Salió el nuevo reporte anual de vinos de Tim Atkin MW (Argentina 2025 Special Report), que se puede adquirir por 20 Libras Esterlinas en el sitio web del reconocido crítico: https://timatkin.com/product/2025-argentina-special-report/ .
Colega y amigo del vino, Tim ha viajado a la Argentina regularmente desde 1992. Eso significa que ha pasado más de la mitad de su vida profesional visitando viñedos y bodegas en cada rincón del país. Ha estado en los viñedos más altos y en los más bajos; ha visitado los confines de la Argentina: Jujuy, Córdoba, Sarmiento y Chapadmalal, entre otros. Para Tim, este viaje al país es uno de los momentos más destacados de su agenda. Es que en más de treinta años hizo muchos amigos y, según cuenta, el lugar siempre le deja una huella imborrable; “lo más bonito que me ha dicho mi colega escritor de vinos, Fabricio Portelli, es que tengo “argentinidad”, comenta en su introducción. Más allá que es una relación que me honra, creo que esa es la característica diferencial de Tim, respecto a los demás degustadores internacionales que visitan la Argentina para degustar vinos y elaborar guías o informes. Porque más allá de las capacidades de cada uno, Tim es Master of Wine, una institución prestigiosa que legitima cualquier mensaje vínico. Por otra parte, Tim no trabaja para un medio, él es el medio. Y, por lo tanto, es él quien viaja a degustar los vinos, y no un “senior editor”. Que, si bien pueden ser grandes profesionales, no suelen durar tanto en su puesto (porque los rotan de regiones vitivinícolas a cubrir), y nunca llegan a entender la idiosincrasia de la vitivinicultura nacional. ¿Por qué esto es importante? Porque no solo se trata de técnicas de viticultura y vinificación sino de una cultura. Que cambió mucho en los últimos cuarenta años. Y que para entender cabalmente lo que está pasando y el potencial de lo que puede pasar, hay que saber de dónde veníamos y, sobre todo, no perderse ninguna etapa. “En mi primera visita a Buenos Aires, fui a un restaurante y pedí unas copas de vino. Tenían nombres raros: Trumpeter, Pont l’ Évêque, Aberdeen Angus, y la mayoría eran bastante anticuados. Admito que me decepcionó un poco”, admite Tim. Y tiene razón. Solo los que estamos en el día a día del vino argentino, ya sea elaborándolo, vendiéndolo, comunicándolo o consumiéndolo, podemos llegar a comprender esta gran revolución. Porque no es una, sino varias revoluciones que se dieron en muy poco tiempo. Tim sabe que el mundo que representaban aquellos vinos argentinos que él conoció en su primer viaje ha cambiado radicalmente en estas tres décadas. Y él estuvo acá, muy cerca del vino argentino, por más que viva en Londres, para seguir los pasos de esa evolución y poder entender muchas cuestiones. Por eso no duda al afirmar que “la diversidad y calidad del panorama vinícola argentino no tiene rival en ningún otro lugar, a pesar de todos sus desafíos como país”. Por eso, este flamante reporte no es uno más, sino uno que viene a confirmar todo lo que se viene dando en el país. Algunos podrán objetar algún puntaje, al tiempo que muchos otros estarán festejando. Pero no es tan importante el resultado individual de cada etiqueta como el mensaje que da este nuevo reporte. Porque no solo legitima la actualidad del vino argentino, sino que confirma el potencial que venía insinuando. Porque si bien es cierto que parte de ese “potencial” ya se ha convertido en presente, es tanto lo que sigue teniendo la Argentina vínica para mejorar y seguir avanzando, que asombra. Y la mejor manera de descubrirlo es venir, degustar, visitar, escuchar, tomar, reírse, discutir, sufrir, extrañar. También asombrarse y sorprenderse. El vino es una bebida noble que se comparte, y el productor busca embotellar placer. Por eso, los que “hablamos” de vinos tenemos un gran respeto por ellos. Que también es admiración. El vino es vino y, en definitiva, el mensaje debe ser claro. Y cada nota de cata con su puntaje, lo más precisa posible, para que sirva de herramienta de consulta al consumidor. Por eso, a la hora de degustar el vino hay que dejar de lado los sentimientos, pero no el respeto. Aunque para comprender ese factor X que tienen grandes vinos argentinos, no solo hay que saber de vitivinicultura, o de las características del terruño, o la influencia del clima, o del método de elaboración y crianza. Para apreciarlos en plenitud hay que entenderlos y, para ello, la argentinidad es una virtud invalorable.