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Una noche en Lamadrid Estate Wines

En Las Compuertas, Luján de Cuyo, una bodega de 1890, una casona entre viñedos y una cena en el living privado de Guillermo García Lamadrid. Dos días para conocer sus vinos y la historia familiar que dio origen al proyecto.

Un niño abre una puerta en medio del jardín. La escultura recibe a quienes llegan a Lamadrid Estate Wines, en Las Compuertas, Luján de Cuyo. A su lado, una inscripción explica el sentido del homenaje: “Lamadrid rinde homenaje a mi madre Matilde, la mujer que me abrió esta puerta para darme la oportunidad de vivir en libertad y desplegar mis alas para disfrutar de la magia de la vida”, escribió Guillermo García Lamadrid.

La historia empieza en Cuba, en la década del sesenta, en un contexto político difícil. Matilde decidió enviar a su hijo, de once años, a Estados Unidos por un futuro mejor. Años después, ya de adulto, Guillermo conoció a Alberto Arizu, quien le abrió las puertas de Mendoza y del mundo vitivinícola. El apellido de su madre quedó unido a la bodega que hoy tiene su casa en Las Compuertas.

La llegada es el comienzo de una estadía que propone conocer la finca desde distintos lugares. Primero, el almuerzo; después, el recorrido por la bodega, la habitación en la casona histórica, los vinos y el viñedo. La jornada termina con una cena distendida en el living privado de Guillermo y continúa a la mañana siguiente, con el desayuno y el disfrute de los jardines.

La propiedad tiene una construcción que data de 1890. Guillermo la recuperó en 2007, restauró la casona e incorporó tecnología para la elaboración de vinos. El proyecto había comenzado en 2004, con la compra de los primeros viñedos en Agrelo. Hoy, Lamadrid trabaja con uvas propias de cuatro fincas de Luján de Cuyo: Lamadrid, La Suiza, Las Compuertas y Matilde, plantada en 1929.

El almuerzo, en el restaurante de la casa Los Bocheros, es el primer encuentro con la cocina del lugar. La propuesta incluye un menú de pasos y una carta que permite pedir los mismos platos por separado. Entre las entradas hay queso de cabra, gírgolas y mollejas; para compartir, provoleta y empanadas. Los principales son costillas braseadas, malfatti o trucha con vegetales y arroz caldoso, mientras que la parte dulce incluye opciones como chocolate, crema de vainilla, helados y panqueque.

Más tarde, la visita guiada permite conocer los espacios de elaboración. Lamadrid produce vinos con uvas de sus propios viñedos y trabaja tanto con Malbec como con variedades a las que les dio protagonismo en la zona, entre ellas Bonarda y Cabernet Franc. También forma parte de la Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo, que reúne a bodegas comprometidas con el reconocimiento del Malbec de la región.

Después del recorrido llega el momento de instalarse en la casona. La casa conserva sus galerías, el living y el comedor, con ambientes que conectan el interior con el jardín. Tiene dos habitaciones, Suite Malbec y Suite Bonarda, y alojarse allí es conocer aun más de cerca a la familia y sus decisiones. Un momento para detener el tiempo y descansar del cotidiano.

La degustación permite volver sobre los vinos desde otra perspectiva. Las etiquetas, las variedades y las añadas forman parte de una búsqueda particular. Después, el paseo por el viñedo pone esas explicaciones en relación con el terroir mendocino. El recorrido permite observar el trabajo de cerca y entender un poco mejor lo que quieren contar.

Al caer la tarde, una selección de vinos y una picada se sirve en el living personal de Guillermo, un espacio reservado para la lectura, los habanos, sus vinos y la conversación. Para esa ocasión, la comida no sigue el formato de un restaurante sino que acompaña una charla que tiene al vino como punto de partida.

Angelina Yáñez, enóloga de Lamadrid, participa del encuentro. Habla de las distintas líneas, de sus añadas y de lo que busca la bodega con la elaboración de vino. No es una típica degustación, sino una que abre a preguntas, a la escucha y a conocer el proyecto desde la mirada de quien trabaja en él. El ambiente es íntimo y dinámico.

Después, la habitación está a unos pasos. Dormir dentro de la finca permite cerrar el día allí mismo y despertar en el paisaje que durante la tarde se recorrió entre viñedos. A la mañana siguiente, la luz vuelve a entrar en la casona y el jardín recupera sus colores. El desayuno da comienzo al último tramo de la estadía, sin necesidad de apurarse para llegar a otro destino. Antes del check out, todavía queda tiempo para caminar por el jardín o leer un libro bajo los sauces que rodean la bodega.

En una noche y dos días, Lamadrid reúne varias maneras de acercarse al vino: conocer la bodega, caminar entre las plantas, probar distintas etiquetas y sentarse a conversar con su enóloga. Pero también propone algo menos ligado a una actividad concreta, quedarse en la finca, compartir una mesa sencilla y ver cómo cambia el paisaje entre la tarde y la mañana.

PARA SABER

Web: www.lamadridwines.com/alojamiento

Mail: turismo@lamadridwines.com

Whatsapp: + 54 9 261 5548460