hoy la bodega cuenta con cuatro pozos que generan (sólo con energía solar) alrededor de 200.000 litros por hora, suficientes para abastecer el riego de las vides ya plantadas y las que vendrán.

Actualmente no sólo producen vinos con uvas de pie de barda, sino también con otras de viñedos ubicados a la vera del Río Negro en localidades aledañas como Mainqué, Cervantes, Darwin y Luis Beltrán.

Con las primeras añadas de Malbec, que salieron con la etiqueta Araucana, el equipo se dio a conocer tímidamente en algunos restaurantes y vinotecas selectos del país, donde ahora las botellas se consiguen a partir de los $ 32.000. Después incursionó en el Pinot Noir, cosechado en plena pandemia, y los blends, que equilibran una cuidadosa selección y poco a poco van definiendo el perfil de vinos mucho más identificados por un terroir y un estilo que por el varietal.

Actualmente, con sus líneas Ribera del Cuarzo Clásico, Especial y Parcela Única, Menéndez se enorgullece de haber llegado al mercado internacional, porque ya exporta a veintitrés países como Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Alemania y España.

Cuenta que aún se encuentra, cada tanto, con la condesa Noemí, a quien visita en su residencia de Portugal, y le cuenta de sus progresos en este rincón del mundo. A juzgar por este presente, el legado que dejó la pionera italiana parece estar en buenas manos.

Fuente: Clarín Gourmet

Foto interior: La Nación