Hace muy pocos días, Mendoza fue sede; por primera vez en Sudamérica de un evento internacional de vinos muy importante. Para esta edición de Vinexpo Explorer, llegaron más de 80 compradores y periodistas especializados de todo el mundo. Entre los países representados se encontraban Alemania, Austria, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Hungría, India, Japón, Malasia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Singapur, Corea del Sur, España, Suecia, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos, Vietnam, Estados Unidos, Reino Unido y Tailandia. Todos ellos estuvieron por Mendoza durante una semana, visitando bodegas, degustando vinos y realizando encuentros con productores locales, con el objetivo de vender más, claro está. Pero también, consolidar el posicionamiento del país como gran productor de vinos. En ese sentido, las ventajas diferenciales que puede ofrecer la Argentina quedaron bien expuestas; el Malbec, la diversidad, los nuevos vinos blancos y el enoturismo, entre otros.
Para muchos de los asistentes invitados fue su primera vez en la Argentina, y realmente quedaron sorprendidos con lo que vieron. Además, tanto los compradores como los periodistas especializados que participaron, pudieron conocer en profundidad la identidad de cada terroir.
Aunque parezca mentira, fue la primera vez que Mendoza recibió simultáneamente a ochenta compradores internacionales, interesados en adquirir etiquetas de todas las gamas, rangos de precios, varietales y orígenes para los principales mercados globales. Y esto es clave, porque a la Argentina le sobran vinos de calidad, pero le faltan recursos para poder comunicarlos para conquistar nuevos mercados o consolidar los existentes. Por eso, este evento adquirió relevancia en un momento bisagra de la industria local. Nunca es tarde.
Los compradores representaban a diferentes empresas de la talla de Royal Caribbean, Air Canadá, AMI Group, Mandarin Oriental y Harrods (Reino Unido), entre muchas otras que, en total, compran para 24 mercados diferentes, por un total de 315 millones de botellas al año. Sin dudas, esta visita marcará un hito en la historia del vino argentino.
Y si bien este tipo de actividades se podría haber realizado antes, queda claro que la “Argentina es, no se hace”. Porque es un gran país productor de vinos, porque posee una gran diversidad que llama la atención y, no solo gusta, sino que también golea. No Porque seamos los mejores, sino porque hay muchas opciones en todos los rangos de precio. Y eso es lo que necesita el mercado global.
Pero, como siempre, tenemos el freno de mano puesto. Si a la industria vitivinícola se la analiza por el desempeño del último año, los resultados cuantitativos son alarmantes, debido a la caída general del consumo, que derivó en una merma significativa en las ventas, tanto en el mercado interno como en el externo. No obstante, cabe aclarar que dicha situación es similar a la de los demás países productores, y responde un poco a las nuevas tendencias y otro poco a cuestiones de índoles geopolítica y macroeconómica. Sin embargo, si el mismo análisis abarca los últimos cinco, diez o veinte años, los resultados son otros. Porque la evolución del vino argentino en el último período ha sido sorprendente, a pesar de la coyuntura. Y, si se tiene en cuenta el aspecto cualitativo, todo se vuelve más reluciente aún.
Somos Malbec, y eso es una gran ventaja. Porque si bien pasó el furor en los Estados Unidos, sigue siendo una variedad con gran potencial. Sobre todo, por su gracia frutal y taninos amables, ideal para explorar los nuevos segmentos de vinos bajos en alcohol o “zero”. Pero lo más interesante de su futuro cercano está en la alta gama. Porque ya hay “nuevos vinos de alta gama base Malbec” con diez años de guarda. Y, se sabe, la longevidad consolida el prestigio.
También somos Cabernet Franc, a pesar que solo tengamos menos de 2000 hectáreas plantadas. Porque también es una uva que se adapta muy bien y refleja con carácter propio, los lugares como lo hace el Malbec. Y, a su vez, es puede ser protagonista de vinos más bebibles, con texturas incipientes y mucha frescura en boca. Algo que los mercados actuales están pidiendo. Por suerte la propuesta vínica nacional no termina ahí, porque somos también diversidad. Y eso permite, no solo abrir el juego sino también mostrar más lugares. Y, hablando de lugares, también somos enoturismo. Y este aspecto, si se tiene en cuenta que las experiencias cada vez son más valoradas por todo tipo de consumidores, se vuelve más importante aún. Eso explica que sigan surgiendo bodegas con propuestas para los turistas en diversas zonas de la Argentina, a pesar de la coyuntura. Pero la clave del enoturismo está en la hospitalidad, y como también somos gente apasionada, se destaca más.
Quizás, durante muchos años de crecimiento de la industria, pudimos hacernos los distraídos con los mercados y las tendencias globales. Pero ya no. Desde el cambio de milenio, la mayoría de los bodegueros y productores entendió que había que cambiar para empezar a ser. Ser protagonistas en el mundo del vino, ser productores respetados, ser viticultores y hacedores admirados, ser emprendedores y ser referentes, y no hacernos que somos.