La gran ventaja de vivir en uno de los grandes productores de vinos del mundo, con mucha tradición en burbujas, es que apenas asoman el fin de año y las fiestas, todos quieren juntarse a brindar. Una sana y divertida costumbre para agradecer por lo que pasó y darle la bienvenida a lo que vendrá, compartiendo con los suyos, ya sean del trabajo, la facu, familiares o amigos. Y son los vinos espumosos los que dominan la escena. Claro que el Champagne es el rey de los espumosos, nacido en la región homónima de Francia hace más de tres siglos. Y fue su prestigio; el mismo que lo llevó a ser el vino más famoso del mundo; el que lo convirtió en modelo en las demás regiones. Porque todo aquel que quiera elaborar un vino con burbujas, primero mira en el espejo de Champagne. Obviamente hay excepciones, muchas de las cuales han adquirido nombre y reconocimiento propio; como el Cava español y el Prosecco italiano. No obstante, la Argentina también tiene una tradición “burbujera”. Por un lado, porque se están por cumplir cien años de la producción del primer vino elaborado por el método Champenoise, el mismo de la Champagne. Y por el otro, porque una de las casas de mayor renombre de esa zona eligió la Argentina, hace más de 60 años, para elaborar por primera vez vinos espumosos con la misma calidad, pero fuera de su región. Eso explica la gran diversidad de etiquetas que hay hoy en día y la calidad que ostenta cada segmento. Porque tanto los estilos como los tipos de espumosos (Brut, Extra Brut, Nature, etc.) ofrecen más definición en su carácter de fruta y en las texturas de las burbujas. Y eso se debe a un, cada vez, mejor manejo de la elaboración (Champenoise y Charmat) y del viñedo, ya que se parte de uvas con mayor acidez natural y tipicidad. Por eso, se puede decir que hay muy buenos espumosos para todos los gustos y todos los bolsillos.
Se sabe que en diciembre todos quieren juntarse con todos a brindar, pero más allá de las buenas intenciones, para preparar el mejor brindis en casa hay que tener en cuenta algunos aspectos. Cuando se reciben visitas siempre se quiere dar una buena impresión, aunque haya confianza con los invitados. Pero más allá de la ambientación, para que el brindis tenga éxito hay que tener distintos espumosos y en la cantidad adecuada para que no falte. Por ejemplo, una botella cada siete personas de cada tipo. Recibir con uno seco (Extra Brut), seguir con uno más voluptuoso (Brut o Brut Nature) y dejar el especial (Nature o Millésimée) para el final. Puede ser con una picada de por medio o una comida formal, pero la clave para no fallar estará en las copas y en la temperatura de servicio. Por suerte, la diversidad y la evolución del vino argentino han permitido que hoy existan en el mercado exponentes de vinos espumosos para todos los gustos y ocasiones, en todos los segmentos de calidad. Para los vinos más accesibles, confiar en las etiquetas de siempre, ya que por algo están ahí, recordando que el Extra Brut es más seco (menos dulce) que el Brut y que el Demi-Sec, y por eso los primeros son mejores para servir en la mesa, mientras que los otros son ideales para brindis de a muchos y tragos. Y en la medida que uno sube la apuesta, aparecen los Brut Nature y Nature, más allá de los “milesimados” en los que el año de cosecha figura en la etiqueta o en la contra. Se sabe que hay dos métodos muy conocidos, el Charmat y el método tradicional (Champenoise) en el que la toma de espuma se hace botella por botella. Claro que para hacer grandes volúmenes el Charmat es el elegido. Pero también para lograr vinos más frescos y apoyados en el carácter frutado. El otro se reserva para vinos más serios, en los que las variedades y su origen aporten lo suyo, más allá del tiempo sobre lías que le imprimirá al vino una complejidad adicional. Pero hay más, porque cada casa tiene su “licor de expedición”, para darle a todos sus vinos un toque diferencial; algo así como el condimento secreto del chef. Mientras los primeros poseen burbujas persistentes, en estos últimos el “perlage” es fino y consistente, respetando el equilibrio en cada trago y resaltando lo mejor de la frescura. El gusto personal y la ocasión determinarán cuál será el mejor espumoso para el brindis.