Acaba de concluir Wine Paris 2026, la feria de vinos que le hizo recuperar a Francia la centralidad del negocio del vino y las bebidas. En un contexto global crítico de la industria, debido a la baja del consumo de alcohol en todo el mundo, principalmente a mano de los jóvenes de la Generación Z, la feria dejó varias conclusiones.
No se puede negar que hay una tendencia creciente en la materia, como tampoco dejar de ver que el piso comparable es muy bajo. Es cierto que en esta edición los DA (vinos desalcoholizados) y los NA (no alcohólicos) tuvieron un sector especial para lucirse. Es más, había un espacio abierto de catas con más de 250 exponentes de todo el mundo para que los asistentes degustaran y, de estar interesados, contaban con un QR con información del vino y un mail de contacto.
Pero ¿cuánto es por novedad, cuánto por necesidad de las bodegas y cuánto por demanda real? Si bien son tres preguntas en una, la respuesta es la misma; quién sabe. Lo que es seguro, es que el futuro del vino no es por ahí.
En primer lugar, porque estamos hablando de una bebida muy nueva, con no más de veinte años de historia, versus una con 8.000 años. Ya con este simple análisis surgen muchos cuestionamientos. Cuánto tiempo le llevara a los NA/DA alcanzar prestigio (si es que lo pueden lograr), más allá que yo no puedo imaginar un mundo sin vino.
Todo esto surge no de una necesidad del consumidor sino de una campaña contra el consumo de alcohol. Y es ahí donde hay que tratar al vino aparte. No por tener menos alcohol que los destilados; porque tiene el doble o el triple que las cervezas; sino por su concepción. Las bebidas suelen ser industriales, mientras que ellos vinos suelen ser artesanales. Claro que las grandes bodegas debieron industrializarse para abastecer su demanda, pero está muy lejos de igualar el modelo de la cerveza en el mundo. El vino está tan atomizado que su diversidad no solo está garantizada, sino que es inigualable por ninguna otra bebida.
Por qué digo que no había necesidad de vinos sin alcohol, simplemente porque el que no quiere (o no puede) tomar, no toma y listo. Y si está prohibido por ley; como conducir y beber; tampoco. En pocas palabras, el que no gusta del vino, tampoco va a gustar del vino sin alcohol. Y al que le gusta y no puede tomar por la ocasión, se puede aguantar las ganas, o bien acceder a beber “esta nueva bebida”. Algo similar pasa con los vegetarianos y los veganos a la hora de salir a comer afuera. Los restaurantes ofrecen experiencias, cada cual en su nivel. Y están pensados para gente que disfruta comer afuera, sentarse a la mesa y elegir un plato. Ya sea por una necesidad cotidiana o por el mayor placer, de eso se trata cuando alguien se sienta en un restaurante. Lo atienden, elige lo que quiere comer y beber y, al terminar, se levanta y se va a su casa sin tener que lavar ningún plato ni acomodar nada. Por definición, los vegetarianos o veganos no disfrutan la mesa, debido a sus restricciones, ya sean obligadas o por elección. Para ellos, la mesa puede ser un lugar de encuentro con familiares y amigos, pero no de disfrute gastronómico. Y si bien no hay dudas que es más sano alimentarse así, los restaurantes de todo tipo siguen proliferando por todo el mundo.
Lo mismo pasa con este tipo de vino. Seguramente encuentre su mercado más temprano que tarde, pero no llegará a ser representativo. Como tampoco logró serlo el vino orgánico y biodinámico, por mejor trato que se haga de la tierra y el medioambiente. Y eso es porque el vino, en general, ya es muy natural, aunque siempre se puede hacer más natural. Pero lo importante del vino pasa por otro lado, por su significado. El vino es símbolo de muchas cosas, y ha acompañado la historia del hombre. Cómo hacer para reemplazar el brindis con espumoso en una celebración importante (casamiento, por ejemplo), por un vino sin alcohol. Cómo compartir un asado con amigos en los que se acostumbra a empezar con vermut (o cerveza o fernet) y a seguir con diferentes vinos para que el asador se luzca más y se gane un aplauso más fuerte, con vinos desalcoholizados. O cómo agasajar a alguien con una botella de una cosecha especial y guardada durante tanto tiempo, si estos vinos no resisten el paso del tiempo. Y ni hablar que la diversidad que puedan llegar a ofrecer, es ínfima al lado de la del vino tal como lo conocemos.
El vino es una bebida natural que está en equilibrio, siendo el alcohol uno de sus pilares, no solo para mantenerse estable sino también para poder trascender en el tiempo. Y, además, están comprobados varios beneficios saludables del vino, lo cual no significa que beberlo hace bien (¿hará bien beber vino sin alcohol?). Pero sí que es un gran antioxidante natural y que ayuda a eliminar bacterias en el organismo, más allá de colaborar con la digestión; algo que los NA y DA no pueden lograr.
El destino no le ha tendido una trampa al vino, sino le ha plateado una paradoja, porque en su mejor momento cualitativo, el consumo se desploma. Pero esto evidencia que la culpa no es del vino, que ya encontrará la mejor manera de salir de esta encrucijada y volver a ser la bebida más noble, más diversa y más disfrutada en las mesas de todo el mundo.