Sin dudas, uno de los maridajes globalmente reconocidos y más festejado por los paladares conocedores es el del Porto con el chocolate. Sin embargo, el marketing vínico; en su afán de crear nuevas ocasiones de consumo; ha impulsado también a los vinos tintos con cuerpo. Pero la pregunta que acá muchos se siguen haciendo es si los tintos argentinos se potencian o quedan al desnudo ante el rey cacao.
Si bien el siglo XXI dejó en claro desde su comienzo que el famoso mito del maridaje uno a uno ya forma parte del pasado, y que no es necesario sentarse a una mesa para poder disfrutar del vino, todos sabemos que en la combinación de bebida y comida se abren nuevas dimensiones de placer. Algo muy personal, pero a la vez cierto, que sólo puede ser apreciado por aquellos con intenciones de recorrer ese camino. Es por ello que, más allá del momento que vive el vino en el mundo; saliendo de lugares tradicionales e instalándose en ocasiones hasta hace muy poco impensadas; hay placeres que no pasarán de moda.
Así es que el Champagne y las ostras serán una pareja feliz eternamente, al menos para todos aquellos que gustan tanto de los bivalvos como de las burbujas. También esa combinación muy francesa que tiene como protagonistas al foie gras y al elixir dorado de Sauternes; el vino dulce de cosecha tardía más codiciado en el mundo. Por ahora menos internacional, pero no por ello con semejante potencial, están las carnes rojas asadas regadas de Malbec.
Pero otra de las parejas más famosas del mundo gastronómico es el Porto con chocolate. Un vino único, por concepción, por cultura, por región, por sabor, por textura… en fin, por todo. Pero muchos sibaritas, inclinados seguramente por su lado goloso y seducidos por el fortificado portugués por excelencia, supusieron que los tintos con cuerpo ¿por compartir su origen vínico? podrían cumplir el mismo papel.
Lo único que sirve para posicionar a un maridaje como tal; es decir aquella combinación entre vino y comida en donde ambos integrantes salen beneficiados; es ser reconocido y aceptado por una masa crítica. Porque claro está que siempre habrá alguien que personalice la excepción. Sin embargo, si la mayoría aprueba el maridaje, entonces queda instalado. Y el vino tinto con chocolate aparenta ser uno de ellos. No obstante, cuando llega el momento, nadie sale a defenderlo.
Es cierto que la Chocolaterie argentina ha evolucionado mucho en estos últimos años, y eso permite degustar sus productos con todos los sentidos, apreciando sus texturas, sus capas de sabores y las sensaciones que brindan. Pero es tanta la personalidad del cacao, sea en la forma que se presente, que no existe otro vino tinto que el fortificado para obtener el resultado más placentero. Porque en ese momento no se trata de si el vino y el chocolate en cuestión son ricos, sino de lo bien que se llevan entre sí. Y el tinto con el chocolate no se lleva bien, porque simplemente no logran potenciar sus atributos. Y menos el blanco, el rosado y el espumante.
Desde el vamos el tinto se vuelve mucho más amargo. Además, los taninos reaccionan al dulce poniéndose más firmes. Y si bien esto sirve para limpiar lengua y paladar, la textura del tinto queda totalmente distorsionada. Al igual que sus sabores y final de boca. Todo cambia, y no necesariamente para bien. Claro que se trata de una experiencia personal, y que los gustos pueden variar. Pero lo cierto es que en esta experiencia gastronómica uno más uno no resulta dos, porque la sumatoria del bocado más el trago no termina siendo más placentera (tres) que disfrutarlos por separado. Esto, lejos de significar un problema, es simplemente algo a tener en cuenta. Ya que, si toca vivir una experiencia semejante, sólo se debe disfrutar el chocolate en toda su dimensión, y esperar (agua mediante) que sus texturas y retrogustos se esfumen de la boca, para luego sí dedicarse de lleno seguir disfrutando el vino.