Están llegando a las góndolas los nuevos vinos rosados del año (2025), un privilegio exclusivo del Hemisferio Sur, ya que caen justo para recibir la primavera y la vuelta del tiempo lindo, con la firme intención de que se vendan todos antes del otoño próximo. Así es el rosé, un vino que tiene ese no sé qué, sobre todo cuando lo adopta.
El tema es que, si bien es una categoría en sí misma, los rosados también ofrecen mucha diversidad, y por eso hay que tener en cuenta ciertas cosas antes de elegir uno. Están los tradicionales rosados dulces, que se beben bien fríos y siguen teniendo su público. Sin embargo, la evolución hizo que los rosados jóvenes sean secos y fragantes, siempre alrededor de las frutas, las flores, las hierbas y las especias. Los más livianos serán los de colores menos intensos, por haber tenido menos maceración. Y si bien pueden ser blends, los Malbec Rosé coparon la parada, aunque también hay varios Syrah, Cabernet Franc y Pinot Noir.
Como pocos, tiene su momento ideal; antes que aparezcan los demás vinos. Es decir, en el inicio de la reunión, para “abrir” los paladares, porque no solo va muy bien con la picada o un sin fin de bocaditos, sino que además puede sorprender por sus fragancias. Y también, llamar la atención por fuera, ya que muchos de los nuevos exponentes vienen en botellas con diseños de perfumería. Pero no solo hay que parecer en el mundo del vino, también hay que ser. Eso explica por qué los vinos rosados de hoy están muy bien elaborados. Concebidos desde la viña, como todo buen vino, hoy se eligen las variedades que mejor se expresan con la madurez justa. Porque lo más importante en un rosado es la frescura, dada por la acidez. Pero también tiene que ser fragante, de aromas y sabores. Con gracia y equilibrio. Y, los más pretenciosos, también tienen que tener cuerpo para maridar mejor. A esos, se los deja en contacto sobre sus lías para lograr más volumen en su paso por boca. Y, por la delicadeza de sus expresiones, son los mejores compañeros de los arroces (risottos, paellas) y de pescados bien elaborados. Ya que su carácter no suele ser invasivo, sino más bien fresco y armónico, como todo buen vino que quiera lucirse en la buena mesa.
Todos ellos van bien para consumo casual y comidas informales. No obstante, hay rosados más pretenciosos y muy bien logrados, vinificados como los grandes vinos blancos. Y esos, además de sus botellas elegantes, acompañan muy bien platos elaborados, ya seas arroces o pescados.